Patria o buitres, la falsa defensa del interés nacional

Concurrencia de intereses y relación de fuerzas. La Brújula y el Compás en las relaciones internacionales de un país. Herramientas que sirven a un fin: el interés nacional.

Para ser “pillo” en política no alcanza con ser hábil. El político proverbial siente el destino de la Nación y lo conduce estratégicamente. Muchas veces el horizonte delineado por esa estrategia se alejará por necesidades tácticas marcadas por esas dos variables (intereses y fuerza relativa), pero la estrategia permanecerá, como el interés del pueblo al que se conduce.

El arte del dirigente será electrizar el alma del hombre para mantener el esfuerzo de su pueblo hacia el horizonte estratégico. Continuar leyendo

La mezquina tenaza oficialista

Cristina, por boca de Máximo Kirchner, lazó una provocación que sería completamente absurda desde lo institucional, si no supiéramos que en su lógica cerrada, el oficialismo no medra en la normalidad sino que recibe los tributos de la excepcionalidad“Si están tan interesados en terminar con el kirchnerismo, por qué no compiten con Cristina”.

Lo que a simple vista parece la torpeza de político rudimentario, cobra un sentido que trasciende la simple provocación después de las afirmaciones del Ministro de Defensa Agustín Rossi y del diputado nacional Andrés Larroque. Continuar leyendo

Garantismo educativo

La política social del oficialismo ha consistido en naturalizar los problemas que no puede (¿o no quiere?) resolver, adornando la realidad con teorías de claustro y disimulándola a fuerza de “estadísticas”.

En ese esquema hoy se anota el “oficialismo a disgusto” de la Provincia de Buenos Aires al eliminar los aplazos de la educación primaria bajo la bandera de no estigmatizar al alumno.

No sorprende la medida ni el aval explícito del oficialismo nacional, que esta vez si se en columna detrás del gobernador Scioli. El oficialismo considera que es un estigma toda verdad desagradable y como tal, debe ser borrado. Borrar la mancha y ocultar el estigma. Nunca mirar de frente o modificar la realidad que lo genera. Continuar leyendo

Apegados al fracaso

Al gobierno nacional le sirve más perder las batallas que ganar la guerra, porque como no cree en lo que grita, el éxito lo dejaría desnudo de laureles y desorientado.

Tiene que sostener la “derrota” porque así legitima la mentira. En ese enamoramiento forzoso por el fracaso, el metejón con la epopeya catedrática diluye el sentido de “país”.

Este raro triunfo gubernamental implica el fracaso de la Nación porque quiebra el orden público.  No hay orden ni institucionalidad en la victimización permanente. Continuar leyendo

Buitres: una nueva épica a costa de la Argentina

Está claro que el Gobierno Nacional no va a permitir que La Argentina gane si él no puede ganar.

Si no puede mostrar una victoria, se encargará al menos de que nadie más pueda, ni siquiera el país. La victoria será solo para sus enemigos a la carta, porque eso habilita al oficialismo a exhibir una derrota épica.

Metido por su propia decisión arrogante en una restructuración de deuda vendida por ellos mismos como “la más exitosa de la historia”, prefirió la soberbia a la habilidad y quedó entrampado en una red de cláusulas y slogans. Quizá comprando el discurso que él mismo vende para consumo interno, pensó que el conflicto era solo entre La Argentina y los buitres sin ver en qué maraña de intereses geopolíticos metía al país como excusa.

Si, como dijo la Sra. Presidente, hay que buscar otro nombre que no sea default para la situación argentina frente a sus compromisos financieros externos, propongo la palabra boicot.

Un boicot desde el propio gobierno nacional a cualquier solución del conflicto que no pasara por sus manos o que no le permitiera mostrar una victoria en la barricada imaginaria, esa  ficción de gesta detrás de la que el oficialismo suele parapetar su impericia (por ser módicos).

Boicot ha sido la insania de volver a  de ofrecer a último momento y como opción salvadora las mismas condiciones que fueron rechazadas desde el principio y que derivaron en el juicio y en la sentencia firme que desestima, justamente, esa oferta salvadora.

Boicot ha sido que a lo largo de toda la negociación las primeras figuras del Ejecutivo Nacional se comportaran públicamente y desde atriles oficiales como militantes en pleno fervor, agitando rabias contra esos buitres con los que nuestros abogados tenían que negociar.

Boicot ha sido la presencia del ministro de Economía en la reunión final y su discurso que empieza con la palabra “buitres” mientras se desarrollaban gestiones entre privados para destrabar el problema.

Boicot ha sido la contradicción de un Ejecutivo dudosamente orgulloso de ser un pagador serial mientras insistió con solicitadas, retóricas, idas, vueltas, llegadas tarde, amenazas y promesas.

¿Puede el Gobierno Nacional explicar sin la palabra boicot por qué todo el tiempo hizo pública su “estrategia de negociación” judicial? ¿Mentía para consumo interno o estaba avivando el avispero?

Al gobierno nacional le sirve que el país descienda al nivel de los holdouts porque al oficialismo no le conviene perder al Gran Enemigo Externo a esta altura. Ya en retirada y con tropa dispersa, no le quedan enemigos internos más o menos serios. En estas escenas finales, el Gobierno ha perdido el fundamento de su dinámica y no encuentra en su gestión hechos trascendentes que inflamen el pecho de su militancia. Forzado por la realidad y estafado por su propia ingenuidad, después de arriar todas sus banderas ante Repsol y el Club de París (inútilmente), ya no convoca. Un modelo de conducción basado en épicas efímeras y consecutivas a falta de sustancia, necesita mejorar al menos la sustancia de sus enemigos.

El oficialismo fue capaz de perder a propósito al solo efecto de ser una víctima. El gobierno sin enemigos usa al patrimonio nacional como señuelo de campaña y como bomba para su reemplazo. 

En las circunstancias políticas actuales, no se explica el silencio de la oposición parlamentaria y de los “presidenciables”. No se explica por qué, tratándose de una política de Estado, el Congreso de la Nación no pide que el Ejecutivo le devuelva la facultad de negociar la deuda pública y por qué el Ejecutivo, con tanta “voluntad de diálogo”, no la ofrece.

No puede ser sano que la oposición se siente a mirar como el oficialismo juega a la “gallina” mientras acelera de frente para ver quién se corre primero. Aunque el Ejecutivo ya tenga decidido dar un volantazo a último momento o no, el juego mismo es una pérdida irrecuperable de dignidad.

Hoy la prioridad de la política es evitar que CFK encuentre su nueva épica a costas de la Argentina.

Del derrumbe de la autoridad al vacío de ideas

“Conducir no es mandar. Conducir es persuadir”, se cansó de repetir Perón.

Esa sentencia, como toda verdad, carece de sentido para el que la desprecia. Pero la verdad despreciada, como la realidad negada, siempre vuelve en forma de fracaso. Y el gobierno nacional, por despreciar la autoridad de conducir, está fracasando en todos los frentes donde solo supo construir poder. Ese poder solo es posible si lo ejerce una dirigencia insustancial sobre una militancia sin heroísmo.

El kirchnerismo se subió al carro de la crisis del 2001 y suplantó su ausencia de autoridad con una idea monopólica del poder. Una ecuación económica que solo cierra si ellos son los únicos oferentes de poder. Como un almacén de ramos generales en la Patagonia a principios del siglo XX.

Para lograr ser los únicos referentes de poder rompieron y puentearon todas las lealtades, todos los negocios y todas las autoridades. Esta forma de construir poder mediante el agio y la división ha prendido fuerte en la política nacional y tiene hijos dilectos. Quizá el kirchnerismo se vaya, pero hizo escuela.

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No entrar en la lista

El Senado acaba de aprobar la ley de inmunidad recíproca para bancos centrales internacionales y, por su generosa amplitud, los activos de los bancos centrales extranjeros pueden quedar fuera de la jurisdicción de la Justicia argentina.

La primera duda que surge es qué tipo de reciprocidad puede existir respecto de inmunidad entre bancos centrales tan desproporcionadamente desiguales como el argentino y, digamos, el chino.

Pero con esta ley el ejecutivo da muestras de coherencia en varios aspectos.

El primer lugar lo ocupa la urgencia internacional con la que el Ejecutivo “corre” a nuestro parlamento. Ahí está, fresco aún, el apuro oficial por aprobar el Memorándum de Entendimiento con Irán por la causa AMIA. De ese apuro solo ha quedado un enorme papelón geopolítico. El único resultado visible de ese acuerdo parece haber sido que EE.UU. logró correr un poco a Irán del centro del Eje del Mal e Irán logra un socio de buenas perspectivas para sus relaciones con el vecino Irak. Mientras, nuestra Justicia y nuestro Poder Legislativo solo pueden exhibir el orgullo de haber sido una útil profilaxis.

En segundo lugar, el gobierno nacional vuelve a manejar la legislación argentina como si fuera una solicitada de buena voluntad unilateral. Esta ley establece que esa inmunidad se prevé recíproca, es decir, que gozarán de ella los bancos centrales que también la otorguen al nuestro. Pero, ¿podemos imaginar a Brasil legislando para excluir a su Poder Judicial como jurisdicción válida?

En tercer puesto, cumple con su línea histórica al vaciar de autoridad al Poder Judicial de la Nación. Pensemos en las facultades otorgadas al ex juez español Baltasar Garzón para investigar el desempeño de nuestros tribunales en juicios por crímenes durante la última dictadura.

Algunas incoherencias abonan la incredulidad

Con la ley de inmunidad, la Justicia argentina solo puede actuar en caso de que el banco extranjero tenga una “actividad ajena a sus funciones”. Pero, claro, el problema está en distinguir cuándo actúa fuera de sus funciones sin una investigación judicial previa. Esto recuerda, como un gemelo a otro, la normativa internacional por la “transparencia financiera” según la cual solo se puede pedir información bancaria de un paraíso fiscal si se conoce de antemano… la información que se solicita. Esta similitud abona un sub ítem de coherencia gubernamental: el tratado Chevón-YPF lo firmaron empresas desprendidas de éstas pero radicadas en sendos paraísos fiscales y, claro, con jurisdicción en esos mismos Estados ante cualquier conflicto, con esta manía ornitológica de andar alimentando pichones de buitre.

Por la ley aprobada los bancos centrales extranjeros que adscriban a sus normativas, tienen la “autoridad” de auto excluirse de sus beneficios por tratados, acuerdos o declaraciones explícitas sobre causas previas. Es decir que aprobamos una ley que les da a bancos centrales extranjeros la facultar de no ser alcanzados por ella. ¿Y si la reciprocidad llega hasta ese punto, de qué nos serviría tal cláusula si el fin casi confeso de esta ley es proteger de embargos los activos del Banco Central Argentino en el exterior? Bastaría con que un banco central se excluyera (digamos nuevamente chino), para que los activos argentinos en ese país corrieran la suerte judicial que otro país quisiera (por ejemplo el socio chino, EE.UU.).

Viendo en perspectiva la “coherencia” entre esta ley con otros desastres internacionales, su apurado tratamiento y las recientes “casi promesas” sobre nuestra inclusión internacional, uno puede pensar que si la Ley de Inmunidad Recíproca para Bancos Centrales Extranjeros fuera la llave de entrada al BRICS, por esta puerta trasera entrarían China y Rusia.

O peor, constatar que una vez aprobada la ley, Brasil y Rusia ponen en duda el ingreso argentino a los BRICS. “No está en agenda”, dicen. “No ha entrado en la lista” le decían a Fierro en el fuerte de frontera.

La diplomacia nacional en la era K parece consistir en dos pilares: pagar y tropezarnos con los pantalones en los tobillos. En un Mundial de diplomacia, seríamos la pelota. Para colmo, una pelota que nadie parece estar dispuesto a patear, siquiera.

“Matar” a Perón

Hace cuarenta y tantos años, después de sobrevivir a Ezeiza, después de Rucci y un rato antes de morir, Perón sugirió públicamente que aquel que no estuviera de acuerdo con la doctrina peronista, se quitara la camiseta y a otra cosa.  Muchos jóvenes quedaron en cuero.

Pasados esos cuarenta años, una especie de “hijos viudos” de aquellos jóvenes que Perón convidó a tomar aire, otra vez se dicen peronistas pero se prueban la camiseta de Cámpora y así, a los empujones, cuelan en la interna peronista un debate doctrinario perdido de entrada.

¿Qué significa este capricho adolescente en señorones de treinta y pico? ¿A qué viene este berrinche doctrinario que hace puchero por un reto que ya gasta medio siglo? ¿Revancha sobre un Perón muerto? ¿Litigio de una herencia?

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Solo hay “buitres” cuando hay carroña

En la prolija improvisación de errores que el gobierno nacional viene cometiendo en el conflicto con los llamados “fondos buitre”, el más peligroso es no entender que este embrollo es parte de un conflicto primitivo entre nuestra Nación y sus intereses: la completa ausencia de políticas de Estado.

Si entendemos que este concepto es, en esencia, el interés de un país consensuado y aplicado normativamente por el conjunto de sus representantes políticos y sociales, vemos que de ese tipo de políticas no tenemos ninguna.

El manejo de la cosa pública se hace sin la conducción estratégica que significarían políticas de Estado preexistentes y sin la regulación y el control de un cuerpo de dirigencia comprometido, públicamente, a hacerla cumplir.

En este sentido, el litigio con los “fondos buitre” debe servirnos para comprender que si un grupo inversor se permite el lujo de poner en jaque a una Nación soberana, es justamente porque como Estado (gobierno, oposición y sociedad civil), nos hemos puesto por error, omisión o complicidad, en el lugar de la carroña.

Crisis oportuna

Las crisis sirven para muchas cosas y reportan beneficios a diversos intereses. Pero en este caso, pensando a futuro, la oportunidad que nos da en esta situación es la de entender que este problema no está aislado sino que forma parte de una serie de desastres que crecen y prosperan en las grietas que dejan las políticas de Estado ausentes.

Por ejemplo: hoy, en lugar de ser conveniente homologar a la Argentina en los organismos de crédito internacionales, es imprescindible.

La diferencia entre lo conveniente y lo imprescindible, se sabe, es la desesperación.

Esa desesperación fuerza negociaciones desventajosas que, para colmo, no sirven de nada porque el problema que llevó a esa desesperación financiera de hoy, es otra política de Estado que sigue ausente: la crisis energética.

Para no abundar en la cadena de interrelaciones que tienen los problemas argentinos, pensemos en una serie de puntos sobre los que es urgente que la dirigencia política, gremial, social y religiosa se pongan de acuerdo en dos etapas: para los 500 días que le restan al gobierno actual y los próximos 50 años:

i) Política de desarrollo: Posicionar a la Argentina dentro de la región en equilibrio entre las posibilidades del país y las necesidades del mundo en el futuro mediato, evitando que la matriz sea monodependiente tanto de “clientes” como de producción.

ii) Política energética: Consensuar un modelo de país a nivel energético que use los recursos naturales en equilibrio con el desarrollo programado (enlaza lo anterior).

iii) Política sobre recursos: Establecer a nivel constitucional el alcance de la intervención del Estado Nacional, los provinciales y empresas privadas en la explotación de los recursos naturales, supeditándolos al desarrollo nacional.

iv) Política de seguridad: Establecer compromisos y colaboraciones a nivel regional para oponerlo al narcotráfico, entendiendo que el problema del narco no es solamente su consumo y distribución, sino también los intereses que usan a los Estados nacionales como herramientas.

v) Política de tierras públicas y parques nacionales: Anteponer a ello la política de recursos y de seguridad frente al narcotráfico.

vi) Política de crédito internacional: Supeditar el manejo de la deuda y el crédito internacional a las políticas de estado anteriores, y no a la inversa.

Estos puntos solo pretenden ponernos a pensar en que, tal vez, su sola existencia previa hubiera podido evitar no solo la crisis con los “fondos buitre” que es un tema menor, sino la endemia de improvisaciones a la que parecemos condenados.

La solución tiene que pasar sí o sí por un acuerdo multisectorial con dos objetivos, no más: comprometer al conjunto del país con las políticas de Estado que se le propongan y comprometerse, como fuerzas políticas, con el bienestar de ese conjunto.

Deudas públicas y de las otras

Nunca supimos para qué tomamos deuda y ahora parece también haber sido inútil el “desendeudamiento”, de larga publicidad.

Si no es por la ausencia de un interés nacional claro y público, no se entiende que el destino de una negociación de deuda soberana pueda depender del glamour, la astucia, la torpeza o el interés personal de un ministro que, antes de sentarse a negociar, hace pública la estrategia del gobierno nacional.

Y esa es la deuda mayor que la Nación tiene consigo misma: haber permitido que la improvisación -en el mejor de los casos- ocupara el lugar que los Estados nacionales tienen reservado, so pena de desaparecer, a sus políticas.

La deuda entre la dirigencia política y la sociedad es mutua porque hemos permitido y fomentado un clientelismo moral gracias al cual establecimos un “código” tácito de complicidad para remplazar con él el imperio de los valores y el derecho.

Las deudas se pagan pero eso es perogrullo. Lo importante de las deudas es si sabemos subordinarlas al interés nacional expresado normativamente en políticas de Estado.

Los hombros de Francisco

La belleza de las responsabilidades está en la libertad con que las asumimos.

En ese sentido, Francisco representa un desafío para nuestro sentido de la responsabilidad y la oportunidad de hacer como nación algo bello después de mucho tiempo.

Belleza propuesta, como la del sencillo gesto de plantar un olivo en los jardines del Vaticano junto el presiente israelí, Shimon Peres, el titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas y el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I. Un olivo hermano del que Francisco plantó en Getsemaní durante su visita a Tierra Santa. Un olivo argentino cultivado por una cooperativa.

Bellezas y responsabilidades. Simplezas y humildades con las que el Papa enraíza a nuestro país en sus gestiones. Nos lleva con él y nos mete en el medio porque cree en nosotros.

¿Creemos en nosotros?

Francisco juega en otra dimensión, es cierto. Pero juega a la vista de todos. Sorprende pero enseña. Acaricia y conmueve pero, al mismo tiempo, obliga. Nos planta a nosotros, a los argentinos, en el mismo seno de las decisiones en las que se mueve. No nos olvida, y esa permanente referencia al fin del mundo del que proviene, nos pincha y nos despabila.

“Yo voy, pero ustedes se vienen conmigo” parecería decirnos.

Nos toca a nosotros mantener el equilibrio a esa altura.

De la Patria al Mundo

“Hay que ponerse la Patria al hombro” se le escuchaba decir y se lo veía hacer a Bergoglio.

Trasplantado de la Patria al Mundo, ahora con como Papa, por la libertar de su fe en el Hombre, Francisco se mete de lleno en el arduo nudo de Medio Oriente. Y lo hace como siempre, poniéndose como prenda y quebrando así cualquier excusa.

La autoridad de Francisco consiste en allanar todo a una humildad no ingenua. Francisco actúa como “el cura del mundo”, invitando a los Estados nacionales a charlar en su casa parroquial. Así, se configura a sí mismo cómo la ocasión para la dignidad. Allana su autoridad y da lugar a un diálogo sin humillación.

Para la visión estratégica de Francisco, Medio Oriente es táctica porque conduce el mundo desde la autoridad de la Verdad. Francisco se los llevó al Vaticano para “que ninguno saque los pies del plato”.

Nuestra Patria

Gracias a la insistente argentinidad del Papa, la Argentina es convidada a participar activamente en el desarrollo diario de la geopolítica.

A las semanas de la entronización del Cardenal Bergoglio, decíamos que Francisco configura la oportunidad de encontrarnos con lo mejor de nosotros y que a la vez es una interpelación a nuestra responsabilidad porque hay que ser el país de Francisco.

Vamos a ver si hemos comprendido que, por Francisco, la Argentina se coloca en un escalón de responsabilidad geopolítica como nunca ha tenido.

Hoy la paz y el orden en nuestro país son imprescindibles no solo por nosotros, sino también porque de nosotros depende la paz. Tenemos la responsabilidad de ser mejores. Tenemos la libertad de obligarnos a aceptar el lugar al que Francisco eleva a nuestro país.

No quiero creer que fuera casual que la agenda internacional haya hecho coincidir la visita de Francisco a Jerusalén un 25 de Mayo. No quiero creerlo porque creo que Francisco solo se entiende y se explica en el marco de su fe católica nacida y criada en argentino. Por separado no.

La Justicia y la Verdad

¿Cómo hacemos para ser ese país en el que Francisco cree y que debemos ser?

No hay manera de llegar a la paz, al orden y al desarrollo de una nación sin que la Justicia vaya aparejada con la Verdad.

Ocurre sí que muchas veces el camino que recorren juntas parece tapizado de buenas intenciones y conducir al Infierno. Ocurre también que muchas veces la Justicia debe servirse de la Mentira para dejarla expuesta. Ocurre que la Verdad debe ser, sobre todo, paciente y constante. Debe ser la meta y el esfuerzo al mismo tiempo, aunque en el mientras tanto las falsedades y las miserias salpiquen de inmundicias.

Ser el país que Francisco cree que somos y que el mundo pareciera empezar a sospechar, necesariamente va a doler porque significará primero convencernos de que no somos solamente una institucionalidad violada y una ostentación de vivezas.

Tenemos que escarmentar sobre nosotros mismos y va a doler.

Tiene que doler, porque debemos evitar tener chivos expiatorios y entender que esos también son productos nuestros.

Tiene que doler aceptarnos como la causa de lo que somos pero valdrá la pena porque será Justicia.