#ColónEnSuLugar

Un monumento representa simbólicamente la cultura de una sociedad y la historia de un país. A través de sus valores estéticos y de emplazamiento urbano, se convierte en referente de un espacio de la ciudad, dando identidad a la misma y generando sentido de pertenencia a sus ciudadanos. De esta manera, podemos afirmar que un monumento, más allá de su valor económico, contiene un alto valor cultural; en otras palabras, un monumento es patrimonio de la ciudad, es un documento de la historia, es identidad de la sociedad.

Por sugerencia de Hugo Chávez, quién tomó una medida similar en Caracas, la presidente Cristina Kirchner decidió, hace ya un año, desmontar y trasladar el monumento de Cristóbal Colón -realizado por Arnaldo Zocchi y obsequiado por la comunidad italiana con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo- que describe el hecho histórico del descubrimiento de América.

Esta iniciativa refleja un profundo desconocimiento de la historia; ya que el descubrimiento de América constituye uno de los más importantes logros científicos de la humanidad, probando empíricamente la redondez de la tierra y dando origen al desarrollo tecnológico. Asimismo, motivó el nacimiento de una nueva identidad forjada entre americanos y europeos. Ignorar estos sucesos es pretender cambiar la historia por una visión sesgada y caprichosa del poder de turno. Además de afectar a la identidad y al patrimonio histórico porteño, esta decisión, muestra un profundo desprecio por las instituciones republicanas, por la comunidad italiana –en particular-, que colaboró con nuestro país para hacerlo grande y en general –implícitamente- hacia todas las comunidades de inmigrantes.

Por otra parte, se viola la Ley Nacional 5105 del año 1907, en la cual se aceptó la donación de los residentes italianos y se determinó que el monumento estaría erigido en la plaza de su nombre en la Ciudad de Buenos Aires. Por el decreto municipal 2981/59 el monumento pasó a formar parte del patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires y se lo incluyó en el inventario de bienes patrimoniales de la Dirección de Paseos. Además, actualmente integra el Registro del Departamento de Monumentos y Obras de Arte (MOA) del Ministerio del Ambiente y Espacio Público de la CABA. De este modo, se viola la autonomía de la Ciudad. No se respetó la ley porteña 2862/2008 que establece un convenio entre el Gobierno Nacional y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el cual expresamente se determina que el Gobierno Nacional debe comunicar al gobierno porteño la realización de actos por los cuales deben cerrar el acceso al público.

En el resto del tiempo la plaza debe permanecer abierta al público. Pero, desde ese entonces, la Plaza Colón permanece cerrada al público. Por lo tanto, siendo un espacio público de la CABA, se afecta a su autonomía. En la misma norma, se establece que, en caso de controversias, las partes se someterán a la jurisdicción originaria de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Recurso que no se ha utilizado. En la actualidad, la Constitución de la CABA en su Art. 81 inc.7, establece que es la Legislatura, con el voto de la mayoría absoluta del total de sus miembros, quien tiene la potestad de disponer la ubicación de los monumentos. Norma constitucional que estaría violándose con su traslado.

Además, mediante una medida cautelar dictada el 11/12/2013, se prohibió que todo el monumento y/o sus partes sean removidos fuera de la Plaza Colón, así como el desmembramiento y desmantelamiento. A pesar de esto se continuó con las obras de remoción, atropellando una decisión judicial y despreciando a la República.

Al comienzo de esta iniciativa, el Gobierno de la Ciudad se opuso. Algunos miembros de esta fuerza política se manifestaron públicamente en contra de esta medida, entre ellos, el Vicepresidente Primero de la Legislatura Porteña, Cristian Ritondo, quien aseguró que se trató “de un intento de robo”. También, el líder del espacio, Mauricio Macri, publicó el 1 de Junio del 2013 en Twitter: “Si se quieren llevar el Monumento a Colón, me pregunto cuál será el siguiente”. Reforzando esta postura, el diputado nacional por el PRO, Jorge Triaca, el 24/07/2013 presentó en el Congreso un notable proyecto de declaración en donde declara su “profundo desagrado y rechazo ante la remoción de la estatua de Cristóbal Colón ubicada en la plaza existente al este de la Casa Rosada, solicitando al Poder Ejecutivo Nacional que sea restituida a la brevedad y desagraviada su memoria.”

Sin embargo, lamentablemente, esta posición ha cambiado por un acuerdo hecho entre ambas administraciones. En primer lugar, el Poder Ejecutivo porteño está acusado judicialmente de haber renunciado al derecho de la ciudad a recuperar la plaza Colón, cuando tenía la potestad de someterse a la jurisdicción originaria de la CSJN y no lo hizo. También, tiene responsabilidad por su inacción como tercero obligado –el monumento es patrimonio de la CABA- ante la pretensión del gobierno nacional de apropiarse y disponer del mismo a su antojo.

En consecuencia, la Presidente de la Nación anunció ante el Congreso el aval del Poder Ejecutivo porteño para remover el monumento. La cuestión se torna muy grave, pues el Jefe de Gobierno invade la esfera del Poder Legislativo de la Ciudad; ya que la Constitución de la CABA establece que es la Legislatura, con el voto de la mayoría absoluta del total de sus miembros, quien tiene la potestad de decidir la ubicación de los monumentos. Al mismo tiempo, entra en colisión con la Justicia, dado que allí se están tramitando las acciones judiciales sobre el fondo del asunto. Ningún acuerdo puede materializarse hasta que haya una sentencia firme sobre el fondo de la cuestión.

Ante esta complicidad del gobierno porteño, que colabora para cumplir no sólo caprichos presidenciales, sino también indirectamente caprichos de Hugo Chávez, padre de la dictadura que hoy tanto sufren nuestros hermanos venezolanos; no nos queda otra alternativa para frenar los ataques institucionales que llamar a la ciudadanía a participar. De este modo, desde el Frente de Renovación Ciudadana, como adherentes al Comité Italo-Argentino: Colón en su lugar, decidimos colaborar y lanzar la campaña www.colonensulugar.com para recolectar firmas y así legitimar la realización de una consulta popular, regulada en el Art. 66 de la Constitución de la CABA, con el fin de conocer la opinión de los porteños respecto de que el monumento se reconstruya y permanezca en la plaza Colón de acuerdo a la legislación vigente. Será Justicia.

El gran desafío del postkirchnerismo

“El resentimiento es la emoción del esclavo, no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud.” 

F. W. Nietszche

Uno de los grandes problemas que nos deja esta década y que tenemos el desafío de resolver como sociedad si queremos progresar es, quizá, en apariencia intangible, pero está presente diseminado en los diferentes sectores de la ciudadanía. Me refiero al resentimiento, ese estado de ánimo que surge de la interpretación de que hemos sido víctimas de una acción injusta que nos impidió obtener lo que merecíamos, negándonos determinadas posibilidades que consideramos que teníamos derecho. Y que, por supuesto, hay un responsable, que tarde o temprano pagará; en algún momento nos vengaremos por lo sucedido.

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En busca de la felicidad

En la actualidad, muchas personas están convencidas de que la política es sucia, corrupta y que su fin es la acumulación de riqueza a costa del sudor del ciudadano; argumentos les sobran para pensar eso. Sin embargo, es importante hacer una distinción entre los políticos y la política. Son dos cosas diferentes. Seguramente haya políticos corruptos, pero no podemos generalizar a todos y, mucho menos, distorsionar el loable objetivo de la actividad política.

El título de este artículo hace referencia a una película que, inspirada en las palabras de Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, recoge el derecho a la búsqueda de la felicidad y lo materializa con la vida de Christopher Paul Gardner. En el film se da un movilizante diálogo, que siempre recuerdo, en el cual Chris Gardner le dice a su hijo: “Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerloLas personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto”.

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Más allá del debate necesario

En 1921, en el seno de la revolución socialista rusa iniciada en 1917, luego de varios años de economía estatizada y planificada, de militarización laboral y de coacciones físicas, Lenin se encontró con una gran contradicción entre sus ideas abstractas y la realidad.

La economía estaba en ruinas, producto de la planificación estatal, del trabajo obligatorio y de las entregas forzadas de ganado y cereales. Para tomar conciencia, la producción de cereales disminuyó a la mitad respecto de 1913 y la producción industrial bajó un 80%. Esta situación llevó a que los trabajadores realicen matanzas suicidas del ganado en forma de protesta contra la colectivización y se manifiesten en huelgas cada vez más numerosas, en donde La Checa -policía política soviética para combatir la contrarrevolución y el sabotaje- tenía dificultades para hacer frente a ellas.

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De vivos y tontos

En una nueva sucesión de twits, como suele hacer los domingos por la tarde, la presidente utilizó la red social para manifestar que “la inflación no es un fenómeno de la naturaleza o del Gobierno” y que “solamente a un tonto o a alguno demasiado vivo se le puede ocurrir que los precios los pone o los aumenta el Gobierno”.

Ante estas afirmaciones sumamente reveladoras para la teoría económica mundial, me surgen algunos interrogantes: ¿Cómo pudieron hacer la mayoría los países de la región para crecer a altas tasas y con baja inflación? ¿Sólo en nuestro país hay empresarios demasiados vivos? ¿Cómo puede ser que al comienzo del ciclo K no generaban inflación y ahora sí? ¿La viveza criolla ha sido más fuerte que ellos y se han convertido en “inescrupulosos” que quieren ganar más? ¿No es raro que todos los mercados de bienes y servicios aumenten sus precios y la responsabilidad sea de un grupo económico?

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Las palabras y los precios

En 1945, Friedrich August von Hayek planteó por primera vez su tesis de que el sistema de precios es un desarrollo social que ha resultado de la evolución y no del diseño deliberado, y que permite detectar y transmitir la información económica que se encuentra dispersa y fragmentada entre millones de individuos.

El proceso de competencia que se desarrolla en el mercado permite que se revelen las preferencias de los consumidores y los productores compitan por satisfacerlas. Esto produce información, que es transmitida a través del sistema de precios, generando una eficiente asignación de recursos, en la cual son los consumidores quienes van guiando las decisiones de los productores.

En el sistema de precios intervendrán los efectos de la información particular y circunstancial que posee cada uno de los participantes que interactúan en el mercado, una suma de conocimientos mayor a la que pueda poseer cualquier planificador central.

El proceso dinámico de producción y transmisión de información se transforma en un sistema comunicacional, al cual denominamos mercado y que resulta ser mucho más eficiente, en la tarea de procesar información dispersa, que cualquier otro sistema creado voluntariamente por el ser humano. 

Este mecanismo de comunicación es realmente fabuloso, ya que logra economizar los conocimientos con que operan cada uno de los participantes para poder elegir la decisión más adecuada. En pocas palabras, mediante un mero símbolo, se logra comunicar sólo la información más esencial y sólo a quienes les concierne.

Un pilar esencial de la libertad de expresión son los medios, a través de los cuales esa libertad se manifiesta. Esto significa que la protección de la libertad de expresión es un derecho que no sólo comprende el contenido sino también los medios de expresión utilizados.

Así lo expresa el art. 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” También el art. 13 inc. 1º de la Convención Americana sobre Derechos Humanos reafirma: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto.”

Sin dudas, el sistema de precios es un medio comunicacional, a través del cual se produce, se recibe y se transmite información. Cada individuo que participa en el mercado, emite y recibe opiniones, quizá no conscientes del proceso de alta complejidad que se transforma con la interrelación de consumidores y productores, pero opiniones legítimas al fin y sumamente beneficiosas para la sociedad.

Por lo tanto, cuando vemos que el sistema de precios es suprimido por los poderes del gobierno, además de producir escasez, pérdida en la calidad de productos, generar mercados paralelos y destruir el cálculo económico, tengamos la firme convicción que el congelamiento de precios que está en vigencia también afecta a la libertad de expresión.

Desobediencia civil, la respuesta del pueblo al populismo (parte I)

 “Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer” Mahatma Gandhi

Se ha generado una creencia en la mayoría de los ciudadanos de que toda ley es justa porque tiene apariencia legal. Por eso, es necesario hacer una distinción entre las normas de fondo y las de forma.

Es difícil de imaginar que la norma de eliminar sistemáticamente a una etnia o a un grupo social sea formalizada sin una justificación; siempre se buscará demostrar que está sustentada por un fin superior. Ninguna disposición de Hitler o de Mussolini hizo tal  cosa, eternamente tuvieron la excusa de la paz social y el bienestar de la Nación.

Es que el derecho de fondo está siempre expresado en encantadoras palabras; sin embargo, la realidad es bien distinta. Porque el derecho encuentra su realización fáctica por medio de las normas formales, que lamentablemente muchas veces no coinciden con el contenido de las de fondo que tienen como fin regular.

¿Qué sucede, entonces, cuando una norma formal impide que la de fondo se traslade a los hechos? Ante este conflicto, tenemos el recurso de reclamar ante los tribunales. ¿Y cuándo la mayor parte de éstos obedecen al poder de turno en contraposición de los principios constitucionales, qué nos queda?

Debemos recordar quién tiene el poder real que le da sustento al poder político. Según Thoreau, gran promotor de la desobediencia civil, “el gobierno por sí mismo no es más que el medio elegido por el pueblo para ejecutar su voluntad”; por lo tanto, cuando éste deja de representar la voluntad del pueblo y su ineficiencia es insoportable, da lugar al derecho a negarse a la obediencia y poner resistencia al gobierno.

Siguiendo estas ideas, Rawls define a la desobediencia civil como un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno. Actuando de este modo se apela al sentido de justicia de la mayoría de la comunidad, y se declara que los principios de la cooperación social entre personas libres e iguales no están siendo respetados.

Este método de resistencia pacífica fue llevado a cabo por Mahatma Gandhi en Sudáfrica e India, por Martin Luther King y Henry David Thoreau en Estados Unidos y por Nelson Mandela en Sudáfrica, logrando cambios extraordinarios en el orden social y político a favor de los derechos de la ciudadanía.

Prima facie, pareciera que este método atenta contra la democracia. Pues no, ya que no apunta a la concepción puramente formal de enfocarlo a la validez del procedimiento democrático, sino a una noción de fondo superior que se enfoca a que los resultados del proceso democrático sean coherentes con los principios constitucionales y republicanos.

La decadencia económica, política, social y moral que está sufriendo nuestro país es sustento suficiente para justificar el desarrollo de un contrapoder que nazca de la desobediencia civil, como resistencia al autoritarismo del gobierno, en repudio a la corrupción y la impunidad arraigada en nuestra sociedad.

El pueblo es el soberano, cualquier norma que sea contraria a él aunque tenga ropaje de legalidad, es ilegitima; por eso mismo, la desobediencia civil no es antidemocrática, es un derecho inalienable al ser humano.

Libertad o servidumbre

 “Recordad que a lo largo de la historia, siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre.” Mahatma Gandhi

Situándonos en el proceso que llevó al fin de la administración de la monarquía española y a las guerras de la independencia que se libraron en nuestro territorio, ¿qué dio a ese número tan pequeño de hombres el coraje para soportar la fuerza de la corona española y para vencer a esa potencia? En esos sucesos gloriosos y heroicos lo que estaba en juego no era sólo la independencia y la creación de un nuevo Estado, sino, aunque muchos hoy no lo recuerden, lo que verdaderamente se jugaba era la victoria de la libertad sobre la dominación, de la liberación sobre la servidumbre.

No se trataba solamente de constituir un país independiente, se buscaba un país de hombres libres, donde no haya subordinación ni al rey de España ni a un tirano criollo.

La Argentina, ese sueño de país soberano y libre que anhelaron los hombres de Mayo, pareciera desvanecerse con las últimas violaciones constitucionales perpetradas por el régimen autoritario del kirchnerismo.

Son oportunas las palabras de Etienne de la Boétie cuando dice que  “Cómo puede ser que tantos hombres, ciudades y naciones soporten a veces a un único tirano que no tiene más poder que el que ellos le dan, que sólo puede perjudicarles porque ellos lo aguantan, que no podría hacerles ningún mal si no prefiriesen sufrirle a contradecirle”.

Siguiendo estas ideas, podemos comprender que el poder es una interpretación subjetiva sobre la capacidad de generar acción sobre el tirano. La sociedad toda es soberana, los ciudadanos le damos legitimidad para que actúe el gobierno. Por lo tanto, al tirano único que tiene la suma del poder público no es necesario combatirlo. Se desmorona por sí mismo, si la ciudadanía elige no servirlo.

La responsabilidad cae sobre nosotros, los ciudadanos, pues somos los que nos dejamos atropellar nuestros derechos, ya que para liberarnos de ello bastaría con que dejemos de ser súbditos.

Si Mariano Moreno, Cornelio Saavedra y Manuel Belgrano nos preguntarán “¿qué hicieron con la libertad que les hemos legado?”, ¿qué le responderíamos? ¿Que fuimos tan débiles y cobardes que hemos decidido perderla en manos de unos ladrones, corruptos e infames traidores a la patria?

Tengo la firme convicción que la respuesta sería otra, si entendemos que el futuro no está escrito y que nosotros tenemos el poder de escribirlo como lo han hecho nuestros próceres fundadores.

Hoy, la construcción de un poder opositor con posibilidades de torcer el proyecto hegemónico kirchnerista debería proponerse como un verdadero movimiento de reconstrucción institucional de la Nación; donde se privilegie la participación ciudadana y se facilite su acceso al poder. No basta con organizar una alianza de fuerzas políticas opositoras con objetivos electorales. Es tiempo que los opositores comprendan el sentido estratégico de toda acción política que se implemente en el 2013.

Por tanto, es tiempo de traducir a acciones políticas las notables manifestaciones de la sociedad civil del 13S, 8N y 18A y su riqueza de consignas, y convertir la creatividad ciudadana y su vocación democrática y republicana en un programa de transición del postkirchnerismo.

La sociedad civil argentina ya se ha planteado estas preguntas: ¿hasta cuándo seremos un pueblo de corderos que se esclaviza a sí mismo; quien, pudiendo elegir entre estar sometido o ser libre, rechaza la libertad y acepta la sumisión? ¿Hasta cuándo toleraremos que se nos viole nuestros derechos y libertades? ¿Hasta cuando preferiremos ser siervos de un tirano?

Del mismo modo que en las gloriosas jornadas de Mayo de 1810, ahora la pelota está del lado de la dirigencia política opositora. Llegó la hora de demostrar si está a la altura de ejercer el poder delegado, con la convicción de que no es una elección más, sino que es la batalla por la libertad contra la servidumbre.

Los sistemas totalitarios son el festín de los corruptos

Uno de los motivos más convocantes del 18A fue la mediatización reciente de casos de corrupción y connivencia en negociados del gobierno kirchnerista con empresarios prebendarios del régimen. No se trata de casos aislados sino de una estructura social que facilita posibilidades de corrupción en toda la red jerárquica hasta llegar a niveles cuasi mafiosos que conjuga a funcionarios de alto nivel con empresarios y testaferros privados.

Para profundizar la temática de la corrupción de manera sistémica quiero dar luz a esta cuestión con una reflexión del notable sociólogo Rubén Zorrilla, que esboza en el capítulo VII del libro El fenómeno Menem:

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El fascismo-corporativismo del secretario de Comercio

Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.” Benito Mussolini

En pocas palabras, el fascismo-corporativismo se obstina en destruir al liberalismo en todas sus formas, que es la expresión de la sociedad del contrato que ha reemplazado a la antigua sociedad comunitaria. Entiende que dejar que la libertad se desarrolle sin ponerle ningún freno es dar libre curso a todas las malas inclinaciones y, al mismo tiempo, reducir o suprimir el ámbito de las solidaridades naturales. Es por eso, que estima que la competencia como principio único de la producción económica marchita el espíritu de las sociedades, produciendo desigualdades en ellas y condenándolas al fracaso.

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