La tragedia de Castelar y una revolución que no fue

Martín Pittón

“Lo único que pretendemos es que nos ayuden cuidando las formaciones. Va a haber un antes y un después en el ferrocarril Sarmiento en los próximos meses” (30/11/2012). 

“Estamos progresando rápidamente en la renovación integral de formaciones; entre febrero y marzo tendremos renovadas la mitad y antes de julio habremos intervenido en la totalidad de los trenes de la línea” (21/12/2012). 

“Puedo asegurar que cuando todo eso esté funcionando se va a notar una verdadera revolución en el transporte” (10/1/2013).

Las declaraciones pertenecen al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo. Una y otra vez prometió cambios pero la tragedia de Castelar lo desmiente brutal y dramáticamente. Su gestión se convirtió, de la noche a la mañana, en una nueva muestra de ineficiencia. Las imágenes de Castelar son una cruel copia de las de Once, un dejà vu trágico que demuestra que los cincuenta y tres muertos y cientos de heridos del 22-F no fueron suficientes para cambiar las cosas a pesar de los anuncios oficiales.

Florencio Randazzo pide prudencia y esperar el resultado de “las pericias para saber si hubo responsables de lo que ha ocurrido“. En parte, lo que señala el funcionario es cierto, sólo que las pericias apuntarán a deslindar las responsabilidades materiales de los hechos. Pero lo que no dice el ministro es que también hay responsabilidades políticas y en ese caso no se necesitan peritos, ni abogados, ni jueces. En este sentido es claro que el responsable político de lo que pasó es el propio Randazzo y su secretario de Transporte, Alejandro Ramos. Las tragedias son inapelables y las responsabilidades que surgen de ellas también.

Las familias de las víctimas de Once y los sindicatos alertaron en cada conmemoración de aquella tragedia que nada había cambiado en el Ferrocarril Sarmiento a pesar de los anuncios del gobierno. La última vez fue el 22 de mayo de este año, hace menos de un mes, cuando difundieron un comunicado que decía: “En el tren Sarmiento se repiten las mismas imágenes, mes a mes. A los pasajeros los oímos quejarse del hacinamiento, de los servicios que se suspenden. El miedo se apodera de todos cada vez que un tren frena de golpe o se detiene entre estaciones”. Hoy puede asegurarse que esas advertencias no eran exageradas.

Familiares y sindicalistas coinciden en que los cambios más importantes que llevó a cabo la gestión Randazzo fueron estéticas, como repintar vagones o instalar pantallas de 42 pulgadas que anuncian en cuánto tiempo llegarán las formaciones a la estación. Incluso, en varias ocasiones se utilizaron promotoras que distribuyeron folletos en las principales estaciones donde podía leerse: “Estamos cambiando el Sarmiento. Confiá en nosotros” y estaban firmados por la Presidencia y el Ministerio del Interior. Hoy, el pedido oficial  parece una burla.

Como si la tragedia no fuera suficiente, el dirigente Luis D’Elía entendió que todo era producto de una supuesta conspiración de cara a las próximas elecciones, y publicó en  la red Twitter: “En momentos en que se insinúa q Randazzo sea candidato del FPV en Bs.As un tren q iba al taller embiste a otro. PINO-POLLO?”. Una pieza de verdadero mal gusto en 140 caracteres, que bien podría comparársela con la legendaria quema del cajón de Herminio Iglesias. Más tarde, el tweet fue borrado, pero ya era tarde porque se había “viralizado” por la red. La alusión al diputado Fernando “Pino” Solanas está relacionada con la acusación que le hiciera Aníbal Fernández cuando ocupaba la Jefatura de Gabinete, que relacionó al legislador con la quema de vagones en la estación Haedo en 2008. Pollo es el apodo del delegado de la Línea Sarmiento Rubén Sobrero, que en 2011 fue detenido junto con otros sindicalistas por ser los supuestos autores del incendio de once vagones y el ataque a tres estaciones.

D’Elía sólo entiende de conspiraciones que habitan en su imaginación y se olvida de las numerosas advertencias de sindicalistas y de familiares de las víctimas, que una y otra vez dijeron que la tragedia de Once se podía repetir porque en el Sarmiento no se estaban haciendo verdaderos cambios estructurales. La tragedia de Castelar, desafortunadamente, les dio la razón.

La semana pasada se decía que la Presidente Cristina Fernández estaba decidiendo quién encabezaría la lista de candidatos a diputados por la Provincia de Buenos Aires. Alicia Kirchner y Sergio Berni eran parte del trío, que se completaba con Florencio Randazzo y, según muchos, tenía muchas posibilidades de ser el elegido por la voluntad presidencial. Es probable que por estas horas la Presidente esté contemplando un Plan B.

En la década de los noventa se escuchaba con frecuencia que para que algo cambiara en la Argentina debía haber muertos. El asesinato de María Soledad Morales, que mandó al ostracismo a la familia Saadi en Catamarca, y la muerte del soldado Carrasco, que terminó con el servicio militar obligatorio son dos buenos ejemplo que lo demuestra. Es claro que desde aquella época la Argentina ha involucionado porque ahora ni los muertos son suficientes para solucionar los problemas y para que algo cambie. El Sarmiento y la violencia en el fútbol, a los que bien podría sumarse los cientos de víctimas ocasionadas por falta de una eficaz política de seguridad, son todas cuestiones que están sembradas de víctimas pero nunca se toma la decisión política de fondo para solucionarlas. En todos estos temas siempre hay anuncios de carácter fundacional y revolucionarios. Se prometen cambios históricos, se vociferan planes ambiciosos pero los hechos indican que la Argentina se sigue sumergiendo en la decadencia de la ineficacia. A tal punto, que ya ni los muertos son suficientes para que algo cambie. La tragedia de Castelar lo demuestra.