Tregua en el frente externo

La Argentina persevera en su aislamiento. El debate se reduce a un futuro ajuste fiscal, el peso del Impuesto a las Ganancias o la eventual devaluación, con un tono de campaña electoral cada vez más definido. Desde el exterior, sin embargo, los datos económicos y financieros dan una serie de señales más significativas para entender cómo puede evolucionar la coyuntura local y gravitar en las políticas económicas de la próxima administración.

El viernes se conoció que en los EEUU se desaceleró la creación de puestos de trabajo en marzo, indicador que en la visión de los analistas podría confirmar una debilidad en el crecimiento económico. En esa línea, un razonamiento lógico avala la posibilidad de un aplazamiento del esperado incremento de tasas de interés de la Reserva Federal que, de iniciarse, sería de todos modos muy gradual.

La tasa de desempleo norteamericano continúa en un aceptable 5,5%, el nivel más bajo en seis años y medio, aunque parte de este estatus se debe a que más gente decidió retirarse del mercado laboral ante la dificultad de encontrar un puesto. No obstante, la tasa de empleo en los EEUU, es decir la proporción de estadounidenses en edad de trabajar que están empleados o buscan trabajo, se mantiene en un alto 62,7% de la población, cuando en la Argentina es apenas del 42,1 por ciento.

En todo caso, la apreciación pronunciada del dólar frente a otras divisas observada desde mediados de 2014 puede ser un limitante para la expansión económica en los EEUU, debido a que se abaratan los productos importados en detrimento de la producción norteamericana. Es prematuro anticipar que las divisas internacionales dejarán de devaluarse frente al dólar en los meses próximos, aunque precios de materias primas fundamentales para la Argentina, como la soja que exporta y la energía que importa, dieron muestras de sondear zonas de “resistencia”.

El barril de petróleo de Texas que se negocia en Nueva York y es referencia internacional marcó este año un “doble piso” de precios, en torno a los 44 dólares, el 28 de enero y el 17 de marzo, para acomodarse ligeramente debajo de los 50 dólares. Esta cotización es prácticamente la mitad que la de hace un año, pero muestra signos de estabilizarse en dicho rango. En cuanto a la soja, el “doble piso” apareció el 2 de febrero y el 17 de marzo, en torno a los u$s350 por tonelada. En las últimas dos semanas la oleaginosa rebotó hasta superar levemente los u$s360 por tonelada, una cotización 23% inferior a la de un año atrás.

Influencia de Brasil

Lo que sucede en Brasil gravita tarde o temprano en la Argentina. Y la economía brasileña creció sólo 0,1% en 2014 y se espera una contracción de 1% este año. Varios índices navegan en zona negativa este año, como la producción industrial, que cayó 4,5% en el primer bimestre del año frente al mismo período de 2014, el peor resultado desde enero del 2010. El estancamiento brasileño complicó a la actividad fabril, que ya en 2014 descendió 3,2% frente a 2013, la performance anual más baja desde 2009. La producción de acero cedió 2,2% interanual en el primer bimestre, así el consumo regresó a los niveles de 2007, según proyecciones del Instituto Acero Brasil.

En el primer trimestre de 2015, la venta de vehículos en Brasil se desplomó 17% respecto del año pasado. En ese ítem impacta el ajuste fiscal que emprendió el gobierno de Dilma Rousseff, al suspender los descuentos tributarios que concedía como estímulo al sector. Sin embargo, en marzo asomó un resultado menos desalentador, pues la caída de ventas fue tan solo de 2,5% interanual, y un 26,2% superior a la de febrero.

Un análisis similar permite la balanza comercial brasileña. En el primer trimestre acumuló un déficit de u$s5.557 millones, pero en marzo tuvo un saldo positivo de u$s458 millones, producto, seguramente, de la fuerte devaluación del real que mejoró el perfil exportador por una licuación de costos domésticos. En 2014, Brasil registró el primer déficit comercial en 14 años, con un saldo negativo de 3.930 millones de dólares.

En las últimas jornadas el real brasileño mostró una recuperación, mientras que las castigadas acciones de Petrobras avanzaron un 35% en tres semanas, desde su valor más bajo en 12 años. El real, que se llegó a negociar a 3,31 unidades por dólar, se opera ahora a 3,13. La petrolera estatal, cuya cotización bursátil sufrió por el escándalo de corrupción y decepcionantes balances, firmó un importante acuerdo de financiamiento con el Banco de Desarrollo de China que fue advertido por los traders como un voto de confianza en el futuro de la empresa más grande de América Latina.

La sustancial mejora de Petrobras llevó al índice Bovespa de San Pablo a su mayor nivel desde el 28 de noviembre. También su repunte es un aval para el progreso del índice Merval de Buenos Aires, pues la petrolera brasileña es desde abril la compañía de mayor ponderación del panel líder, con un 22,6%, por encima de las argentinas YPF (19,3%) y Grupo Galicia (11,6%).

Es decir, a falta de noticias positivas para la Argentina, bueno es que aflojen las malas. La estabilización del dólar y la persistencia de tasas deprimidas en el mundo quitan a la Argentina presiones devaluatorias y mantienen vivo el interés inversor por los títulos públicos argentinos, con elevadas rentabilidades frente a sus pares del exterior. A la vez, dejan abierta la posibilidad de acceder a crédito externo una vez que se resuelva el litigio con los holdouts.

Si los granos detienen su caída, aún con cosechas récord en Sudamérica, y el barril de petróleo no supera los 50 dólares, el flujo de divisas al país se vuelve menos acuciante, en un 2015 con importantes vencimientos de deuda en dólares. También aporta tranquilidad que Brasil, principal socio comercial de la Argentina, deje de devaluar su moneda y redoble esfuerzos por acotar su proceso recesivo.

En solo un año Argentina es 50% más cara que Brasil

El Gobierno argentino puso el “piloto automático” en materia económica para llegar en lo posible con las aguas calmas a las elecciones. El préstamo de reservas por el “swap” con el banco central de China, que suma el equivalente a u$s3.100 millones a la deuda externa, y el inicio de la liquidación de la cosecha gruesa son los dos pilares que sostienen el ingreso de divisas al país y a los que el Ministerio de Economía apuesta, a falta de señales de crecimiento en el corto plazo.

El real brasileño aparece como un factor explosivo en este panorama local de variables sujetas con alfileres. La moneda del principal socio comercial cayó a un mínimo de 12 años, a valores de abril de 2003, y la conflictividad política y económica en Brasil va en ascenso al mismo ritmo que el dólar: los inversores huyen de activos respaldados en reales, sean acciones, bonos, o de los mismos billetes, para “fugar” al dólar o activos nominados en divisa norteamericana.

Cuando el dólar en Brasil tocó el viernes a 3,31 reales (luego cedió a 3,23 reales), con una suba de 24,5% en el año y de 42% en doce meses, la presidente Dilma Rousseff debió salir a rechazar versiones sobre cambios de gabinete. Una noticia peor está en ciernes: la posible pérdida del investment grade en la principal economía de América Latina, si desde Brasilia no consiguen imponer la aprobación parlamentaria de un programa de ajuste de gasto público y alza de impuestos.

El gobierno brasileño tiene demasiados frentes domésticos para preocuparse por la coyuntura argentina y le adosa, por vía cambiaria, un problema que hasta ahora no incidía en la agenda. Con una inflación interanual por encima del 30% y un ascenso del dólar de apenas 10,7% en 12 meses, el peso argentino se “fortaleció” prácticamente un 20% respecto de la moneda norteamericana. Todo lo contrario sucedió en Brasil, que con un salto del dólar del 42% en ese período y una inflación inferior al 7% anual se hizo 35% más barato en dólares. En cuentas simples, la Argentina es hoy 50% “más cara” que Brasil, por una cuestión cambiaria.

Según un informe de la consultora Prefinex, “la merma en las exportaciones se explica por el menor dinamismo de la demanda externa en un contexto de fuerte apreciación del tipo de cambio real de Argentina”, a la vez que “la caída en las importaciones responde a una menor demanda interna sumada al impacto de las restricciones al acceso de divisas”.

Detrás de la devaluación brasileña está el velado objetivo del gobierno de Rousseff de torcer el sendero de estancamiento de cuatro años, experimentado por la economía en general y por la industria en particular, a través de una reactivación exportadora. En ese aspecto, el director para el Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, reconoció que el reciente desplome del real es un fenómeno “bienvenido”, debido a que “la inversión en Brasil ha sido muy baja y se ha venido contrayendo”, pero por otro lado “en los momentos en que ocurre abona a la incertidumbre”.

“Déjà vu” de 1999

Desde la Argentina el diagnóstico es poco favorable. Algunos analistas económicos comparan el horizonte de hoy con el observado en enero de 1999, cuando el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso permitió una devaluación del real del orden del 40 por ciento. La Argentina mantuvo la convertibilidad del peso con el dólar casi tres años más, y agudizó la recesión y sus desequilibrios estructurales hasta que se hicieron insostenibles y detonó la crisis económica de 2001-2002.

La recesión y la devaluación brasileña contraen la oferta de dólares comerciales, pues el descenso de su demanda de productos importados significa para la Argentina menos divisas, más retracción en la actividad industrial, refuerza las presiones sobre el tipo de cambio y afecta los niveles de empleo. Esta debilidad fue discutida la semana pasada en la Exposición Argentina de Economía, Finanzas e Inversiones (Expo EFI 2015). Allí, Daniel Artana, economista jefe de la fundación FIEL, planteó que la “verdadera restricción de la economía es el sector externo” y alertó que “se mire el rubro que se mire, las exportaciones caen al 20%, lo que lleva a que caiga la generación no financiera de dólares”.

El ex secretario de Finanzas Miguel Kiguel consideró que “el tipo de cambio es un tema eterno en la Argentina, mucho más sensible que en otros países, donde si bien la devaluación aparece en los diarios y afecta a los negocios, no son decisiones disruptivas. En Brasil hemos visto cómo el real pasó de 2,34 a 3,24 por dólar en un año y ningún brasileño ha sentido nerviosismo o tensión. En la Argentina es un tema traumático y tabú. Sería importantísimo que la Argentina pudiera salir de esta dólar-dependencia, pero lamentablemente en el corto plazo no va a ser. Va a haber algún ajuste, va a ser necesario después de la fuerte devaluación del real, pero creo que va a ser mucho menos traumático de lo que la gente piensa”.

El economista Diego Giacomini aportó que “el tipo de cambio no es el único problema” y que “será necesario hacer reformas fiscales, monetarias, de deuda”. La definición es tan oportuna para Argentina como para Brasil: “No es suficiente una devaluación porque si no se soluciona el problema de fondo, que es el gasto público excesivo y la presión tributaria, no hay tipo de cambio que aguante”, acotó.

Irrupción del súperdólar “rápido y furioso”

La expectativa de un alza de las tasas de referencia en los EEUU ya había impulsado a la divisa norteamericana en 2014, pero este año cobró una velocidad que sorprende a los agentes del mercado. Los analistas prevén que la Fed comenzará a aplicar este gradual ajuste entre junio y septiembre de 2015. Será una tenue reversión desde rendimientos en torno a un histórico piso de 0 por ciento, pero la repercusión sobre activos y divisas está causando un temblor de precios cuyo desenlace es una incógnita.

“¡Demasiado rápido, demasiado furioso!”, definieron los analistas de Goldman Sachs al repunte del dólar en Brasil, un movimiento sísmico que dejó expuesta a la divisa brasileña a la peor performance en el mundo en el arranque de 2015.  El dólar en Brasil trepa 23% desde enero, a 3,26 reales, su valor más alto desde abril de 2003, lo que significa que la moneda brasileña se devalúa un 18% desde que comenzó el año. El regreso del “súperdólar” afecta a la gran mayoría de las divisas. El euro, por ejemplo, tocó u$s1,05 el viernes, en niveles mínimos desde hace doce años, con una depreciación acumulada de 12,5% en el primer trimestre del año.

Así como la Reserva Federal de los EEUU fue el primer banco central que se involucró en una política monetaria laxa con tasas de interés en mínimos para reactivar la economía luego de la crisis de 2008-2009, en este momento son otras entidades las que apelan al incremento de los estímulos monetarios, como el Banco Central Europeo, que comenzó esta semana a comprar grandes cantidades de deuda pública.

Ahora los traders prevén que será la Fed la que volverá a ganar la iniciativa con la paulatina reversión de tasas ante mejores indicadores de la economía real, lo cual ya se va descontando con el concentrado apetito financiero por el billete verde. Goldman Sachs calcula que el euro cotizará a 95 centavos de dólar en un año y proyecta para fines de 2017 un valor de u$s0,80, inferior incluso que el mínimo nivel histórico del euro de u$s0,8225 en octubre de 2000.

La acelerada corrección de monedas devino, entre otros factores, de la caída en las cotizaciones de las materias primas, que la antecedió en unos seis meses. Los países devalúan, o mejor dicho sus mercados financieros lo hacen a través del precio que convalidan para los activos en la operatoria bursátil. Por supuesto que los gobiernos tienen instrumentos para intervenir, aunque muchas veces prefieren que los mercados arbitren hasta alcanzar valores de equilibrio. El ortodoxo ministro de Hacienda brasileño Joaquim Levy, graduado de la Universidad de Chicago, dejó en claro que el gobierno de Dilma Rousseff no utilizará las reservas internacionales para contener la fuerte caída del real.

En Brasil la debilidad de la moneda se exacerba por la crisis política que resquebraja la coalición gobernante y el descrédito por el escándalo de corrupción en Petrobras, que movilizó a la protesta callejera, en momentos en que el país debe abordar un ajuste fiscal luego de cuatro años de muy bajo crecimiento económico.

Argentina, aún ajena

Argentina juega al aislamiento. Las cercanía de las elecciones presidenciales refuerza la voluntad del Gobierno de congelar la actual coyuntura a cualquier costo, con controles sobre el mercado de cambios y las importaciones, factores que explican que el dólar para comercio exterior mantenga en un precio artificial de $8,785, con un ascenso de apenas 2,8% en el año, por debajo de la inflación. En un mundo que se redolariza no existe el problema de inflación en la magnitud argentina, aunque es un indicador que preocupa o, más bien, ocupa a los gobiernos.

El comercio “administrado” permite esa suerte de descalce de la economía local con el exterior. Sin embargo, los productos con los que Argentina gravita en los mercados mundiales valen menos por el ineludible giro del “viento de cola”. La soja cayó el viernes a u$s356 por tonelada, un 30% menos que doce meses atrás, y el maíz se operó a u$s147 la tonelada, un 22% menos en la comparación interanual. A la vez, por la dinámica cambiaria en los países de origen, se abaratan muchos productos que compiten con las manufacturas argentinas.

En el marco de un congreso organizado por el Banco Ciudad y la Universidad Di Tella, el presidente del BCRA Alejandro Vanoli aseguró que ante la devaluación del real la entidad “va a seguir con su política”, pues “el tipo de cambio en la Argentina es el correcto“, y expresó que lo continuará “administrando para mantener la estabilidad financiera y cumplir con el objetivo de desarrollo con equidad”. En el mismo foro, el economista Guillermo Calvo fue mucho más cauteloso, al estimar que “no son exagerados los temores” por un endurecimiento de la política monetaria de la Fed, que va a desencadenar “flujos de capitales” desde los países emergentes hacia los EEUU, como ocurrió hace 20 años con el Efecto Tequila.

“La recuperación de los EEUU podría generar una suba de tasas que en el corto plazo tendría un efecto negativo en la Argentina. Esto es una especie de Big Bang en que no sabemos para dónde van a saltar las cosas”, dijo Calvo. Consideró que “en el mediano plazo hay expectativas positivas para la Argentina”, pero advirtió que en lo inmediato ”el peor escenario es que se saque el cepo y se suban las tasas en los EEUU al mismo tiempo. Puede tener un efecto muy fuerte sobre la tasa de cambio y coordinar una fuerte salida de capitales” del país.

Confianza exacerbada: otra vez el Merval pica en punta

El mercado accionario argentino es el que demuestra la mejor performance en un mundo mezquino en cuanto a rentabilidades financieras. Mientras la economía real de la Argentina sigue sin ofrecer signos vigorosos para augurar un crecimiento en el corto plazo, las cotizaciones de los activos refuerzan la tendencia al alza, cuando los agentes financieros apuestan a que el país podrá revertir el “cepo” cambiario y su escasez de dólares presente por un ciclo de mayor dinamismo futuro, sustentado por un abundante ingreso de capitales a partir del año próximo.

Son especulaciones, que en este caso favorablemente apuntalan a los precios de las compañías argentinas cotizantes en Buenos Aires y el exterior, así como a la deuda pública y corporativa. Muestra de ello es el descenso ostensible del riesgo país argentino. El diferencial de tasa de los bonos soberanos con sus pares del Tesoro de los EEUU disminuyó al rango más bajo desde julio de 2011, en torno a los 560 puntos básicos.

El avezado analista técnico Jorge Fedio, de Clave Bursátil, fue de los primeros que registró las señales de “bull market” que los inversores globales comenzaron a atribuir a la Argentina: “Esa proyección la tenemos para el 2015/2016 y tiene que ver con las expectativas que generan los cambios que surgen sin necesidad de anuncio alguno y el recambio presidencial”.

El panel Merval de acciones líderes acumula una ganancia en pesos de 17,1% desde que comenzó el año, contra un avance del dólar de apenas 2,5% de 8,555 a 8,7625 pesos en el mercado mayorista. En 2015, el Dow Jones de Wall Street acumula un alza promedio de apenas 1%, el Bovespa brasileño cae 1,7%, el FTSE de Londres progresa 4,7%, el Ibex madrileño sube 7,5 por ciento. El DAX de Francfort asciende 17,4% en el año, pero el beneficio es inferior al del Merval, pues el euro se depreció más que el peso argentino, un 10,8% desde el cierre de 2014.

Para Fedio, “la Bolsa sube y dispara, comienza a tener ‘dinámica alcista’ y, obviamente, estampida de precios en un marzo con todo, que desde el arranque se alza con el ‘Merval 10.000’. Cuando el Merval achica no es para asustarse, en todo caso es para aprovechar que ya recupera la tendencia. Y con mercado alcista, toda baja es oportunidad de compra”.

En una comparación interanual el Merval trepa 70% en pesos, que al restarle el 11,4% que subió el dólar oficial en el período, deja una ganancia cercana al 60% en dólares en doce meses, que supera a la de mercados bursátiles de China (+57,6%), Venezuela (+53,9%) e India (+36,9%), aún sin contar la devaluación de las divisas de estos países respecto del dólar norteamericano.

“La expectativa de que la suba de tasas de la Fed será gradual y sobre todo ordenada, junto a los múltiples estímulos monetarios desde otros bancos centrales, siguen dando espacio para que el apetito por riesgo global continúe vigente”, explicó Gustavo Ber, economista del Estudio Ber. “Ello se combina con una creciente demanda por activos locales, la cual se refleja con claridad no sólo entre los bonos, sino también en las acciones, a pesar de tener que cargar todavía con la ‘mochila’ del petróleo”, agregó.

Germán Fermo, director de MacroFinance y de la Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella, indicó que “se está incubando hace rato ya y muy anticipadamente la ‘historieta’ de Argentina como una nueva perla potencial de emergentes y todavía ni activamos un ‘bull market’ de economía real argentina, cosa que quizá ocurra en 2017”. Enfatizó el potencial que ofrece la acción de YPF, el título financiero más representativo de la Argentina en el mundo, cuyo ADR en u$s26 en Nueva York luce como una oportunidad difícil de igualar en caso de un rebote del crudo. “En algún momento del 2015 tengo la sensación de que habrá que considerar seriamente armar una posición long-energía global como trade de mediano plazo”, estimó Fermo.

Quizás está en el sendero correcto: YPF aún no despegó en el breve recorrido de 2015, que comenzó en u$s26,47, mientras que otros ADR mostraron extraordinarios rendimientos en dólares: Grupo Galicia (+45,1%), Edenor (+69%), Telecom (+18,8%), Banco Macro (+28,8%), Banco Francés (35%), IRSA (+16%), Pampa Energía (+57,4%) o Transportadora Gas del Sur (+32%).

Alerta desde Brasil

Alta inflación, dólar estático y tasas reales negativas para plazos fijos vuelven tentadora a la Bolsa local. Pero es un mercado inestable y volátil, descorrelacionado de la economía real, apto para traders curtidos y de alto riesgo para ahorristas corrientes.

Jorge Compagnucci, analista de Fénix Report, advirtió que las apuestas financieras por la Argentina pueden estar impulsando a una “burbuja” en algunos papeles, pues descuentan un escenario en el que el petróleo tocó un piso y en el que no se pondera la amenaza de una eventual crisis en Brasil, que ataque en simultáneo los planos político, económico y social del país vecino. Por el peso específico del socio del Mercosur en la región, su recesión postergará a la vez una pronta recuperación argentina.

Es más importante el ciclo en el que están compenetrados la Argentina y la región, y sobre todo por la estrecha relación que existe entre Brasil y la Argentina. Si Brasil se hunde, la economía argentina se verá socavada brutalmente”, dijo Compagnucci por Desde la Bolsa en Directo. La turbulencia brasileña, junto con la caída del crudo y la devaluación del real, hundieron 23,1% el precio en dólares de la acción de Petrobras en 2015. También Tenaris (-4,4%) sufrió la depreciación del euro y la baja del petróleo.

“Hay que hacer foco en lo que está pasando en Brasil”, subraya el economista y consultor Luis Secco. “La depreciación es frenética, y después de los cacerolazos, llevó a que Fernando Henrique Cardoso y Dilma Rousseff, por separado, hablaran sobre el juicio político. Hay anunciada hasta una marcha el 15 de marzo, y los brasileños no son de salir a la calle”.

“El sistema político está colapsando por la corrupción, igual que el real, y no hay consenso de que con esta devaluación la actividad se recuperará pronto. De hecho, los pronósticos se vienen revisando para abajo y ya varios apuntan a una caída del PBI de 1% este año. Todavía la industria argentina, que complementa la brasileña, no recibió ningún ‘mazazo’ en sus previsiones de pedidos. Pero lo están esperando de un momento a otro”, alertó Luis Secco.