Francisco entre el oportunismo y la indiferencia

Desde Cristina hasta Ishi, el desfile de figuras oficialistas por el Vaticano es incesante.

Algunos tienen una larga trayectoria de conocimiento y amistad con Francisco. Otros no.

Pero todos forman parte de un tour oficial que los lleva a Santa Marta. Están los que en silencio renuevan la continuidad de un afecto, están los que buscan oficiar de voceros, están los fotogénicos y están los que buscan en Francisco lo que despreciaban de Bergoglio. Así sea.

 

La oportunidad

Después de la sorpresa inicial de marzo de 2013, el gobierno nacional reaccionó con rápidos reflejos al nombramiento de su adversario político devenido en el hombre más poderoso del mundo, y lo hizo del mejor modo posible. Bajó sus banderas de confrontación y, por convencimiento o astucia,  pide un acercamiento al que Francisco contesta con la grandeza de un verdadero conductor.

Eso es lo rescatable del desfile. La generosidad y la humildad con la que Francisco desde lo alto, sigue trabajando por todos y con todos.

De muy poco nos serviría como sociedad batir el parche y hacer escombro sobre la simulación, el oportunismo o la hipocresía. Tenemos que ponerle fichas a Francisco que de eso, justamente, sabe cuidarse muy bien. Tenemos que ver lo que el Papa hace, escuchar lo que dice, aprender de su cintura política y entender que entre Crimea y la mafia italiana del narco, la Argentina palpita viva en su principal interés.

 

Santos intolerantes

Menos útil que recalcar una y otra vez sobre la incongruencia oficial, sería dejar que Francisco solo disponga de “conversos” para sus planes.

El caso de la UCR es digno de análisis. Si el desapego que sus dirigentes demuestran hacia Su Santidad forma parte de un intento por no “sotanear” al Papa, bienvenido sea. Pero la distancia y el silencio que resultan de ello se parecen más a la indiferencia y al desconcierto que a otra cosa.

Está muy bien no esperar a que sea Papa para sacarse una foto, como reza el afiche, pero es imprescindible sacarse esa foto ahora también, ahora que si es Papa.

Y no es la foto, justamente, lo que debería primar en la relación de la dirigencia política nacional con Francisco. Pero negarse a ella es otra forma de dar entidad a la simpleza del flash y la sonrisa protocolar.

Las opciones frente a Francisco no pueden reducirse a dos opuestos que son lo mismo: la foto si o la foto no. Porque de esa falsa elección lo que queda, siempre, es la foto.

Deberíamos comprender y asimilar a Francisco como “prenda de unidad” de nuestro país puesto en el futuro. Darle la espalda para diferenciarnos de los que lo usan, es usarlo.

Sorprende también la actitud de la doctora Carrió al desconocer voluntariamente la dimensión política de Francisco y solo ver en él a “un pastor”. Entiendo que la intención sea cuidarlo del encasillamiento partidario para evitarle ataques por ese lado. Es correcto. Pero cerrar los ojos y la boca al hecho geopolítico que Su Santidad representa es, a mi criterio, una leve sobreactuación que pone en evidencia lo que intenta soslayar.

 

Las uvas verdes

Casi como la fábula de la zorra, buena parte de nuestra dirigencia se ha dejado “primerear” por el oficialismo y cierto impudor de su parte, y parecieran querer dejar pasar con un gesto de fastidio y berrinche la ocasión que Francisco representa.

La “chicana” política divierte y sienta bien. Pero quedarse en eso, sin conducir en el sentido que se pretende, lo único que logra es allanarle el camino a quien se pretende chicanear.

Francisco representa lo mejor de nosotros. Pero de todos nosotros.

“Pecadores si, no corruptos”, ya dijo el Papa.

El hipócrita está tan lleno de sí mismo, que no ve a los demás” dijo también. Llenos de sí mismos vale para muchos. Muchos más que los obvios.

¿No nos dimos cuenta de que Francisco ya lo sabe? ¿Con qué derecho estropeamos la figura de Francisco siendo más papistas que él y condenando a sus “perdonados”?

¿Estamos convencidos o no de que Su Santidad es y representa la salida de la Mentira por la Verdad?

 

2016

Francisco es definitivamente el hombre del después. Nosotros, hoy y ahora, tenemos a obligación de ofrecernos para ese después.

Dialoguista, hombre de convicciones y respeto, Francisco es un buscador de coincidencias. De una reunión, seguramente se resumirán los puntos en común que el mismo Papa se encargará de remarcar (aunque solo él crea en ellos).

Más hábil que muchos astutos, más generoso que muchos píos, Francisco nos invita es a no sobreactuar y así, con la sola humildad de la coherencia a contraluz, deja en blanco sobre negro lo que él mismo quiere resaltar.

Escobar, la demagogia del mal

“El narcotráfico y la droga están haciendo mucho daño a la Patria Grande”  fue la frase que el padre Juan Carlos Molina, titular del Sedronar, puso en boca del Papa Francisco después de la reunión que mantuvieron el pasado 26 de febrero.

A menos de un mes de esa entrevista, el mismo Molina sostiene que “Escobar fue un poco Robin Hood, el pueblo lo lloró porque ocupó el lugar del Estado: hizo hospitales, calles, le dio trabajo a la gente”, aclarando luego que “Lo hizo sobre la base del mal, de la droga y la delincuencia, eso es indiscutible, pero… 

¿Pero?

Suena raro ese “pero” que relativiza lo monstruoso del lucro con la muerte y la indignidad. Más raro aún suena dicho desde un gobierno que ya ha citado palabras de Escobar para explicar una política propuesta y más extraño todavía cuando fue el padre Molina quién se quejó de que las “corporaciones” instalan el tema del narcotráfico en la sociedad y lo banalizan con series como “Escobar, el patrón del mal”.

¿Banalizamos un tema grave o “sobrevaloramos” un tema que no es para tanto, como también afirmó el padre Molina?

¿Es un problema serio cuando se dice que “los pibes se falopean y en las previas chupan como esponja” o es un tema sobredimensionado por intereses ajenos al tráfico de drogas, aunque el propio Francisco se ha referido a él como un peligro continental, según Molina?

Es correcto que nuestra tendencia mediática es esterilizar las soluciones a los grandes temas, gastándolos durante diez días para después hacer lugar a una nueva tragedia nacional.

Es correcto también que popularizar la figura de Escobar Gaviria, precisamente cuando la violencia narco empieza a aflorar inevitablemente en nuestro país, contribuye a “normalizar” el infierno volviendo cotidianos y queribles a personajes que negocian con la condición humana misma.

Precisamente porque eso es correcto, llaman la atención estas idas y vueltas del padre Molina.

“Está bien la lucha contra el narcotraficante (del estilo Escobar o “Chapo” Guzmán), pero, ¿qué hacemos con el que está vendiendo en el barrio?”

Otra vez el “pero” y nuevamente en la misma dirección. ¿Por qué este “impulso” del director del Sedronar por minimizar justamente la pelea contra el tráfico internacional de drogas? ¿Es realmente así o es una confusión?

¿Por qué citar al Papa Francisco para avalar la gravedad continental del tráfico y después minimizar y relativizar el tema? ¿Por qué? 

Contradicciones y contramarchas en el discurso oficial encuadrado en la lucha contra el narcotráfico, que sólo ayudan a aumentar lo que seguramente se ha pretendido evitar: estropear un debate imprescindible.

El Papa Francisco no ha perdido oportunidad de referirse a los poderes e intereses internacionales que controlan y lucran con la violencia y la miseria. ¿Hay muchos otros poderes, se pregunta uno, con la logística y el poder para manejar una agenda mundial además del narcotráfico y sus negocios subsidiarios?

Tal vez sería oportuno que llegáramos a un criterio unánime, al menos en el relato oficial, sobre el tratamiento del narcotráfico y el verdadero valor que el gobierno le quiere dar al problema.

¿Es un tema barrial lo que tomamos como prioridad, o es una lucha continental contra intereses que superan a los gobiernos?

No son definiciones contradictorias ni deberían serlo. Lo que creo seguro es que no vamos a poder definirnos si seguimos el camino de los “peros” cuando nos referimos a los demagogos del mal, pasados o presentes.

El Papa Francisco dijo lo que sigue referido al Diablo… vale: “Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! ¡Por favor, no hagamos tratos con el demonio! Él busca volver a casa, tomarnos en posesión… ¡No relativizar, vigilar! ¡Y siempre con Jesús!”

Políticos que quieren ser “normales”

“Cuántas veces escuchamos decir: ‘Pero ustedes, cristianos, sean un poco más normales, como los demás, razonables’. Éste es un discurso de encantadores de serpientes”, ha dicho Francisco y uno, por costumbre ya, lo lleva a la vida nacional…

En pocos días los partidos políticos deberían presentar las listas de consejeros según la nueva ley. ¿Deberán presentarlas? ¿Podrán? ¿Deberían?

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El gobierno nos viste siempre a las apuradas

Siempre a las apuradas, nos visten a disgusto. ¿Por qué?

Uno creía que las discusiones de fondo de un proyecto de Nación se daban entre todos sus actores y en el plano calmado del futuro.

¿Por qué corre el Gobierno Nacional? ¿Cuál es la crisis que lo obliga al paso ligero si todo marcha bien? ¿En qué mundo nos piensan cuando la región camina a paso firme y tranquilo detrás del mundo que espera de América lo que América está llamada a ser?

¿Por qué corre el Gobierno Nacional?

Expropiación de YPF. Estatización de la ex Ciccone. Memorándum con IránReforma JudicialBlanqueo de Capitales…El promedio de tratamiento parlamentario que el Gobierno concedió para estos proyectos fue de dos semanas, pero son sólo horas tomando en cuenta el “debate” neto.

En vez de discutir cómo el futuro se construye hoy, el Gobierno Nacional dogmatiza que el hoy habría que haberlo construido ayer y como no lo hicieron, hay que hacerlo ahora a las corridas.

Y así nos apura. Nos arrastra. Nos violenta. Nos corrige sin consultarnos y se desdice sin ruborizarse. Justo en el lugar reservado al futuro, el Poder Ejecutivo, nos plantea un Hoy incesante, y nos reemplaza la posteridad con una coyuntura ad hoc. Justo por el camino reservado para la prudencia, nos arrastra a una pelea insensata, básica, primitiva y casi de subsistencia, si pensamos en términos de Razón y de Moral.

Aun cuando el debate se hubiera dado, es oportuno recordar lo dicho por Monseñor Lozano haciéndonos notar que un cambio como el de la “democratización” de la justicia, un cambio de tal importancia para la vida del pueblo y las instituciones, difícilmente pueda ser legítimo si se aprueba a libro cerrado y en una votación reñida. 

Legislan a los saltos sobre el cuerpo de la República.

Por eso, y ante lo efímero de la premura: ¿por qué corre el Gobierno Nacional? ¿Hacia dónde escapa o, de qué?

“Un ejemplo suele aclararlo todo”, oí decir a Perón parafraseando a Bonaparte.

De esa forma, con un solo ejemplo Napoleón enseña la base de toda estrategia: “Vísteme despacio que llevo prisa”.

Es decir que lo principal es enemigo de la urgencia y si no hay urgencia, ¿cuál es el apuro? 

El mismo Napoleón aconsejaba ocupar el espacio y después mandar a los abogados. Pero no olvidemos que para ocupar ese espacio, antes de la gloria en batalla, existieron insomnios enteros de planeación y consulta.

¿O acaso somos tan ingenuos como para creer que el Gobierno Nacional no se ha tomado en el armado de estas reformas todo el tiempo que ahora nos niega?

El Gobierno no propone debates sino que inaugura olvidos. Por eso la tarea de hoy es dejar de lado la sorpresa, anclar la realidad a los tiempos imprescindibles y obligar al Gobierno Nacional a dar el debate.

¿Cuál es la razón que justifica el apuro de votar en 15 días leyes que regirían la República? ¿Desde qué perversión de la soberbia legitiman la atropellada sobre un sistema de gobierno? ¿Qué conveniencias ocultas, qué arrogancias inconfesables los animan a prohibir que el tiempo eche luz sobre sus sentencias? ¿Con qué derecho cambian el modelo de sociedad sin consultarlo con la sociedad?

¿Dónde andará en medio de esta vorágine parlamentaria la carta que su conciudadano Francisco le envió a la Señora Presidente convidándola a trabajar por “el diálogo y el consenso”?

Francisco y la República

La República es un voluntario, como voluntaria es la fe.

Un que le regalamos al otro porque lo reconocemos igual, como hermano, conciudadano, connacional o compatriota.

Es la fe en un nosotros de igualdades y diferencias.

Es una porción de libertad que entregamos para ser libres, junto al otro, porque no hay entrega real si no es como acto de libertad.

La República es, también, el compromiso consciente de ajustarnos a una instancia superior que nos regula y que se regula.

Es un acto de amor comprometido.

Es asumir la responsabilidad del conjunto en nosotros mismos y descansar en ese conjunto.

Es la aceptación incruenta, de la debilidad de nuestra fuerza. Es la razón de quién piensa diferente pero quiere lo mismo.

La República es el ecumenismo cívico.

Hoy, la República está en duda de la peor manera: se la quiere liquidar usando su propio amor como arma.

Se la quiere relativizar usando su propia diversidad.

Hoy la República, por un exceso de escrúpulos republicanos, se está dejando extinguir en beneficio de quienes la desprecian.

Hoy la República pretende ser reemplazada por la fuerza de una coyuntura proyectada en el tiempo.

Hoy, se pretende que el tiempo venza a la organización. Hoy la sangre se prefiere al tiempo. Y se dicen peronistas…

Si la Patria es el por qué, la Nación es el qué y la República es el cómo.

¿Qué nos dice Francisco, mientras tanto? 

Nos recuerda lo bueno que es tener intercesores ante el poder mayor, justo cuando el Estado posa de víctima invulnerable.

Nos pide que gritemos más fuerte, al tiempo que nuestros representantes nos votan que si mientras en la calle gritamos que no.

Nos pide “diálogo y consenso”, en el momento en que un poder del Estado reniega de la razón ajena y le niega hasta la voz.

Nos interpela con su humildad y nos llama a ser testigos de nuestras creencias, cuando algunos huyen de su pasado por una obediencia infame.

Francisco usa el amor como templanza, no como debilidad.

¿Qué estamos esperando?