Optimizar la gestión es crear riqueza

La semana pasada pude juntarme a conversar con algunos miembros del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que se interesaron en la propuesta de desarrollar una ventanilla única para la ciudadanía en general y los emprendedores en particular.

Es necesario que el Estado esté al servicio de los ciudadanos y no al revés. Hemos escuchado muchas veces esta afirmación pero a la hora de verlo plasmado en la realidad es común encontrar que lejos de potenciar los proyectos de vida de las personas los gobiernos acostumbran generar dolores de cabeza. La inercia propia de las burocracias hace que las regulaciones tiendan a crecer y que muchas veces se agreguen trámites sin evaluar el impacto global, generando capa tras capa de trabas para las personas.

Por eso me causó una gran felicidad ver que desde la gestión de CABA estaban dispuestos a escuchar propuestas de mejora. La idea es conceptualmente sencilla, consiste en generar un único punto de relación entre el gobierno y el ciudadano a fin de simplificar los procesos, disminuyendo así costos de transacción y de información. Todos los trámites en un único lugar. Simple. Una medida de descentralización gubernamental que ya ha sido implementada en Méjico, Reino Unido, entre otros.

Claro que es más fácil proponerlo que implementarlo. Una reforma de este tipo obliga a los gobiernos a modernizar sus procesos e implementar sistemas que permitan la “trazabilidad” de expedientes y reclamos, así como un sistema de informatización de documentos para que desde un nodo de acceso la petición llegue a todos los organismos necesarios. Esta medida obliga también a los gobiernos a realizar una “guía de trámites” poniendo en evidencia, si es que existe, regulación ineficiente o excesiva. Buena parte de estos pasos ya han sido llevado adelantes en la gestión porteña por lo que estaría en condiciones de avanzar en este sentido. De hecho, podríamos decir que el proceso se ha iniciado con el programa “Mi BA, dependiente del Ministerio de Modernización, que propone “Todos tus trámites y reclamos en un mismo lugar, a un clic de distancia”.

Resulta fácil, a partir de este punto, también evaluar en qué puntos de la gestión los trámites se atrasan y se le hace perder tiempo a los vecinos, generando información útil para poder optimizar los procesos o realizar reformas.

Mientras que el sistema actual, donde el ciudadano debe ir a diversas dependencias para concluir un trámite complejo (por ejemplo abrir una empresa), con este sistema podrían iniciarse todos los trámites en simultáneo otorgándole más tiempo al ciudadano para disfrutar y ocuparse de las cosas importantes para él o ella. Contribuiría a reducir asimismo la cantidad de actividades “en negro” al simplificar la registración, permitiendo así una economía mejor integrada.

¿Cuáles son los puntos a tener en cuenta para incorporar una reforma de este tipo?

  • Infraestructura informática: deben generar un sistema de rápido acceso tanto para funcionarios como para ciudadanos. La fusión de bases de datos permite integrar los datacenter y tender a mayores rendimientos de escala disminuyendo costos y mejorando la capacidad de coordinación entre las dependencias públicas.
  • Definir estándares de intercambio de información: dado que no se podrá hacer que el ciudadano se ajuste a la medida de cada dependencia pública habrá que trabajar para homogeneizar los protocolos de transferencia y adquisición de datos. Optimizando los tiempos de procesamiento y el trabajo inter-áreas.
  • Resistencias burocráticas: una reforma de este tipo implica terminar con espacios de corrupción o de “holgura” en la administración pública. A la par que permite visibilizar procesos improductivos o innecesarios. Es dable esperar alguna resistencia de personas que tengan algún interés creado por lo que habrá que trabajar para alinear intereses.

Es una idea simple que todos nosotros podemos impulsar en nuestros distritos. Un desafío adicional será lograr la integración de trámites municipales, provinciales y nacionales. Pero más allá de la integración vertical cualquier innovación en este sentido repercutirá en una mejor calidad de vida para los ciudadanos a cambio de una inversión muy modesta de recursos públicos. Creo que es una reforma necesaria que pronto veremos implementada a lo largo y ancho del país.

Optimizar las gestiones permite que se creen más y mejores empresas, así como devolverle tiempo a los vecinos. Con una mejor gestión, ganamos todos.

 

Alquilar no es para todo el mundo

Alquilar es difícil. Cualquiera que haya querido probar suerte en la vida abandonando la casa de sus padres sabe que muchas veces conseguir un hogar no depende únicamente de tener el dinero necesario. Por la lentitud de la Justicia para resolver conflictos los propietarios buscan cuidarse tanto como pueden y eso ha generado prácticas que resultan ineficientes. El miedo nos hace tomar decisiones “caras” en términos de costos. Dichos costos se trasladan al bolsillo del joven que busca por primera vez acceder a una vivienda.

Son relativamente pocos los que tienen la suerte de contar con padres o familiares que puedan salir de garantes con una propiedad a su nombre en la CABA, como demanda la usanza comercial del rubro. Eso hace que la mayoría de las personas deban caer en un mercado extraoficial (negro) de garantías. Estos “garantes” suelen manejarse, por razones obvias, con poca transparencia y, por la falta de competencia abierta, con costos mayores que los que implicaría generar un seguro de pago.

¿Por qué no existe un seguro de pago?

En el segmento de las PyMEs el problema de la falta de “credibilidad suficiente” se intentó mediante la creación de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). Dichas entidades buscan crear una red de aseguramiento mutuo entre los distintos actores. El problema es que mientras que en el sector empresarial los beneficios asociados a la coordinación resultan positivos para los empresarios, para quienes quieran alquilar resulta al menos dificultoso coordinar con otros en su misma condición para crear una mutual o una entidad financiera que permita articular sus intereses.

Si bien lo ideal sería que una empresa o mutual tome las riendas articulando estos intereses los problemas de coordinación inicial o la falta de confianza por parte de los propietarios haría que esta empresa resulte de dudoso éxito. Una opción para resolver este problema, sería crear una línea de seguros o una SGR coordinada por alguna institución pública. Casualmente el Banco Ciudad posee un sistema de garantía bancaria aunque no está específicamente orientado a jóvenes. Por su parte, Provincia Seguros ofrece un producto similar aunque publicitariamente orientado a los jóvenes. Ambas alternativas ofrecen cobertura por un valor cercano al 1,3 alquileres. Existen alternativas como FINAER que te ofrecen garantía por casi 2 alquileres. Más allá de la proliferación de posibilidades el problema está dado por la reticencia de los propietarios de aceptar otro tipo de garantías.

En materia legislativa, Hernán Arce presentó recientemente un proyecto de ley de alquiler joven en la Legislatura Porteña que crea un programa copiando el ya existente servicio ofrecido por el Banco Ciudad, agregando y un subsidio parcial para el alquiler. Más allá del “plagio” al Banco Ciudad, llama poderosamente la atención que el Legislador promueva el “destete” antes de que la persona esté en condiciones económicas de hacerlo por sus propios medios. Si bien es cierto que el desempleo afecta a los jóvenes unas 3,2 veces más en relación a los adultos no creo que sea motivo para facilitar compromisos para los cuales todavía no están económicamente listos. Hay que dejar de promover el gasto de dinero que no se tiene a costa de los contribuyentes.

A modo de síntesis, el caso del alquiler por parte de los jóvenes nos ofrece un desafío que debemos encarar. Por un lado educando a los propietarios para que aprendan sobre la existencia de métodos alternativos de garantizar la transacción y por el otro promoviendo la creación de seguros que permitan a los jóvenes resolver de forma mancomunada el desafío de acceder a su primera vivienda.

Marchar para que los futuros candidatos tomen nota

Se viene un nuevo cacerolazo. El jueves 13 de noviembre se realizará una nueva movilización en todo el país. Tras un período de inactividad, varios de los organizadores y difusores de las multitudinarias marchas han decidido volver al ruedo anunciando una nueva fecha. En la nota “Basta de cacerolazos” hace poco más de un año planteaba que era momento para cambiar la forma de participación y creo que dicha idea sigue siendo cierta. Pero no resulta incompatible “madurar” la participación ciudadana con una movilización popular.

¿Por qué marchar?

Inseguridad: Porque la inseguridad sigue creciendo y el Gobierno Nacional se niega a hacerse cargo del problema sosteniendo que se trata de una sensación o de un tema que tiene mucho marketing. Y en lugar de dar soluciones efectivas desde el Poder Ejecutivo procura aprovechar el contexto para promover un Código Procesal Penal sin debate previo.

Inflación: Porque la inflación sigue comiéndose los sueldos y los ahorros de los argentinos y el Gobierno es el causante por financiar el déficit fiscal con emisión monetaria.

Recesión: la elevada presión fiscal, la falta de acceso al crédito, las dificultades para importar y exportar, la inseguridad jurídica, junto a otras situaciones están contribuyendo a que se frene la actividad económica mientras nuestros vecinos crecen sostenidamente. El desgobierno está limitando la capacidad de creación de riqueza de los argentinos y nos siguen dando excusas para justificar las oportunidades perdidas en esta década.

Política Internacional: Porque se siguen perdiendo a diario millones de oportunidades para los argentinos por estar de espaldas al mundo, llevando adelante una política internacional inspirada en resentimientos antes que en la búsqueda del bien común para todos los argentinos. Todo el circo de los fondos buitre finalmente lo terminaremos pagando todos los argentinos por un importe superior por el desmanejo de la negociación.

Desempleo: vienen aumentando la cantidad de despidos y cada vez resulta más difícil acceder a un nuevo trabajo. En lugar de aprovechar la conformación del Congreso que le permite realizar reformas de fondo, como bajar los impuestos al trabajo, el Gobierno contribuye a empeorar las condiciones que dificultan la posibilidad de que las personas se ganen su pan con el fruto de su esfuerzo.

Atropello a la Justicia: Este gobierno sanciona a quienes no se amoldan a sus expectativas.Si bien finalmente no prosperó la causa contra Campagnoli por parte del Gobierno Nacional o de Gils Carbó (Sugiero leer esta nota de Luis Novaresio) y también vemos la persecución a los jueces que fallaron en favor de los jubilados reconociéndoles su derecho a una jubilación digna.

Corrupción: Tanto la Fiscalía de Investigaciones Administrativas como la Oficina Anticorrupción, ambos organismos que se deberían ocupar de luchar contra la corrupción, han sido desmantelados por el kirchnerismo robándonos a los ciudadanos de instrumentos para protegernos del abuso de quienes nos gobiernan.

Intolerancia: el desprecio a todo aquel que piensa distinto sigue vigente y lejos de cumplir el mandato constitucional de aspirar a la “Unidad Nacional” se ha promovido la polarización entre los argentinos como una forma de construir poder y capital político. Se enriquecen en la lejanía entre los argentinos.

Ataques contra la libertad de expresión: la ley de medios lejos de garantizar la pluralidad de voces sirvió para que el Gobierno Nacional atacase a medios opositores mientras hacía crecer la cantidad de medios afines. Sin ir más lejos se ha intentado aplicar la inconstitucional ley antiterrorista contra periodistas cuyo crimen era informar.

Abusos: continúan los abusos fruto de la soberbia que derivan en una gestión ineficiente e irresponsable de los recursos públicos. Los atropellos vinculados a Aerolineas Argentina y sus competidores siguen persistiendo.

Estos son sólo algunos de los puntos para protestar. Podrán estar de acuerdo o no con ellos o tener otra lista, pero lo cierto es que resulta importante aprovechar este momento para hacer valer nuestra voz y decir lo que queremos que cambie para que los futuros candidatos tomen nota.

La semilla del cambio está sembrada

Todos estuvimos alguna vez en un armario o en un closet. Estar en el closet no es sólo cuestión de tal o cual orientación sexual, sino de todos aquellos que tenemos una noticia difícil de transmitir o una verdad difícil de contar: un embarazo, una enfermedad, un fracaso profesional o académico, el malestar en la pareja, entre otras cosas.

No hace falta ser creyente para valorar la grandeza del último gesto del Papa Francisco. Ya en junio de este año había presentado el documento de trabajo para el Sínodo donde interpelaba a la Iglesia a abandonar su posición de juicio y se abriera a acompañar a la comunidad proponiendo, no imponiendo, un modelo de vida acorde a la voluntad de Dios. El instrumento de trabajo para el Sínodo resultó de un cuestionario que el Vaticano envió a los episcopados de todo el mundo con 39 preguntas para poder entender qué temas preocupaban hoy a las congregaciones en las distintas partes del mundo. Naturalmente surgieron cuestiones vinculadas a las familias “irregulares” (ensambladas, convivientes, singles, homosexuales), es decir todas aquellas que no se adecúan a la visión naturalista de la Curia Romana.

Tras el Sínodo los puntos relacionados a los homosexuales y a los divorciados no alcanzaron la mayoría especial de ⅔ necesaria para su aprobación pero obtuvieron una cantidad de votos superior a la mayoría simple. Que más de la mitad de los obispos haya estado dispuesto a votar en favor de una mirada misericordiosa hacia quienes no se adecúan a la norma tradicional habla de un cambio de época que, aunque todavía no tenga la fuerza suficiente para imponerse, ya se puede palpitar. La Iglesia salió de su closet del silencio y de los apriorismos absolutos para poner en discusión temas de actualidad que afectan a personas concretas en el presente. Quizás el resultado no haya sido el que algunos reformistas esperaban, pero la semilla del cambio ya se sembró.

Para entender por qué resulta insensato pretender un cambio radical e inmediato quizás convenga realizar una breve analogía entre la Ley Cristiana y la Ley Secular. Resulta que el dogma cristiano, al igual que cualquier otro dogma, se mantiene vivo a través de sus instituciones, de sus repeticiones, de sus gestos y para entender su evolución bien puede compararse la situación con la evolución del derecho constitucional. Después de todo, la Biblia es la Constitución de los cristianos.

Durante muchos años en el mundo jurídico se vivió con la pretensión o la aspiración de que se trataba de un sistema perfecto, cerrado, del cual sólo restaba derivar sus conclusiones. Se tomaba a la Constitución como la piedra fundamental estática a partir de la cual se podían conocer a priori lo Justo y lo Injusto, lo recto y lo desviado. Lo cierto es que con el tiempo se pasó a tener una visión dinámica de su texto que mutaba según las circunstancias históricas y políticas del momento. Esta visión dinámica de la constitución permitió a los juristas ir modernizando a partir de la interpretación circunstanciada el texto legal sin la necesidad de ir a una reforma constitucional. Siendo que la Biblia no se puede reformar parece ser que el método de actualización dinámica es la forma de ir adaptando al Dogma a los nuevos tiempos.

La Iglesia está cambiando. Que la mayoría de los Obispos no se haya mostrado asqueado por una mayor apertura nos indica que la composición de la Iglesia se ha alejado del conservadurismo. Recientes estudios de Inbar, Pizarro, Iyer y Haidt muestran que nuestra propensión a ser asqueados guarda relación con nuestra ideología política, nuestra forma de votar y la tolerancia al autoritarismo. Una iglesia menos repulsiva nos habla también de una Iglesia que probablemente se incline a encarar nuevos desafíos en otras áreas. Pero hay que ser pacientes.

Los cambios institucionales llevan tiempo. A veces hacen falta varios intentos fallidos para ir generando clima, para sembrar la duda, para ir provocando el cambio de época. La decisión del Vaticano de poner al divorcio y a las parejas homosexuales en debate implica haber salido del clóset. Confío en que no falta tanto para que la institución se modernice abandonando el espíritu inquisitivo para abordar con misericordia las diferencias.

Mejorar la educación con vouchers

“Todos  los   problemas  son  problemas  de  educación.”

Domingo F. Sarmiento

​Solemos confundir público con estatal como si se tratasen de conceptos iguales. Nos hemos acostumbrado a considerar que algunos servicios esenciales como salud y educación deben ser brindados por el Gobierno tanto en su financiamiento como en su ejecución. Es posible separar estas dos instancias para poder pensar un sistema que mejore la respuesta de los gobiernos para brindar estos servicios.

Partiendo del supuesto que es responsabilidad del Gobierno garantizar el acceso a estos servicios vale preguntarnos primero: ¿cómo se financian? Si bien existen múltiples formas de hacerlo podríamos agrupar las posibilidades en dos grandes grupos: uno donde los esfuerzos están dirigidos a financiar la oferta y otro donde se privilegia financiar la demanda. Dicho de otra manera, un modelo donde se inyecta el dinero de arriba hacia abajo (financiando de manera directa a las entidades educativas) y otro donde se inyecta el dinero desde la base (financiando a los padres y a su elección).

Esta idea no es nueva. Milton Friedman en Capitalismo y Libertad la propuso allá por 1955: “El sistema que tendría más justificación sería una combinación de escuelas públicas y privadas. Los padres que decidieran llevar a sus hijos a colegios particulares recibirían del Estado una cantidad igual a la que se calcule como costo de educar a un niño en la escuela pública”. Este sistema tiende a garantizar la igualdad de oportunidades de una manera más efectiva que el sistema de financiamiento de la oferta dado que obliga a los colegios a competir por satisfacer a las exigencias de los padres y de la sociedad alineando incentivos para garantizar una mayor eficiencia empoderando a los padres.

Al financiar a los estudiantes les damos a los padres la libertad de elegir los colegios basándose en sus preferencias y necesidades rompiendo así con un sistema que actualmente no está orientado a la satisfacción de las necesidades de los estudiantes. Los resultados de las pruebas PISA que acreditan una caída en la calidad educativa ponen en evidencia que mayor gasto público destinado a educación no garantiza un mejor nivel educativo. Además, a pesar del aumento del gasto per capita en educación se ha verificado una migración de estudiantes de escuelas públicas a privadas (salvo en la CABA cuya tendencia es inversa).

Chile lidera la región en términos de calidad educativa y ha logrado reducir significativamente su brecha educativa entre los sectores más ricos y los más pobres de la educación mejorando así su nivel de equidad educativa.

Desde 1992 en Suecia rige un sistema de vouchers que, según cuenta Edgardo Zablotsky vicerrector de UCEMA y especialista en la materia: “para calificar para el programa, las escuelas tienen que ser aprobadas por el organismo gubernamental de contralor, cumplir con los requisitos del plan de estudios nacional y no pueden seleccionar estudiantes sobre la base de su status socio-económico o étnico”.

Una mejor educación nos garantiza una sociedad con menos brechas de ingresos entre los trabajadores, con mayores oportunidades de desarrollo para si mismo y para el país y, en definitiva, con mayores opciones para las personas a la hora de elegir el rumbo que tomará su vida para buscar la felicidad.

Claro que esta reforma no basta por si sola para garantizar una mejorar calidad educativa, pero al menos permite orientar de manera más efectiva los intereses de las familias, los estudiantes y los institutos educativas permitiéndole a su vez a los burócratas enfocarse más en controlar la calidad  antes que en la provisión directa del servicio.

Aprovechar las oportunidades que ofrece la juventud

¿Qué se te viene a la mente al pensar en la juventud?

Yo la asocio con deseo, pasión, desborde. Representa esa etapa de la vida donde quebramos con la autoridad vertical impuesta por una familia o comunidad y nos atrevemos a andar por nosotros mismos. Hay una rebeldía necesaria que forma parte de conocerse a uno mismo y de distanciarse de lo heredado o lo dado para elegir con qué bloques construirse a si mismo.

Esta rebeldía inicial, tan necesaria para conocerse y para ser autor de uno mismo como un ensayo encierra dos posibles problemas: quedar encerrado en un bucle de anarquía eterna o vivir con el temor de desafiar las reglas, sacralizándolas y viviendo eternamente esclavizado. Jaime Barylko resaltaba la importancia de cuestionar las reglas pero que luego debíamos asumir el desafío de seleccionar con qué reglas habríamos de regirnos.

La juventud, entendida como esta etapa de flexibilidad, de replanteo y de duda si bien comienza con la emancipación de uno con sus padres bien puede extenderse por el resto de la vida como una sana posición crítica ante los acontecimientos. Esta posición juvenil durante el resto de la vida podría ser lo que solemos llamar librepensamiento. Podemos afirmar que durante un breve período en la vida todos tenemos una mayor propensión a ser librepensadores.

De chico pocas cosas me sacaban más de quicio que mi papá me dijera “cuando seas grande vas a entender” o a los profesores tratando de sancionarme por alguna arbitrariedad. Desde el primario me negaba a aceptar que las reglas valían “porque sí”. Hoy, varios años después sostengo una forma crítica de relacionarme con las cosas. Aunque debo admitir que el espíritu crítico y la política no suelen llevarse bien. Muchos de mis fracasos están vinculados a querer sostener esa singularidad más allá del límite de tolerancia de algún poder sancionador.

Hace relativamente poco tiempo acepté la invitación a sumarme a una estructura juvenil (la juventud de Unión PRO) y debo reconocer que contra mi escepticismo ofreció múltiples recompensas. Sirvió para conformar redes de amigos y contactos, desarrollar técnicas de liderazgo y management, crecer como persona e intercambiar ideas. Ahora, en perspectiva, entiendo la importancia que tienen los espacios de juventud para ayudar a desarrollar el potencial de los jóvenes. En política es común ver que se esgrima a la “antigüedad” como un valor para trabar el ascenso de los más jóvenes. Desplazando así cuestiones tanto o más importantes como el esfuerzo o la capacidad.

Como contracara, hay cierto fetichismo en los jóvenes que piensan que hay alguna virtud intrínseca en tener pocos años con el que estoy en desacuerdo, no posee valor por si mismo. Ser joven tiene valor en potencia, y ésta radica en la posibilidad de aprender del error y trabajar para mejorar lo hecho por las generaciones pasadas. Podemos ser instrumentos para construir un futuro mejor o anclas al progreso. Pero hay pocas cosas más peligrosas que pensar que nos merecemos algún trato preferencial por el mero hecho de tener pocos años.

A la posición rebelde de la juventud que replantea límites se le opone la versión que copia con liviandad e inexperiencia a “los adultos” con un estilo más “cool” o canchero. Esta obsecuencia contribuye a reforzar patrones de dominación mientras le otorga algunos beneficios a quienes se adecúan a las reglas impuestas por otros.

La juventud puede ser con su pasión y su espíritu crítico un motor de transformaciones fenomenales como lo fueron los estudiantes que llevaron adelante la Revolución de Terciopelo en Checoslovaquia llevando al fracasado partido comunista al final de su tiranía o la gloriosa juventud universitaria que en nuestro país llevó adelante la Reforma Universitaria de 1918 y cuyo espíritu quedó retratado en el Manifiesto Liminar que mediante la pluma de Deodoro Roca ilustró la lucha por la libertad de la juventud ante la esclavitud intelectual. Ambos ejemplos del poder transformador de la juventud.

Aprovechar las oportunidades que ofrece la juventud depende de todos nosotros. No sólo de “nosotros” los jóvenes, si no también de todos aquellos que día a día contribuyen a nuestra formación y desarrollo personal y profesional.

#Ñoquicracia: plaga política

“Es el primer deber de todo ciudadano cuestionar a la autoridad”

Benjamin Franklin

El otro día decidí ver el acto de Máximo Kirchner y reconozco que sentí una combinación de pena y admiración. Pena porque transmitió un mensaje con claro espíritu de derrota, pero a pesar de eso la admiración que merece el esfuerzo de lucha de quien está vencido. Claro que es difícil definir hasta dónde se trata de una proeza y dónde empieza a ser una necesidad psicológica de negar el porvenir y cerrar filas para evitar panquequeadas o buchoneadas.

El acto me hizo reflexionar además acerca de los ñoquis. El principal problema del sistema político argentino es el apalancamiento gubernamental de la actividad político-partidaria. Se emplean millonadas de recursos de los contribuyentes para impulsar tal o cual propuesta política, financiar militantes, espacios en medios y compensar favores aumentando innecesaria e improductivamente la burocracia y el gasto público en el proceso.

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Hay que eliminar el impuesto a los IIBB

Todos los impuestos son peligrosos, algunos son más peligrosos que otros. Hay cuatro preguntas obligatorias que debemos hacernos al hablar de impuestos: ¿Cuánto se cobra? ¿Cómo se cobra? ¿A quién se le cobra? ¿Por qué se le cobra? Argentina presenta la peor combinación posible: hay una altísima presión tributaria (más del 50% de tu sueldo se lo lleva el Estado), hay muchos impuestos distorsivos y procíclicos (que afectan negativamente la economía afectando conductas productivas), es un esquema regresivo (donde pagan más los pobres que los ricos) y se cobra fundamentalmente para sostener un aparato político antes que para beneficiar a los argentinos.

Hay pocas cosas más distorsivas en el mundo económico que el impuesto a los ingresos brutos (IIBB). Básicamente, consiste en un impuesto por facturar independientemente de que la empresa gane o pierda plata en un territorio determinado. Es un freno de mano en cualquier economía. Lo más cercano a un impuesto a respirar, en términos empresariales. Además, tanto el impuesto de sellos como el de ingresos brutos son impuestos procíclicos que generan fuertes incentivos para que el gobierno tienda a adoptar una estructura operativa sobredimensionada que luego resulta difícil de sostener.

Hubo un momento de grandeza intelectual en nuestro país que culminó en el Pacto Federal Para el Empleo, la Producción y el Crecimiento, sancionado por el decreto 14/94, que planteaba la eliminación progresiva del impuesto a los IIBB, entre otras cosas importantes, como la disminución del IVA al 18% y la eliminación del impuesto de sellos. En la mayoría del mundo, el impuesto a los IIBB ha sido reemplazado por el IVA. En nuestro país eso estaba previsto que pase a mediados de los setenta, pero en Argentina los impuestos son mimosos: una vez que llegan no se quieren ir más.

Lamentablemente, los esfuerzos por avanzar hacia un esquema tributario más eficiente terminaron fracasando debido a la ley más destructivas del país: la ley de coparticipación federal. Las fallas del federalismo fiscal llevan a un pacto nefasto entre la administración central y las provincias forzando que estas deban financiarse con impuestos distorsivos e ineficientes como el impuesto a los sellos o a los IIBB redundando en un aumento general de impuestos además de una desaceleración de la economía e informalidad.

A pesar de sus efectos distorsivos, debemos entender que no hay posibilidad de renunciar a este impuesto hasta tanto no se redefina el sistema tributario en general. Por ejemplo, el presupuesto de la CABA se sostiene en un 91% por ingresos recaudatorios propios y sólo en un 9% se sostiene por la coparticipación federal. De ese porcentaje, aproximadamente el 70% depende del impuesto a los IIBB. Para poder pensar en una reforma tributaria que no implique redefinir la forma en la que las provincias se financian.

Una solución posible sería permitir que cada provincia establezca una sobretasa provincial sobre el IVA como reemplazo a los IIBB, es decir, permitir que cobren un plus sobre el IVA. Este impuesto sería menos distorsivo y generaría una transferencia automática hacia el fisco provincial. Otra posibilidad sería modificar el funcionamiento de la coparticipación haciendo que la plata que les corresponda se transfiera de manera automática (y no discrecionalmente como ocurre hoy) y aumentando los fondos que se distribuyen entre las provincias disminuyendo el porcentaje de la administración central mientras se eliminan los impuestos más perjudiciales.

En ambos casos se aliviaría al sector productivo, permitiendo recuperar algo la actividad económica en blanco y ampliando la base impositiva. Esto es importante dado que, mientras los ingresos del Estado dependan tan abrumadoramente de ciertos impuestos, bajar la presión tributaria nunca será una posibilidad política.

Todo este debate sobre el esquema tributario no nos exime de dar el debate complementario de cómo se gastan los fondos públicos y en qué se gastan. Es necesario fomentar un gasto público moderado, responsable y transparente con el consumidor. Más allá de cómo se ejerce, hoy la presión fiscal es insoportable y resulta necesario un acuerdo de toda la sociedad que nos permita abandonar un modelo que sólo puede garantizarnos el camino al fracaso.

Necesitamos un nuevo pacto y creo que es deber de todos los actores políticos tomar responsabilidad sobre el hecho de que los impuestos excesivos representan pérdida de oportunidades para el país. Trabajemos juntos para tener un pacto tributario que permita el desarrollo económico del país sin descuidar las necesidades comunitarias, trabajemos en conjunto más allá de los espacios políticos.

Pasemos del baldazo a la ley

Internet tiene una capacidad maravillosa para volver visible lo invisible. Hace pocas semanas una ingeniosa campaña conocida como el #IceBucketChallenge (Desafío del balde de agua helada) puso en el centro de la web a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y desató una reacción viral que hizo que artistas, políticos y miles de ciudadanos se sumaran al desafío del balde para generar conciencia y promover las donaciones para ayudar a las asociaciones vinculadas a esta enfermedad. Por sus características, la ELA es considerada una enfermedad poco frecuente (EPF) dado que afectan a “pocas” personas con una prevalencia inferior o igual a 1 persona cada 2.000 habitantes.

Más allá de la repercusión mediática de la campaña, a mi me toca de cerca dado que uno de los miembros de mi equipo, Edgardo Marano, posee una EPF llamada mielomeningocele que, como la mayoría de ellas, posee un origen congénito. Edgardo lucha hace años con la obra social Unión Personal para que le provean la silla de ruedas modelo Sauerbruck que necesita para poder desenvolverse. La Obra Social del personal civil de la Nación viene presentando todo tipo de excusas para eludir su responsabilidad.

El problema es que, si bien Edgardo se encuentra amparado por las leyes de discapacidad y la obra social estaría obligada en virtud de la misma (y vamos a hacer que cumpla), existe un bache jurídico al que las empresas de medicina prepaga suelen recurrir para evitar cubrir los diagnósticos, tratamientos, medicamentos y tratos que requieren las personas con EPFs. El asunto radica en que si bien a mediados del 2011 se sancionó la ley de enfermedades poco frecuentes, desde entonces la misma no posee reglamentación y por ende carece de aplicabilidad.

Por vía de esta omisión reglamentaria, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y en particular el Ministerio de Salud, a carg del Dr. Luis Mansur, le privan a una gran cantidad de familias (aprox. 3,2 millones de personas) la posibilidad de recibir la atención que requieren. Ya pasaron casi tres años y seguimos sin respuesta. Es increíble que habiendo tanta gente afectada por EPFs el Gobierno Nacional aún especule con la necesidad de familias que no logran alcanzar la masa crítica suficiente para poder defenderse y reclamar la reglamentación como corresponde, aunque hay que destacar la labor de la Federación Argentina de Enfermedades Poco Frecuentes (FADEPOF).

Por ese motivo hemos decidido tomar cartas en el asunto haciendo todo lo que esté en nuestro poder para lograr la reglamentación. Hicimos a pedido de Edgardo un video para concientizar, recurrimos a los Diputados y Legisladores de Unión PRO para que emitan declaraciones y tomen el tema como prioridad, presentaremos un pedido de acceso a la información pública para conocer por qué hay millones de argentinos que aún no acceden a los derechos que la ley le reconoce, iremos de visita al Ministerio de Salud a la brevedad e iremos escalando los métodos de reclamo. Entre todos podemos sacar esta ley adelante.

Ya generamos conciencia. Ahora generemos justicia.

 

¿Liberales de izquierda?

El liberalismo es una corriente política tan rica y diversa que sus expresiones llegan incluso a contradecirse. Quisiera dedicar algunas líneas para responderle a Alberto Benegas Lynch (h) por su nota “Liberales de izquierda,” donde intenta dar cuenta de esta escuela de pensamiento y creo deja margen para algunas explicaciones adicionales.

“Al final, ¿qué es ser un liberal?” así se llama la nota de Mario Vargas Llosa que procura responder la pregunta afirmando, entre otras cosas, que “para los liberales no hay verdades reveladas. La verdad es, como estableció Karl Popper, siempre provisional, sólo válida mientras no surja otra que la califique o refute”. Sin entrar en el debate epistemológico que nos habilita Popper, quisiera hacer énfasis en la demanda de humildad que se nos exige por ser portavoces de esta escuela que se hizo grande dudando de los postulados absolutistas y mediante la búsqueda insistente de las luces con una finalidad clara: la búsqueda de la felicidad. Smith mismo planteaba que “ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si en ella la mayor parte de los miembros es pobre y desdichada”.

Rodolfo Alonso en Página/12 recuerda la afirmación de León Trotsky: “El liberalismo fue, en la historia de Occidente, un poderoso movimiento contra las autoridades divinas y humanas, y con el ardor de la lucha revolucionaria enriqueció a la vez la civilización material y la espiritual”. En síntesis: contrahegemónicos. Fuimos los impulsores de un marco de oportunidades para todos aquellos dispuestos a trabajar promoviendo el intercambio de ideas y la multiplicidad de perspectivas. Habíamos logrado soñar un sistema que creciese a partir de las diferencias.

La pretensión de las luces pronto se encontró con las pasiones humanas y los sistemas pensados para promover la diversidad se convirtieron en bastiones conservadores de oligarquías. No lograron adaptarse a tiempo a las demandas sociales y pusieron al liberalismo de espaldas a los ciudadanos protegiendo intereses sectoriales. Renegaron de la inclusión política y la seguridad y permitieron que el populismo ganase terreno levantando reclamos sociales mientras impulsaba modelos económicos ineficientes o autodestructivos. La miopía conservadora dio lugar a la emergencia de los demagogos.

Los costos que algunos pueden estimar como ineficiencia, otros consideramos que son las condiciones de posibilidad para la existencia de una democracia republicana y liberal sostenible en el tiempo. Todo sistema político posee costos de transacción asociados en función de la cantidad de personas que posean capacidad de veto o voto. Cuanto más atomizado esté el poder, será mayor la cantidad de personas que habrá que satisfacer para sostener determinado esquema normativo.

Considerar que las normas jurídicas se sustentan mediante algún mecanismo mágico ajeno a la voluntad popular o mayoritaria es una ilusión o un deseo. En una democracia, las reglas de juego se sustentan logrando el apoyo de la mayoría de los sufragantes o actores. Es el desafío de los liberales compatibilizar las ideas de la libertad con propuestas viables que permitan la transición hacia modelos cada vez más eficientes que garanticen el máximo de felicidad para las personas con la menor cantidad de fuerza posible.

Mario Vargas Llosa

Es cierto que la libertad es indivisible: la libertad económica sin libertad política es inviable y viceversa. Una sociedad que no le permita a sus ciudadanos elegir su propio camino a la felicidad e internalizar los beneficios de sus decisiones acertadas fomenta el statu quo. También es cierto que si no garantizamos las condiciones suficientes para que las personas puedan competir pronto nos quedaremos sin libertad. No es menor que algunos de los liberales más políticamente exitosos como Erhard en Alemania hayan apostado a pensar un modelo que compatibilizara el bienestar para todos con un esquema de incentivos basado en la competencia, la libertad de elegir y la búsqueda de la estabilidad sistémica. No reniego de que existe una tensión inevitable que vuelve inestable al sistema político y que siempre hay riesgos latentes, pero así es la política. Hay que construir y renovar los consensos diariamente.

Creo en el mote de liberal de izquierda como forma de diferenciarse de ese liberalismo que tiene todas las respuestas, dogmático, que puede tomar decisiones y juicios morales en abstracto. En una entrevista del filósofo Luis Diego Fernández a Guy Sorman, el autor francés plantea justamente que “el liberalismo es una visión experimental de la vida, es una filosofía que no pertenece a un partido político ni a un líder”. Casualmente plantea que “En el caso de la Argentina, trato de convencer a los jóvenes que dejen de leer a esos intelectuales liberales latinoamericanos bizarros y manipuladores. No sé de dónde viene eso, quizá de la influencia del catolicismo, de ahí viene el dogmatismo”.

Prosigue: “¿Cuál es el régimen político que ayuda a la prosperidad y felicidad de la gente? No es una aproximación doctrinal sino experimental, ver qué funciona y qué no funciona. No hay liberalismo doctrinario, no partimos de un libro sino de la realidad”.

Han cuestionado el rigor científico de esta escuela diciendo que no posee una autonomía sustancial respecto al liberalismo y que sólo enfatiza ciertos aspectos. Sin embargo, esos aspectos entiendo son suficientes para marcar una diferencia. La característica fundamental del liberalismo de izquierda es su posición crítica ante el pensamiento dogmático, la apertura a las verdades contradictorias que aparecen en la visión de Isaiah Berlin o del último Rawls. Le sumaría como característica adicional que piensa al poder y lo incluye en su análisis. Eso hace inevitable que se piense en la libertad positiva, en sus límites, su alcance y sus riesgos.

La libertad es inestable y conflictiva. Es una búsqueda constante que debemos emprender a diario en nuestro interior y que luego debemos llevar con la humildad de quien porta creencias y verdades parciales al debate político. Sin embargo, no debemos confundir humildad con vergüenza o temeridad, aspiremos a tener la mayor solidez posible para impulsar un sistema que conjugue felicidad, bienestar, perdurabilidad y libertad.