Ratas que perforaron el cristinismo

Mundo Asís

Lanata, Rata de Metal, Francisco, Rata de Fuego, Massa, Rata de Agua.

escribe Medea Lobotrico-Powell

Jorge Lanata, Jorge Bergoglio y Sergio Massa.
Tres Ratas que sintonizan con la Argentina, país Rata.
En el Año de la Serpiente, las tres Ratas se encargaron de perforar, separadamente, la solidez del cristinismo.
Hasta dejar, en situación de explícita incomodidad, a La Doctora. La presidenta que es, justamente, Serpiente. De Agua.

Con un ciclo completo, 60 años, La Doctora -abuela reciente- atraviesa el año que debería serle más auspicioso.
En plena conjunción de la identidad -Serpiente- con el elemento, el Agua.
Pero la astrología dista de resolver los desastres que el sujeto del estudio promueve.
En otras palabras, la Serpiente -sigilosamente calculadora, que no deja nada librado al azar- poco puede hacer cuando le avanza en bloque la caravana de adversidades. Que le desafían el orgullo, hasta jaquearlo.
Transforma entonces la altivez en obstinación. O -peor- en empecinamiento.

En Buenos Aires, cualquiera de los discípulos autorizados (L.E., G.G., C.B.), se encuentra en condiciones de demostrar que la Serpiente no tolera el agravio de la humillación.
Menos aún, sobre todo, el del ridículo.

Lanata

La primera Rata que entorpeció a La Doctora, en su año, fue Jorge Lanata.
Rata de Metal, de 1960, Lanata comparte la identidad (Rata) y el elemento (Metal) con otras dos Ratas emblemáticas.
Marcelo Tinelli y Diego Armando Maradona, que armonizan, a la perfección, con la Argentina.
Como la entidad Argentina, las tres ratas metálicas -Maradona, Lanata y Tinelli- necesitan esmerarse en conquistar el sentido básico del equilibrio. La estabilidad emocional.

Las Ratas, creativas en general, deben ser contenidas en lo particular. En las altas y en las bajas. Cuando se sienten émulos de los dioses, o los individuos más desdichados de la tierra.

Lanata se encuentra consolidado, en el borde. Fortalecido por su sorprendente enrolamiento en el Grupo Clarín (lo comanda Héctor Magnetto, Mono de Madera, que participa con Lanata del Triángulo de la Acción. Para ampliar en otro texto).
En defensa propia, Lanata supo cambiar el aire y pasar a ser banca. De bocado a mandíbula. De perseguido a perseguidor. Para erigirse en la vanguardia informativa que logró instalar la inmoralidad del cristinismo como espectáculo.
Con el despliegue de un humor violentamente festivo, impertinente y procaz, el sujeto del estudio indagó en la existencia del “Fort Knox”. Con la obscenidad de los billetes que solían pesarse. Con el carnaval de las valijas y de las cajas fuertes. Imágenes que supieron asombrarnos en las madrugadas de Antibes, de lunes, por la diferencia horaria. Por prepotencia de ratings, virulencia de las imitaciones, a veces sin gran rigor, Lanata se las ingenió para perforar el cristinismo. Una política brutalmente precaria, custodiada por desconcertados que le respondieron con la popularidad del Fútbol de Estado. Para banalizar, en el error, hasta los goles.

Francisco

La segunda Rata, sujeto del estudio, es de Fuego.
Jorge Bergoglio, que emergió como el Papa Francisco, es de 1936. Comparte la identidad y el elemento con la entidad Argentina, que es de 1816.
Una distancia de 120 años, entre el nacimiento de Francisco y el nacimiento oficial del país.
Dos ciclos completos (no olvidar que cada ciclo tiene 60 años).

En la superstición fundamentada del peronismo, el Compañero Cardenal suplía, en la práctica, en el imaginario, al Compañero General.
En 2006, cuando en Misiones se registró la victoria del padre Piña sobre el gobernador Rovira, para Kirchner -Tigre insaciable de Metal-, El Furia, el Cardenal Bergoglio era el jefe de la oposición.
Para no escucharlo, ni padecer las solemnes invocaciones como dardos del Tedeum, los apóstatas del kirchner-cristinismo se sumergieron en el acto infantil de exportar el 25 de Mayo, la celebración porteña, hacia distintas provincias. Sin el menor sentido federal. Sólo para huir de su voz.

Lo que menos La Doctora podía imaginar era que, aquel Cardenal “enemigo”, se convirtiera, de pronto, en Francisco, el Papa.
La Doctora iba a notificarse de la molesta novedad, precisamente, en la kermesse de Tecnópolis. Cuando lo anunció, con el rostro tenso, los “barras bravitas” de la militancia escenográfica insinuaron, incluso, abucheos de desaprobación.
En el desconcierto, La Doctora reaccionó, felizmente, con estimulada lucidez. Subió al avión, por consejo providencial de E.V., a una gran amiga de Francisco, para trasladarse a Roma. Y participar, con dificultades para la ubicuidad, de los fastos austeros de la próxima Puerta de Hierro. El Vaticano.

Con la magnitud celestial de la diplomacia, con infinita misericordia, entre lecciones bondadosamente públicas de “cómo tomar mate” y nerviosismos televisados, Francisco la doblegó, con dulzura histórica. Para instalar la persistencia del ámbito superior a la soberbia. La piedad.
Con jesuítica capacidad para el perdón, Francisco la redujo, irremediablemente, a la dimensión humana, natural.
Al fin y al cabo, tanta bondad iba a ser replicada con la vulgaridad de un afiche utilitario, que impregnó de mayor ridículo a la derrota.

Massa

La última Rata del estudio encargado por el Portal es Sergio Massa. Rata de Agua, de 1972.
Aquí el tema es demasiado reciente. La Rata del Tigre le perforó a La Doctora la provincia (inviable) de Buenos Aires. Representación numérica, y simbólica, del poder.
Le despojó, además, la iniciativa. Le marcó, con la humillación del triunfo, el definitorio camino del ocaso.
Pero la Argentina suele ser generosa para cultivar el arte de la revancha.
Podría testimoniarlo Juan Domingo Perón. Otra Serpiente de Agua, de 1893 (y no Cabra de Madera de 1895).
Perón hilvanó, durante 18 años, una calculadora estrategia de Serpiente, que lo devolvió al poder. Una victoria personal, que derivó en desencuentros patéticos para la Argentina. Donde los ciclos terminan, todos, bastante mal.
El cristinismo no debiera, de ser posible, terminar también muy mal.
Como lo dijo Scioli, Mono de Fuego: “Este gobierno tiene que terminar lo mejor posible”.
Sin embargo la Rata del Tigre, Massa, amenaza con asestarle pronto (a La Doctora y a Scioli) otra caída aún más contundente.
Abre escenarios para ser despejados, desde otra óptica. Uno de ellos compromete un próximo estudio. La contingencia Massa-Scioli.
Rata y Mono, del mismo “triángulo de afinidad natural”.

El Año del Caballo

Para terminar, por responsabilidad intelectual, sin estimular dramatismos ni sugestivos temores, se consigna que ninguna de las tres Ratas aquí tratadas mantiene un destino estratégico asociado inmediatamente al éxito.
La Rata aún debe padecer el antagonismo natural que le aguarda en 2014.
A partir de febrero, cuando se instale el Año del Caballo.
Cualquiera de los discípulos habilitados, anteriormente inicialados, puede extenderse en las animadversiones tradicionales que persisten entre la Rata y el Caballo.
Obstáculos inesperados (superables), trabas varias (resolubles), dolores y dificultades sanitarias. Pormenores, en definitiva, del oficio de vivir que describía Pavese.
Abundan profanos que suponen que la astrología debe traficar exclusivo optimismo.
Pero toda ambientación favorable convive, necesariamente, con la réplica.

Medea Lobotrico-Powell