Buitres: una nueva épica a costa de la Argentina

Está claro que el Gobierno Nacional no va a permitir que La Argentina gane si él no puede ganar.

Si no puede mostrar una victoria, se encargará al menos de que nadie más pueda, ni siquiera el país. La victoria será solo para sus enemigos a la carta, porque eso habilita al oficialismo a exhibir una derrota épica.

Metido por su propia decisión arrogante en una restructuración de deuda vendida por ellos mismos como “la más exitosa de la historia”, prefirió la soberbia a la habilidad y quedó entrampado en una red de cláusulas y slogans. Quizá comprando el discurso que él mismo vende para consumo interno, pensó que el conflicto era solo entre La Argentina y los buitres sin ver en qué maraña de intereses geopolíticos metía al país como excusa.

Si, como dijo la Sra. Presidente, hay que buscar otro nombre que no sea default para la situación argentina frente a sus compromisos financieros externos, propongo la palabra boicot.

Un boicot desde el propio gobierno nacional a cualquier solución del conflicto que no pasara por sus manos o que no le permitiera mostrar una victoria en la barricada imaginaria, esa  ficción de gesta detrás de la que el oficialismo suele parapetar su impericia (por ser módicos).

Boicot ha sido la insania de volver a  de ofrecer a último momento y como opción salvadora las mismas condiciones que fueron rechazadas desde el principio y que derivaron en el juicio y en la sentencia firme que desestima, justamente, esa oferta salvadora.

Boicot ha sido que a lo largo de toda la negociación las primeras figuras del Ejecutivo Nacional se comportaran públicamente y desde atriles oficiales como militantes en pleno fervor, agitando rabias contra esos buitres con los que nuestros abogados tenían que negociar.

Boicot ha sido la presencia del ministro de Economía en la reunión final y su discurso que empieza con la palabra “buitres” mientras se desarrollaban gestiones entre privados para destrabar el problema.

Boicot ha sido la contradicción de un Ejecutivo dudosamente orgulloso de ser un pagador serial mientras insistió con solicitadas, retóricas, idas, vueltas, llegadas tarde, amenazas y promesas.

¿Puede el Gobierno Nacional explicar sin la palabra boicot por qué todo el tiempo hizo pública su “estrategia de negociación” judicial? ¿Mentía para consumo interno o estaba avivando el avispero?

Al gobierno nacional le sirve que el país descienda al nivel de los holdouts porque al oficialismo no le conviene perder al Gran Enemigo Externo a esta altura. Ya en retirada y con tropa dispersa, no le quedan enemigos internos más o menos serios. En estas escenas finales, el Gobierno ha perdido el fundamento de su dinámica y no encuentra en su gestión hechos trascendentes que inflamen el pecho de su militancia. Forzado por la realidad y estafado por su propia ingenuidad, después de arriar todas sus banderas ante Repsol y el Club de París (inútilmente), ya no convoca. Un modelo de conducción basado en épicas efímeras y consecutivas a falta de sustancia, necesita mejorar al menos la sustancia de sus enemigos.

El oficialismo fue capaz de perder a propósito al solo efecto de ser una víctima. El gobierno sin enemigos usa al patrimonio nacional como señuelo de campaña y como bomba para su reemplazo. 

En las circunstancias políticas actuales, no se explica el silencio de la oposición parlamentaria y de los “presidenciables”. No se explica por qué, tratándose de una política de Estado, el Congreso de la Nación no pide que el Ejecutivo le devuelva la facultad de negociar la deuda pública y por qué el Ejecutivo, con tanta “voluntad de diálogo”, no la ofrece.

No puede ser sano que la oposición se siente a mirar como el oficialismo juega a la “gallina” mientras acelera de frente para ver quién se corre primero. Aunque el Ejecutivo ya tenga decidido dar un volantazo a último momento o no, el juego mismo es una pérdida irrecuperable de dignidad.

Hoy la prioridad de la política es evitar que CFK encuentre su nueva épica a costas de la Argentina.

Del derrumbe de la autoridad al vacío de ideas

“Conducir no es mandar. Conducir es persuadir”, se cansó de repetir Perón.

Esa sentencia, como toda verdad, carece de sentido para el que la desprecia. Pero la verdad despreciada, como la realidad negada, siempre vuelve en forma de fracaso. Y el gobierno nacional, por despreciar la autoridad de conducir, está fracasando en todos los frentes donde solo supo construir poder. Ese poder solo es posible si lo ejerce una dirigencia insustancial sobre una militancia sin heroísmo.

El kirchnerismo se subió al carro de la crisis del 2001 y suplantó su ausencia de autoridad con una idea monopólica del poder. Una ecuación económica que solo cierra si ellos son los únicos oferentes de poder. Como un almacén de ramos generales en la Patagonia a principios del siglo XX.

Para lograr ser los únicos referentes de poder rompieron y puentearon todas las lealtades, todos los negocios y todas las autoridades. Esta forma de construir poder mediante el agio y la división ha prendido fuerte en la política nacional y tiene hijos dilectos. Quizá el kirchnerismo se vaya, pero hizo escuela.

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No entrar en la lista

El Senado acaba de aprobar la ley de inmunidad recíproca para bancos centrales internacionales y, por su generosa amplitud, los activos de los bancos centrales extranjeros pueden quedar fuera de la jurisdicción de la Justicia argentina.

La primera duda que surge es qué tipo de reciprocidad puede existir respecto de inmunidad entre bancos centrales tan desproporcionadamente desiguales como el argentino y, digamos, el chino.

Pero con esta ley el ejecutivo da muestras de coherencia en varios aspectos.

El primer lugar lo ocupa la urgencia internacional con la que el Ejecutivo “corre” a nuestro parlamento. Ahí está, fresco aún, el apuro oficial por aprobar el Memorándum de Entendimiento con Irán por la causa AMIA. De ese apuro solo ha quedado un enorme papelón geopolítico. El único resultado visible de ese acuerdo parece haber sido que EE.UU. logró correr un poco a Irán del centro del Eje del Mal e Irán logra un socio de buenas perspectivas para sus relaciones con el vecino Irak. Mientras, nuestra Justicia y nuestro Poder Legislativo solo pueden exhibir el orgullo de haber sido una útil profilaxis.

En segundo lugar, el gobierno nacional vuelve a manejar la legislación argentina como si fuera una solicitada de buena voluntad unilateral. Esta ley establece que esa inmunidad se prevé recíproca, es decir, que gozarán de ella los bancos centrales que también la otorguen al nuestro. Pero, ¿podemos imaginar a Brasil legislando para excluir a su Poder Judicial como jurisdicción válida?

En tercer puesto, cumple con su línea histórica al vaciar de autoridad al Poder Judicial de la Nación. Pensemos en las facultades otorgadas al ex juez español Baltasar Garzón para investigar el desempeño de nuestros tribunales en juicios por crímenes durante la última dictadura.

Algunas incoherencias abonan la incredulidad

Con la ley de inmunidad, la Justicia argentina solo puede actuar en caso de que el banco extranjero tenga una “actividad ajena a sus funciones”. Pero, claro, el problema está en distinguir cuándo actúa fuera de sus funciones sin una investigación judicial previa. Esto recuerda, como un gemelo a otro, la normativa internacional por la “transparencia financiera” según la cual solo se puede pedir información bancaria de un paraíso fiscal si se conoce de antemano… la información que se solicita. Esta similitud abona un sub ítem de coherencia gubernamental: el tratado Chevón-YPF lo firmaron empresas desprendidas de éstas pero radicadas en sendos paraísos fiscales y, claro, con jurisdicción en esos mismos Estados ante cualquier conflicto, con esta manía ornitológica de andar alimentando pichones de buitre.

Por la ley aprobada los bancos centrales extranjeros que adscriban a sus normativas, tienen la “autoridad” de auto excluirse de sus beneficios por tratados, acuerdos o declaraciones explícitas sobre causas previas. Es decir que aprobamos una ley que les da a bancos centrales extranjeros la facultar de no ser alcanzados por ella. ¿Y si la reciprocidad llega hasta ese punto, de qué nos serviría tal cláusula si el fin casi confeso de esta ley es proteger de embargos los activos del Banco Central Argentino en el exterior? Bastaría con que un banco central se excluyera (digamos nuevamente chino), para que los activos argentinos en ese país corrieran la suerte judicial que otro país quisiera (por ejemplo el socio chino, EE.UU.).

Viendo en perspectiva la “coherencia” entre esta ley con otros desastres internacionales, su apurado tratamiento y las recientes “casi promesas” sobre nuestra inclusión internacional, uno puede pensar que si la Ley de Inmunidad Recíproca para Bancos Centrales Extranjeros fuera la llave de entrada al BRICS, por esta puerta trasera entrarían China y Rusia.

O peor, constatar que una vez aprobada la ley, Brasil y Rusia ponen en duda el ingreso argentino a los BRICS. “No está en agenda”, dicen. “No ha entrado en la lista” le decían a Fierro en el fuerte de frontera.

La diplomacia nacional en la era K parece consistir en dos pilares: pagar y tropezarnos con los pantalones en los tobillos. En un Mundial de diplomacia, seríamos la pelota. Para colmo, una pelota que nadie parece estar dispuesto a patear, siquiera.

“Matar” a Perón

Hace cuarenta y tantos años, después de sobrevivir a Ezeiza, después de Rucci y un rato antes de morir, Perón sugirió públicamente que aquel que no estuviera de acuerdo con la doctrina peronista, se quitara la camiseta y a otra cosa.  Muchos jóvenes quedaron en cuero.

Pasados esos cuarenta años, una especie de “hijos viudos” de aquellos jóvenes que Perón convidó a tomar aire, otra vez se dicen peronistas pero se prueban la camiseta de Cámpora y así, a los empujones, cuelan en la interna peronista un debate doctrinario perdido de entrada.

¿Qué significa este capricho adolescente en señorones de treinta y pico? ¿A qué viene este berrinche doctrinario que hace puchero por un reto que ya gasta medio siglo? ¿Revancha sobre un Perón muerto? ¿Litigio de una herencia?

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Solo hay “buitres” cuando hay carroña

En la prolija improvisación de errores que el gobierno nacional viene cometiendo en el conflicto con los llamados “fondos buitre”, el más peligroso es no entender que este embrollo es parte de un conflicto primitivo entre nuestra Nación y sus intereses: la completa ausencia de políticas de Estado.

Si entendemos que este concepto es, en esencia, el interés de un país consensuado y aplicado normativamente por el conjunto de sus representantes políticos y sociales, vemos que de ese tipo de políticas no tenemos ninguna.

El manejo de la cosa pública se hace sin la conducción estratégica que significarían políticas de Estado preexistentes y sin la regulación y el control de un cuerpo de dirigencia comprometido, públicamente, a hacerla cumplir.

En este sentido, el litigio con los “fondos buitre” debe servirnos para comprender que si un grupo inversor se permite el lujo de poner en jaque a una Nación soberana, es justamente porque como Estado (gobierno, oposición y sociedad civil), nos hemos puesto por error, omisión o complicidad, en el lugar de la carroña.

Crisis oportuna

Las crisis sirven para muchas cosas y reportan beneficios a diversos intereses. Pero en este caso, pensando a futuro, la oportunidad que nos da en esta situación es la de entender que este problema no está aislado sino que forma parte de una serie de desastres que crecen y prosperan en las grietas que dejan las políticas de Estado ausentes.

Por ejemplo: hoy, en lugar de ser conveniente homologar a la Argentina en los organismos de crédito internacionales, es imprescindible.

La diferencia entre lo conveniente y lo imprescindible, se sabe, es la desesperación.

Esa desesperación fuerza negociaciones desventajosas que, para colmo, no sirven de nada porque el problema que llevó a esa desesperación financiera de hoy, es otra política de Estado que sigue ausente: la crisis energética.

Para no abundar en la cadena de interrelaciones que tienen los problemas argentinos, pensemos en una serie de puntos sobre los que es urgente que la dirigencia política, gremial, social y religiosa se pongan de acuerdo en dos etapas: para los 500 días que le restan al gobierno actual y los próximos 50 años:

i) Política de desarrollo: Posicionar a la Argentina dentro de la región en equilibrio entre las posibilidades del país y las necesidades del mundo en el futuro mediato, evitando que la matriz sea monodependiente tanto de “clientes” como de producción.

ii) Política energética: Consensuar un modelo de país a nivel energético que use los recursos naturales en equilibrio con el desarrollo programado (enlaza lo anterior).

iii) Política sobre recursos: Establecer a nivel constitucional el alcance de la intervención del Estado Nacional, los provinciales y empresas privadas en la explotación de los recursos naturales, supeditándolos al desarrollo nacional.

iv) Política de seguridad: Establecer compromisos y colaboraciones a nivel regional para oponerlo al narcotráfico, entendiendo que el problema del narco no es solamente su consumo y distribución, sino también los intereses que usan a los Estados nacionales como herramientas.

v) Política de tierras públicas y parques nacionales: Anteponer a ello la política de recursos y de seguridad frente al narcotráfico.

vi) Política de crédito internacional: Supeditar el manejo de la deuda y el crédito internacional a las políticas de estado anteriores, y no a la inversa.

Estos puntos solo pretenden ponernos a pensar en que, tal vez, su sola existencia previa hubiera podido evitar no solo la crisis con los “fondos buitre” que es un tema menor, sino la endemia de improvisaciones a la que parecemos condenados.

La solución tiene que pasar sí o sí por un acuerdo multisectorial con dos objetivos, no más: comprometer al conjunto del país con las políticas de Estado que se le propongan y comprometerse, como fuerzas políticas, con el bienestar de ese conjunto.

Deudas públicas y de las otras

Nunca supimos para qué tomamos deuda y ahora parece también haber sido inútil el “desendeudamiento”, de larga publicidad.

Si no es por la ausencia de un interés nacional claro y público, no se entiende que el destino de una negociación de deuda soberana pueda depender del glamour, la astucia, la torpeza o el interés personal de un ministro que, antes de sentarse a negociar, hace pública la estrategia del gobierno nacional.

Y esa es la deuda mayor que la Nación tiene consigo misma: haber permitido que la improvisación -en el mejor de los casos- ocupara el lugar que los Estados nacionales tienen reservado, so pena de desaparecer, a sus políticas.

La deuda entre la dirigencia política y la sociedad es mutua porque hemos permitido y fomentado un clientelismo moral gracias al cual establecimos un “código” tácito de complicidad para remplazar con él el imperio de los valores y el derecho.

Las deudas se pagan pero eso es perogrullo. Lo importante de las deudas es si sabemos subordinarlas al interés nacional expresado normativamente en políticas de Estado.

Los hombros de Francisco

La belleza de las responsabilidades está en la libertad con que las asumimos.

En ese sentido, Francisco representa un desafío para nuestro sentido de la responsabilidad y la oportunidad de hacer como nación algo bello después de mucho tiempo.

Belleza propuesta, como la del sencillo gesto de plantar un olivo en los jardines del Vaticano junto el presiente israelí, Shimon Peres, el titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas y el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I. Un olivo hermano del que Francisco plantó en Getsemaní durante su visita a Tierra Santa. Un olivo argentino cultivado por una cooperativa.

Bellezas y responsabilidades. Simplezas y humildades con las que el Papa enraíza a nuestro país en sus gestiones. Nos lleva con él y nos mete en el medio porque cree en nosotros.

¿Creemos en nosotros?

Francisco juega en otra dimensión, es cierto. Pero juega a la vista de todos. Sorprende pero enseña. Acaricia y conmueve pero, al mismo tiempo, obliga. Nos planta a nosotros, a los argentinos, en el mismo seno de las decisiones en las que se mueve. No nos olvida, y esa permanente referencia al fin del mundo del que proviene, nos pincha y nos despabila.

“Yo voy, pero ustedes se vienen conmigo” parecería decirnos.

Nos toca a nosotros mantener el equilibrio a esa altura.

De la Patria al Mundo

“Hay que ponerse la Patria al hombro” se le escuchaba decir y se lo veía hacer a Bergoglio.

Trasplantado de la Patria al Mundo, ahora con como Papa, por la libertar de su fe en el Hombre, Francisco se mete de lleno en el arduo nudo de Medio Oriente. Y lo hace como siempre, poniéndose como prenda y quebrando así cualquier excusa.

La autoridad de Francisco consiste en allanar todo a una humildad no ingenua. Francisco actúa como “el cura del mundo”, invitando a los Estados nacionales a charlar en su casa parroquial. Así, se configura a sí mismo cómo la ocasión para la dignidad. Allana su autoridad y da lugar a un diálogo sin humillación.

Para la visión estratégica de Francisco, Medio Oriente es táctica porque conduce el mundo desde la autoridad de la Verdad. Francisco se los llevó al Vaticano para “que ninguno saque los pies del plato”.

Nuestra Patria

Gracias a la insistente argentinidad del Papa, la Argentina es convidada a participar activamente en el desarrollo diario de la geopolítica.

A las semanas de la entronización del Cardenal Bergoglio, decíamos que Francisco configura la oportunidad de encontrarnos con lo mejor de nosotros y que a la vez es una interpelación a nuestra responsabilidad porque hay que ser el país de Francisco.

Vamos a ver si hemos comprendido que, por Francisco, la Argentina se coloca en un escalón de responsabilidad geopolítica como nunca ha tenido.

Hoy la paz y el orden en nuestro país son imprescindibles no solo por nosotros, sino también porque de nosotros depende la paz. Tenemos la responsabilidad de ser mejores. Tenemos la libertad de obligarnos a aceptar el lugar al que Francisco eleva a nuestro país.

No quiero creer que fuera casual que la agenda internacional haya hecho coincidir la visita de Francisco a Jerusalén un 25 de Mayo. No quiero creerlo porque creo que Francisco solo se entiende y se explica en el marco de su fe católica nacida y criada en argentino. Por separado no.

La Justicia y la Verdad

¿Cómo hacemos para ser ese país en el que Francisco cree y que debemos ser?

No hay manera de llegar a la paz, al orden y al desarrollo de una nación sin que la Justicia vaya aparejada con la Verdad.

Ocurre sí que muchas veces el camino que recorren juntas parece tapizado de buenas intenciones y conducir al Infierno. Ocurre también que muchas veces la Justicia debe servirse de la Mentira para dejarla expuesta. Ocurre que la Verdad debe ser, sobre todo, paciente y constante. Debe ser la meta y el esfuerzo al mismo tiempo, aunque en el mientras tanto las falsedades y las miserias salpiquen de inmundicias.

Ser el país que Francisco cree que somos y que el mundo pareciera empezar a sospechar, necesariamente va a doler porque significará primero convencernos de que no somos solamente una institucionalidad violada y una ostentación de vivezas.

Tenemos que escarmentar sobre nosotros mismos y va a doler.

Tiene que doler, porque debemos evitar tener chivos expiatorios y entender que esos también son productos nuestros.

Tiene que doler aceptarnos como la causa de lo que somos pero valdrá la pena porque será Justicia.

La agenda argentina de Francisco

Si alguien quisiera embarrar la influencia moral de Francisco en la política nacional con miras al 2016, seguramente empezaría por meter a Bergoglio en la discusión de coyuntura.

“Metamos a Bergoglio hoy en la pelea para que Francisco no influya mañana” podría ser el slogan oficial.

Y el reciente documento de la Conferencia Episcopal les vino de maravillas a los sectores del oficialismo que se quedaron colgados de la nostalgia por el “enemigo Bergoglio”. Parecen eufóricos por recuperar la dinámica del enfrentamiento que, por una vaticana fuerza mayor y orden presidencial, se vieron obligados a cambiar por genuflexiones.

Levantar la mirada

Pero es muy poca cosa discutir a Francisco o usarlo como figurita política. Involucrar a Francisco en nuestro día a día es consagrar el personalismo y la foto. Es sucumbir a la chicana y no ver el horizonte que representan sus valores.

Conviene entonces salir de la discusión planteada y pensar en cómo y a través de quién la agenda argentina de Francisco se expresa políticamente en nuestro país.

El documento de los obispos tiene una innegable coherencia con las preocupaciones de Su Santidad a nivel mundial. Tanto es así que el documento cita al Evangelii Gaudium, la exhortación apostólica que Francisco suele regalar a los líderes políticos mundiales que lo visitan.

Siguiendo la línea de las denuncias papales (que ya desde la Catedral Metropolitana venía haciendo el Cardenal Bergoglio), el documento habla de violencia delictiva, violencia social, pobreza, “bullying”, exclusión, falta de justicia, narcotráfico, deserción escolar, corrupción, impunidad, sistema carcelario, etc.

La Iglesia apura al arco político nacional y le cambia la agenda. Pero no lo corre por izquierda o derecha, sino desde el paradigma aceptado por todos: la Justicia Social. Nos recuerda que lo imprescindible, por básico e insatisfecho, es lo realmente urgente.

La Iglesia marca la cancha en la que se tiene que jugar la política pública. La Agenda es de Francisco.

Reacciones diversas

El relato oficial, por sistema, pone en tela de juicio al mensajero. Siempre. Es la política del chimento. La Doctrina Prontuarial, sin sustancia.

Pero como el documento de la Conferencia Episcopal remite a Francisco, logró generar saludables divisiones en el bloque del discurso oficial.

Desde Presidencia se acusó a la Iglesia de agitar “viejos enfrentamientos”. Uno piensa que los enfrentamientos que se agitan en Presidencia no sean tan viejos, tal vez se remonten solo a un par de Tedeums.

Estela de Carlotto, por su parte, reclamó por el silencio de la Iglesia durante la última dictadura militar de hace 30 años, omitiendo la verdad de lo que la Iglesia denuncia hoy.

Menos sutil, el titular del CELS, Horacio Verbitsky, le recordó al gobierno la ingenuidad de haber creído que Bergoglio cambiaría por ser Francisco. Tal vez Verbitsky esté confundiendo ingenuidad con oportunismo y error de cálculo.

Desde el “sciolismo” en cambio, se optó por compartir el mensaje de fondo en líneas generales sin dar mayores precisiones.

La Enfermedad

“Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia”. Dice el texto de los obispos en su primera parte.

Lo que hemos violentado, hasta el límite del absurdo, es la verdad. Todas las violencias han venido por añadidura y se han agravado en su ocultamiento.

“Urge en la Argentina recuperar el compromiso con la verdad, en todas sus dimensiones. Sin ese paso estamos condenados al desencuentro y a una falsa apariencia de diálogo”.

Ese compromiso lo encarna y define Francisco. Su Agenda Argentina los estructura. Configurar su aplicación es tarea de la dirigencia política.

Francisco entre el oportunismo y la indiferencia

Desde Cristina hasta Ishi, el desfile de figuras oficialistas por el Vaticano es incesante.

Algunos tienen una larga trayectoria de conocimiento y amistad con Francisco. Otros no.

Pero todos forman parte de un tour oficial que los lleva a Santa Marta. Están los que en silencio renuevan la continuidad de un afecto, están los que buscan oficiar de voceros, están los fotogénicos y están los que buscan en Francisco lo que despreciaban de Bergoglio. Así sea.

 

La oportunidad

Después de la sorpresa inicial de marzo de 2013, el gobierno nacional reaccionó con rápidos reflejos al nombramiento de su adversario político devenido en el hombre más poderoso del mundo, y lo hizo del mejor modo posible. Bajó sus banderas de confrontación y, por convencimiento o astucia,  pide un acercamiento al que Francisco contesta con la grandeza de un verdadero conductor.

Eso es lo rescatable del desfile. La generosidad y la humildad con la que Francisco desde lo alto, sigue trabajando por todos y con todos.

De muy poco nos serviría como sociedad batir el parche y hacer escombro sobre la simulación, el oportunismo o la hipocresía. Tenemos que ponerle fichas a Francisco que de eso, justamente, sabe cuidarse muy bien. Tenemos que ver lo que el Papa hace, escuchar lo que dice, aprender de su cintura política y entender que entre Crimea y la mafia italiana del narco, la Argentina palpita viva en su principal interés.

 

Santos intolerantes

Menos útil que recalcar una y otra vez sobre la incongruencia oficial, sería dejar que Francisco solo disponga de “conversos” para sus planes.

El caso de la UCR es digno de análisis. Si el desapego que sus dirigentes demuestran hacia Su Santidad forma parte de un intento por no “sotanear” al Papa, bienvenido sea. Pero la distancia y el silencio que resultan de ello se parecen más a la indiferencia y al desconcierto que a otra cosa.

Está muy bien no esperar a que sea Papa para sacarse una foto, como reza el afiche, pero es imprescindible sacarse esa foto ahora también, ahora que si es Papa.

Y no es la foto, justamente, lo que debería primar en la relación de la dirigencia política nacional con Francisco. Pero negarse a ella es otra forma de dar entidad a la simpleza del flash y la sonrisa protocolar.

Las opciones frente a Francisco no pueden reducirse a dos opuestos que son lo mismo: la foto si o la foto no. Porque de esa falsa elección lo que queda, siempre, es la foto.

Deberíamos comprender y asimilar a Francisco como “prenda de unidad” de nuestro país puesto en el futuro. Darle la espalda para diferenciarnos de los que lo usan, es usarlo.

Sorprende también la actitud de la doctora Carrió al desconocer voluntariamente la dimensión política de Francisco y solo ver en él a “un pastor”. Entiendo que la intención sea cuidarlo del encasillamiento partidario para evitarle ataques por ese lado. Es correcto. Pero cerrar los ojos y la boca al hecho geopolítico que Su Santidad representa es, a mi criterio, una leve sobreactuación que pone en evidencia lo que intenta soslayar.

 

Las uvas verdes

Casi como la fábula de la zorra, buena parte de nuestra dirigencia se ha dejado “primerear” por el oficialismo y cierto impudor de su parte, y parecieran querer dejar pasar con un gesto de fastidio y berrinche la ocasión que Francisco representa.

La “chicana” política divierte y sienta bien. Pero quedarse en eso, sin conducir en el sentido que se pretende, lo único que logra es allanarle el camino a quien se pretende chicanear.

Francisco representa lo mejor de nosotros. Pero de todos nosotros.

“Pecadores si, no corruptos”, ya dijo el Papa.

El hipócrita está tan lleno de sí mismo, que no ve a los demás” dijo también. Llenos de sí mismos vale para muchos. Muchos más que los obvios.

¿No nos dimos cuenta de que Francisco ya lo sabe? ¿Con qué derecho estropeamos la figura de Francisco siendo más papistas que él y condenando a sus “perdonados”?

¿Estamos convencidos o no de que Su Santidad es y representa la salida de la Mentira por la Verdad?

 

2016

Francisco es definitivamente el hombre del después. Nosotros, hoy y ahora, tenemos a obligación de ofrecernos para ese después.

Dialoguista, hombre de convicciones y respeto, Francisco es un buscador de coincidencias. De una reunión, seguramente se resumirán los puntos en común que el mismo Papa se encargará de remarcar (aunque solo él crea en ellos).

Más hábil que muchos astutos, más generoso que muchos píos, Francisco nos invita es a no sobreactuar y así, con la sola humildad de la coherencia a contraluz, deja en blanco sobre negro lo que él mismo quiere resaltar.

Escobar, la demagogia del mal

“El narcotráfico y la droga están haciendo mucho daño a la Patria Grande”  fue la frase que el padre Juan Carlos Molina, titular del Sedronar, puso en boca del Papa Francisco después de la reunión que mantuvieron el pasado 26 de febrero.

A menos de un mes de esa entrevista, el mismo Molina sostiene que “Escobar fue un poco Robin Hood, el pueblo lo lloró porque ocupó el lugar del Estado: hizo hospitales, calles, le dio trabajo a la gente”, aclarando luego que “Lo hizo sobre la base del mal, de la droga y la delincuencia, eso es indiscutible, pero… 

¿Pero?

Suena raro ese “pero” que relativiza lo monstruoso del lucro con la muerte y la indignidad. Más raro aún suena dicho desde un gobierno que ya ha citado palabras de Escobar para explicar una política propuesta y más extraño todavía cuando fue el padre Molina quién se quejó de que las “corporaciones” instalan el tema del narcotráfico en la sociedad y lo banalizan con series como “Escobar, el patrón del mal”.

¿Banalizamos un tema grave o “sobrevaloramos” un tema que no es para tanto, como también afirmó el padre Molina?

¿Es un problema serio cuando se dice que “los pibes se falopean y en las previas chupan como esponja” o es un tema sobredimensionado por intereses ajenos al tráfico de drogas, aunque el propio Francisco se ha referido a él como un peligro continental, según Molina?

Es correcto que nuestra tendencia mediática es esterilizar las soluciones a los grandes temas, gastándolos durante diez días para después hacer lugar a una nueva tragedia nacional.

Es correcto también que popularizar la figura de Escobar Gaviria, precisamente cuando la violencia narco empieza a aflorar inevitablemente en nuestro país, contribuye a “normalizar” el infierno volviendo cotidianos y queribles a personajes que negocian con la condición humana misma.

Precisamente porque eso es correcto, llaman la atención estas idas y vueltas del padre Molina.

“Está bien la lucha contra el narcotraficante (del estilo Escobar o “Chapo” Guzmán), pero, ¿qué hacemos con el que está vendiendo en el barrio?”

Otra vez el “pero” y nuevamente en la misma dirección. ¿Por qué este “impulso” del director del Sedronar por minimizar justamente la pelea contra el tráfico internacional de drogas? ¿Es realmente así o es una confusión?

¿Por qué citar al Papa Francisco para avalar la gravedad continental del tráfico y después minimizar y relativizar el tema? ¿Por qué? 

Contradicciones y contramarchas en el discurso oficial encuadrado en la lucha contra el narcotráfico, que sólo ayudan a aumentar lo que seguramente se ha pretendido evitar: estropear un debate imprescindible.

El Papa Francisco no ha perdido oportunidad de referirse a los poderes e intereses internacionales que controlan y lucran con la violencia y la miseria. ¿Hay muchos otros poderes, se pregunta uno, con la logística y el poder para manejar una agenda mundial además del narcotráfico y sus negocios subsidiarios?

Tal vez sería oportuno que llegáramos a un criterio unánime, al menos en el relato oficial, sobre el tratamiento del narcotráfico y el verdadero valor que el gobierno le quiere dar al problema.

¿Es un tema barrial lo que tomamos como prioridad, o es una lucha continental contra intereses que superan a los gobiernos?

No son definiciones contradictorias ni deberían serlo. Lo que creo seguro es que no vamos a poder definirnos si seguimos el camino de los “peros” cuando nos referimos a los demagogos del mal, pasados o presentes.

El Papa Francisco dijo lo que sigue referido al Diablo… vale: “Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! ¡Por favor, no hagamos tratos con el demonio! Él busca volver a casa, tomarnos en posesión… ¡No relativizar, vigilar! ¡Y siempre con Jesús!”

Políticos que quieren ser “normales”

“Cuántas veces escuchamos decir: ‘Pero ustedes, cristianos, sean un poco más normales, como los demás, razonables’. Éste es un discurso de encantadores de serpientes”, ha dicho Francisco y uno, por costumbre ya, lo lleva a la vida nacional…

En pocos días los partidos políticos deberían presentar las listas de consejeros según la nueva ley. ¿Deberán presentarlas? ¿Podrán? ¿Deberían?

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