La vía del cambio

Para promover cambios, primero tenemos que conocer cuál es la realidad nacional. Argentina ha dejado de ser un país con un sistema bipartidista. Hoy, la gran cantidad de fuerzas políticas y la presencia omnipotente de un partido predominante como el peronismo conspira contra quienes creemos en la institucionalidad. Este sistema, con un partido macrocefálico y partidos fragmentados condujeron a una Argentina centralista, con concentración de poder, con caudillismos y sus consecuencias sociales: pobreza y un desarrollo con baja competitividad y productividad. Es decir, un sistema político que es a la vez fragmentado y hegemónico y sobre todo ineficiente para construir un futuro de progreso permanente.

Las principales características del peronismo se exhiben en la búsqueda de pretender ser oficialismo y oposición, izquierda y derecha, simultáneamente; lo que coloca al sistema en enorme peligro, donde no hay debates para la alternancia y la sucesión en el poder, porque todo queda en familia. El 2003 nos dejó una clara muestra de cómo se opera internamente. El primero y el segundo fueron peronistas con un prefijo distinto al sufijo “ismo”. De Menem a Duhalde; de Duhalde a Kirchner. Una vez en el poder buscó consolidarse hegemónicamente al interior del movimiento y asimilando los territorios radicales, socialistas, liberales y de izquierda: navegó por la llamada “transversalidad”, a conquistar nuevos continentes políticos.

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De eso sí se habla

N. del E.: la presente nota fue escrita en colaboración por los diputados Patricia Bullrich (Unión Por Todos) y Federico Pinedo (PRO), y la diputada MC Silvana Giudici (Unión Cívica Radical).

 

La intelectual Beatriz Sarlo, involucrándose en las elecciones legislativas, escribió un artículo francamente duro contra Gabriela Michetti. Ya lo advirtió Hannah Arendt cuando definió en La promesa de la política, que “el hombre no puede vivir sin prejuicios y no solo porque su buen sentido y discernimiento no serían suficientes para juzgar de nuevo toda aquello sobre lo que se pidiera algún juicio a lo largo de su vida, sino porque una ausencia tal de prejuicios exigiría una alerta sobrehumana”. Sarlo escribió sin esa alerta sobrehumana que exigía Arendt.

Intentemos desovillar las ideas de Sarlo, para construir a partir de ellas un debate, que sin duda en la Argentina hace falta.

La primera idea que arroja Sarlo para prender la mecha del fuego son dos acciones con las cuales quiere definir a Michetti: una, sobre la elección del primer secretario de Cultura del gobierno de la ciudad; y la segunda, una frase de Michetti sobre la adopción de parejas homosexuales.

Aquí habría que detenerse un momento para entender que Sarlo, en este artículo, ha decidido, quizás en un contagio “cartaabiertista”, colocarse en intelectual orgánica, o militante. Hace menos de un mes Beatriz Sarlo compartió desayuno con Elisa Carrió, quien durante el voto por la Ley del Matrimonio Igualitario, donde se abstuvo (lo que implica una no posición), se refirió a un miembro de su bloque definiéndola por su orientación sexual, lo que llevo al parlamentario a alejarse del bloque. No hubo opinión de la escritora cuando en contra de toda la historia del socialismo Hermes Binner dijo que él era antiabortista porque era médico. Primera reflexión: Sarlo debe medir a todos con la misma vara y también detenerse un minuto en las conductas: Michetti pidió perdón, Carrió no lo hizo por su exabrupto, Binner lo dijo en campaña.

Se adentra la periodista  en un debate sobre ideología y valores, restándole densidad a lo segundo y llenando de contenido el primero.  Quizás habría que preguntarse si colocamos en la categoría de ideología o valores las sucesivas tomas de posición de Michetti:  haberse definido contra la 125 o contra la Ley de Medios que restringe la libertad de expresión, o contra el uso y abuso de la publicidad oficial, o contra la “democratización” de la Justicia, o contra la ley antiterrorista, o contra la “expropiación de Ciccone”, a diferencia del ideológico Solanas, o contra el impuesto a las ganancias sobre los sueldos de los trabajadores , el pacto de impunidad con Irán, el adoctrinamiento en las escuelas y el uso de los presos en las cárceles, coincidiendo con la misma Sarlo, “que cuestionó con dureza la participación de presos en actividades extra muro organizadas por la agrupación kirchnerista Vatayón Militante y la presencia de La Cámpora en las escuelas públicas”.

Puede ser que haber votado la confiscación de YPF tanto Solanas, como el socialismo y el radicalismo los salve de la categoría de “light”. Porque Michetti votó en contra y hoy está claro que era el voto correcto.

¿Quizás la absuelva Sarlo a Michetti por haber sido de los pocos bloques que advirtió la intención aviesa del kirchnerismo con la Ley de Mercado de Capitales como una espada para matar la libertad de expresión? ¿O deberá aún sacarse más pruebas de ADN?

A estas definiciones, a esto votos la periodista los define como “discursos generalistas, sin vivacidad ni filo”.

Quizás Sarlo debería decir no me gusta la forma de pensar de Michetti o la kipá de Bergman, porque definirlos como “cualquierismo” a quienes desde el gobierno de la ciudad mostraron un estilo de gestión y desde la Nación se comprometieron con los votos más opositores, parece al menos tendencioso.

Por último dice que Michetti no plantea problemas sino métodos, una extraña definición de una intelectual de su nivel. ¿Solucionar eficientemente el problema del  transporte se pueda definir como un método? ¿No vislumbra la diferencia entre la política de transporte que produce Once o Castelar y la que desarrolla el Gobierno de la Ciudad?

¿No se ha ocupado el gobierno al que Michetti pertenece de solucionar problemas? ¿Reasignando recursos, decidiendo sobre salarios, involucrándose en la educación y en lo social y alcanzando el nivel de educación y salud de mejor calidad en el país? ¿Esos son sólo métodos?

Sarlo desayunando con Carrió hace pocos meses la escuchó decir: “Yo defiendo principios y valores” y no se la vio poner el grito en el cielo por tamaña herejía contra la ideología.

Parece que medir con distinta vara conductas iguales es una metodología un poco kirchnerista: es la solución Milani. Y para darle la razón en algo a Sarlo le decimos: va de buena onda.

Unidad, para que no sean dos decadas

El kirchnerismo construyó un relato épico que fue desplumandose drásticamente y dejando a la intemperie su verdadera razón de existencia: el uso ilimitado del poder como herramienta de control social. El poder, liso y llano y todo lo que se concibe a su alrededor como sus formas más excéntricas, hasta las más primitivas para sostenerlo.

Es claro que lo que se discute como esencia de la década es la naturaleza del ejercicio del poder kirchnerista. La esfera que ha intentado abarcar el poder kirchnerista es una esfera en permanente movimiento. Es esta concepción la que hasta hoy tiene perpleja a una gran parte de la sociedad que se pregunta -algunas veces con ingenuidad- cómo se les ocurren las cosas y tildando de astutos e inteligentes por la idea de penetrar en todas las esferas de la vida social con un poder, al decir de Baumann, líquido. Líquido, porque entra por todas las rendijas, sin dejar zona , ni agujero, ni espacio que no intente manejar, manipular o controlar.

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Es tiempo de trabajar por la unidad

Carta de Patricia Bullrich, titular del Bloque Unión Por Todos, a dirigentes políticos, sociales, sindicales y a los ciudadanos, haciendo un llamado a la unidad.

Queridos Presidentes de Partidos, Bloques y agrupaciones políticas, sindicatos, empresarios y ciudadanos:

A diez años de gobierno kirchnerista la Argentina está en riesgo democrático. Las acciones gubernamentales que restringen la independencia de la justicia, el control a las empresas para que no publiciten en los medios independientes, la corrupción y la impunidad alrededor de la misma, la decisión de seguir mintiendo en relación a la inflación, los manejos, trabas y manipulaciones de la ley electoral, el control que quieren ejercer sobre el papel prensa, son sólo alguna de las señales.

Unión por Todos tiene autoridad para decirlo, porque desde el primer día de esta década, entendió que el rumbo era éste. Esa fue la razón por la cual no nos engañamos y confundimos votándoles algunas leyes que les dieron poder y dinero. Por eso denunciamos en la justicia cada hecho de corrupción, comenzando en el 2003 por los fraudulentos fondos de Santa Cruz. Todos, en ese momento nos decían que era muy pronto e inoportuno. Nosotros creímos que no, que la verdad debe decirse siempre, que no importa cuántos votos tenga el otro. Lo que importa es la calidad de sociedad en la que queremos vivir.

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“Vamos por todo”: una consigna que se hace realidad

Tristemente nos estamos acostumbrando a que el gobierno tome medidas para disciplinar a los ciudadanos. Vivimos bajo el imperio del vale todo; la impronta kirchnerista implica modificar las reglas del juego constantemente de manera que sólo ellos puedan ganar.  Esta semana se presentó un gran paquete de proyectos tendientes a encarar una megareforma del Poder Judicial.  A modo de sucursal de la Rosada, los referentes del kirchnerismo en el Senado recibieron las órdenes de la Presidente y en un simulacro de labor legislativa dictaminaron de manera express los tres expedientes ingresados en esa Cámara. La próxima semana los diputados oficialista replicarán la “republicana” tarea de asentir de manera acrítica las directivas del Ejecutivo y el “vamos por todo” irá progresivamente dejando de ser una consigna de enérgicos militantes embelesados por la líder para convertirse en la cruda realidad política del país.

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CFK no quiere reformar la Constitución, lo que busca es anularla

En la estrategia paso a paso, el Gobierno ha ido invadiendo todas las esferas de la vida pública, social e institucional de la Argentina. Por eso afirmamos que tiene razón cuando dice que no quiere reformar la Constitución, directamente quiere anularla.

Ahora, después de los medios de comunicación, pretende el dominio total del parlamento y la politización extrema de todos los organismos estatales desplazando carrera y profesionalismo. Ahora le toca el turno a la Justicia.

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Negociaciones con Irán: estrategia para la resignación

A pesar de haber transcurrido más de 18 años del brutal atentado a la sede de la AMIA con un saldo de 85 muertos y más de trescientos heridos.

A pesar de que desde hace siete años la Justicia argentina reclama la comparecencia de ocho altos funcionarios iraníes, que incluyen al actual ministro de defensa Ahmad Vahidi, al ex presidente Ali Akbar Ashemi, al ex ministro de Inteligencia Ali Fallahijan, el ex jefe de la Guardia Revolucionaria Mohsen Rezai, el ex canciller Ali Akbar Volayali, con orden de captura internacional avalada por Interpol con “circular roja”, por la autoría intelectual, planificación y ejecución del ataque.

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