Políticas sociales con una mirada de género

La última década estuvo provista de diversas políticas dirigidas al desarrollo de políticas expansivas de los derechos de los trabajadores con un impacto particular en las mujeres, que han resultado ser uno de los sectores sociales más relegados por las políticas públicas previas en materia de previsión social. Resulta interesante mencionar algunas de esas políticas claves para lograr un balance de lo acontecido teniendo en cuenta el marco del 30° aniversario de la democracia.

Una de las políticas de mayor impacto es la Asignación Universal por Hijo para protección social, que contempla un ingreso por hijo que corresponde a los hijos de personas desocupadas, que trabajan sin estar registradas formalmente o que ganan menos del salario mínimo. A la fecha se ha otorgado la asignación a más de 3,3 millones de niños y niñas; y ha impactado positivamente en particular en las familias que se encuentran a cargo de una jefa mujer con hijos a cargo.

Cabe destacar que el único requisito a modo de contraprestación de la asignación es la presentación de la Libreta Nacional de Seguridad Social, Salud y Educación que indique la condición de escolaridad, los controles de salud y el cumplimiento del plan de vacunación obligatorio.

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Planificando para la construcción

El día miércoles de esta semana la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no sólo se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas marcando con su discurso, entre otras cosas, el enérgico respaldo a la búsqueda de la paz y la importancia de la adopción de posiciones consecuentes por parte de los países miembro, sino que horas más tarde regresó a la Argentina para encabezar el anuncio del lanzamiento de una nueva etapa del Plan PRO.CRE.AR.

Ambas noticias son de enorme importancia. Estas líneas pondrán el eje en la segunda de ellas para destacar que el programa PRO.CRE.AR BICENTENARIO, que lleva más de un año de implementación, suma ahora dos nuevas opciones de crédito: la primera de ellas para las compras del terreno y posterior construcción de la vivienda; y la segunda para compras de casas o departamentos a estrenar en el próximo año. Ambas líneas de crédito, a tasas que parten del 2 y el 2,5% respectivamente.

Esta segunda opción crediticia, destinada a la compra de viviendas a estrenar en el próximo año, implica una novedad en relación a la aplicación del Plan, ya que permite incluir en el proyecto a desarrolladores privados para un 15,4% del grupo de créditos a sortear en octubre.

Para las personas con ingresos de hasta $6000 netos, los créditos son a tasa fija durante toda la vigencia del préstamo. Las facilidades en los requerimientos reflejan la direccionalidad de la política hacia sectores de bajos ingresos, que implican líneas de financiamiento del 100% del terreno y la construcción de la vivienda, período durante el cual no se abona cuota. Estos sectores obtienen también un mayor plazo para la devolución del crédito que el otorgado a los sectores de mayores ingresos.

Estos datos no son menores. Al comparar las condiciones de las diferentes líneas del Plan con las existentes en la banca privada se observan las enormes diferencias en la tasa de interés que oscilan entre el 15 y el 27% para los primeros tramos, las condiciones de ingresos para los solicitantes, y el capital previo necesario (ya que casi no se registran coberturas del 100%). El Banco Ciudad posee una línea con mejores posibilidades que la banca privada, pero también parte de tasas mayores y financia hasta un 85% del valor de la propiedad por lo que también requiere que los solicitantes cuenten con un importante capital inicial.

El sorteo a través de Lotería Nacional evita la exposición a la discrecionalidad de las intermediaciones para la adjudicación de los créditos. El próximo 22 de octubre se sortearán en forma conjunta 50.000 créditos destinados a las líneas de construcción, ampliación y terminación de viviendas; 60.000 a la compra de terrenos y construcciones de viviendas; y finalmente 20.000  créditos serán destinados a la compra de viviendas a estrenar. Esto suma un total de 130.000 créditos hipotecarios.

Tal como se expresó durante el anuncio, al cumplirse dos años de la implementación del plan nacional, se alcanzará la adjudicación de 200.000 créditos para brindar soluciones habitacionales definitivas a aproximadamente 800.000. Esto significa el alcance del 50% del objetivo inicial propuesto para ésta política de viviendas. Teniendo en cuenta, además, que todos ellos son créditos adjudicados bajo la condición de que se trate de primeras viviendas únicas y de ocupación permanente por parte de sus habitantes.

PRO.CRE.AR no es solamente una política crediticia, la orientación principal de los fondos hacia la actividad de la construcción total de nuevas viviendas y para la ampliación, refacción y terminación de viviendas preexistentes tiene por objeto el brindar a la economía un efecto dinamizador impulsando la propia actividad de la construcción y todas las ramas ligadas a ella. Es decir, implica que se ha efectuado el traslado de fondos financieros (aproximadamente 10.000 millones de pesos) hacia la economía real, con impacto en todas las regiones del país.

Por otro lado, la posibilidad de obtener un crédito hipotecario y la posibilidad de participar en el proceso de construcción de la propia casa es notable y cualitativamente diferente a las políticas habitacionales que implican, por ejemplo, la relocalización de las personas a viviendas prefabricadas, sin elección posible del sitio a donde se las traslada, ni participación ni elección de ningún tipo en la construcción de la vivienda en la que se ubica muchas veces a las familias, tratándolas como objetos y nunca como sujetos.

Si 44.000 familias que contaban con un terreno se encuentran en proceso de construcción y otras 34.000 familias pudieron obtener un terreno e iniciar la construcción de su vivienda, entonces no se están expresando números vacíos de contenido. Están llenos de historias, de derechos que empiezan a ejercerse, de nuevas ópticas en las políticas públicas que están pensadas y direccionadas hacia el verdadero objeto de su naturaleza, un destino social.

Modelos y contrastes

Al avanzar en el análisis del modelo económico neoliberal se revela que éste se sustenta en una serie de supuestos básicos que podrían aplicarse bajo cualquier circunstancia y arrojar los mismos resultados, al margen del contexto e interés. Sucede que el máximo supuesto es el de que los modelos económicos tienden a tener un funcionamiento autónomo y mecánico, lo que los objetiva y hace prescindir de cualquier tipo de intervención política para su orientación. Una forma de validar -o no- los modelos es el análisis que puede realizarse al contrastar con cada realidad los impactos de las políticas surgidas de los diferentes modelos.

Así, por ejemplo, el supuesto de que la causa de la inflación está en los incrementos salariales otorgados a los trabajadores alimenta, dentro de la lógica de ese modelo, la generación de políticas de ajuste de los salarios para detener el incremento de los precios. Ante la confusión no casual que se presenta, la pregunta que debemos hacernos es quienes son los beneficiarios de los resultados de cada política económica, quienes acumulan con cada modelo y en qué plazos cabe evaluar los resultados. ¿Quiénes pierden cuando se reducen los salarios?

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Privatizadores de derechos

Existen definiciones políticas que, por sus características, desafían toda capacidad de comprensión racional. En los últimos días, se pudo escuchar al ex ministro de economía Domingo Cavallo opinar sobre la coyuntura económica. Desde un trastabillado discurso, expresó sus críticas a la política económica del gobierno nacional. Cabe aquí mencionar -al menos- la gran contradicción que implica que uno de los responsables de una de las mayores crisis de la Argentina se manifieste en cualquier ámbito como objetor de cualquier planificación de política económica. Y más aún cuando el ciclo económico actual, después de 10 años, aún trabaja por revertir la enorme inequidad social heredada luego de décadas de gobiernos neoliberales.

El ex funcionario sugirió que una alternativa para la política económica sería revertir la administración del mercado de cambios que se viene impulsando en el último tiempo. Evitó decir abiertamente lo que en definitiva promueve, que es otra gran devaluación a costa de los más humildes y de toda la estructura productiva industrial argentina. Lo que no admite, sin embargo, es que habilitar ese tipo de medidas sería retomar el proceso de vaciamiento y atentado contra el capital productivo efectuado, entre otros funcionarios, por él.

Según sus dichos, la situación actual es peor que la previa al Rodrigazo de 1975, y de mayor gravedad a la crisis del 2001, aun cuando se hayan tratado de dos momentos especialmente críticos de la historia nacional. Independientemente de la cantidad de condiciones históricas que pueden volver errónea una comparación simple, existen variables que nos permiten ver las enormes diferencias entre aquella situación y la actual. Y que vuelven más polémicas las declaraciones que buscan homologar aquellas circunstancias con el presente, altamente cuestionables no tanto por quienes hoy son el pasado, sino especialmente por aquellos que hoy tienen responsabilidad, cierta representación, y abiertamente buscan asociarlas.

En términos de variación del PBI, en 1975 había crecido un 0,6%, en 2001 se redujo en un 4,4% y en un 10,9% con respecto al período anterior. En el 2012 la variación fue del 1,9%, persistiendo en su crecimiento tal como lo ha hecho cada año ininterrumpidamente desde el 2003.

La balanza comercial, que en 1975 arrojaba un saldo deficitario (cercano a los mil millones de dólares corrientes), en 2001 fue igualmente deficitaria en 3780 millones, y en 2012 fue superavitaria en 12.182 millones de la misma divisa. Por muchos años desde el 2003, además, se tuvo superávit en la cuenta corriente, que en el pasado se buscaba conseguir sólo vía endeudamiento, como modo de obtención de divisas. En tanto el nivel del empleo, entre 2001 y 2012, ha logrado variación superior al 58%.

La variación del PBI y los resultados superavitarios de la balanza comercial dan cuenta de la salubridad que la economía argentina sostiene pese a la crisis internacional que afecta principalmente a los países de Europa. Aun así, los datos comparativos ni ningún indicador económico pueden dimensionar las gigantescas pérdidas que ha sufrido la sociedad argentina en términos de delitos contra los derechos humanos causados por el feroz sistema represivo de la última dictadura cívico-militar, de la que el Rodrigazo fue su preludio como una deliberada estrategia de disciplinamiento sobre los sectores populares y sus formas de representación.

Hoy es sabido lo que fuera develado por Rodolfo Walsh ya en 1977: que la  brusca transformación socioeconómica impuesta desde 1975 afectó en forma directa a la clase trabajadora. La represión sistemática fue el instrumento de control social del movimiento obrero, implementado para garantizar la continuidad del mencionado proceso de transformación económica.

Cavallo -funcionario civil de la dictadura- inició desde la presidencia del BCRA en 1982 la estatización de la deuda externa privada. Como ministro de Economía del gobierno menemista, impulsó el ingreso a la convertibilidad, que terminó de pulverizar el tejido productivo, desmanteló a la industria, y cuando ya no pudo continuar promoviendo el endeudamiento externo para sostener la apreciación cambiaria y la fuga de capitales, comenzó a vender activos públicos en nombre de la eficiencia de los administradores privados. En contraposición a ello, las políticas de planificación económica de la última década han detenido el flujo de endeudamiento y permitido una importante reestructuración de la deuda, impulsando un círculo virtuoso de aliento al consumo y dinamización del mercado interno, donde los vínculos comerciales y geopolíticos han sido reorientados a países emergentes que buscan evitar las fluctuaciones del capitalismo internacional.

Algunas variables exponen las consecuencias sociales y políticas plenas de la seguidilla de paquetes de ajuste, del recorte de las funciones del Estado, la privatización de sus empresas y de la destrucción de la estructura productiva durante la década del ’90. Sus consecuencias: niveles de pobreza por sobre el 52% de la población, casi cinco millones de argentinos en la indigencia, desempleados, hambreados, y asesinados por la represión de 2001 y 2002.

Con todo ello, voces que todavía expresan la defensa ideológica de los ajustes, las devaluaciones y la entrega de la planificación económica a los capitales concentrados y a organismos de financiamiento internacional continúan pujando por instalar sus políticas privatizadoras de derechos.