Gane quien gane, ganamos todos

La decisión de la Coalición Cívica y de la Unión Cívica Radical de formar junto a Unión PRO una coalición que represente el Cambio que más del 70% de la sociedad demanda resulta auspicioso para el futuro de nuestra país. Hace casi un año escribí acerca de la necesidad de conformar este frente electoral y hoy los hechos acompañan aquellas expectativas.  Más allá de los distintos enfoques que pueda haber entre las tres fuerzas, lo cierto es que cualquiera de ellas trae algo que nuestro país necesita: estabilidad, seguridad y respeto a las instituciones.

En cuanto a la Ciudad de Buenos Aires, la semana pasada escribí sobre las internas que se llevarán adelante entre Cristian Ritondo, Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. La nota generó algunos reproches por parte de quienes no logran abstraerse de sus preferencias y son incapaces de pensar un proceso político desapasionadamente. Pensar nuestro contexto nos ayuda a curar heridas y nos cuida de cometer excesos. Creo que esta interna, tan novedosa, requiere que se la piense y quienes estamos dentro podemos contribuir con nuestras plumas a disminuir la angustia. No escribo a favor de ninguno de los candidatos. Reflexiono sobre lo que nos pasa, quizás así podamos manejarnos un poquito mejor.

Entiendo que no todos están contentos con cómo vienen dándose las cosas. Las reacciones de los voceros kirchneristas no se hizo esperar. El malestar que hoy se ve en varios de los actores del Gobierno Nacional es fruto de la inseguridad que proyecta el gran frente conformado. La inseguridad fundada en que la burocracia no cuenta con la independencia suficiente para que su suerte no dependa de quién sea la cabeza política del Gobierno. La falta de independencia burocrática deteriora la calidad democrática y hace que más allá de programas o visiones de gobierno muchas personas participen en una campaña por su subsistencia o continuidad laboral. Vale aclarar que la seguridad no puede venir sin exigirles que los puestos laborales se cubran por concurso, que el trabajo resulte auditado y se oriente la gestión al logro de objetivos que tengan al ciudadano como principal beneficiario y no sólo a grupos de interés.

La Argentina que viene nos ofrece grandes oportunidades para asentar las bases del Cambio necesario para promover el progreso en nuestro país. La meritocracia es uno de esos cambios fundamentales que necesitamos para que el Estado esté verdaderamente al servicio de los ciudadanos. Si logramos levantar juntos esa bandera, gane quien gane, ganamos todos.

La conquista de Michetti

Hace pocos días conversaba con un consagrado dirigente político sobre los procesos de internas. Dicho sujeto consideraba que la competencia entre diversas listas era propia de la “vieja política” y que lo “nuevo” era ponerse de acuerdo y resolver entre los aspirantes las diferencias constituyendo una lista única. Esta definición me hizo ruido y motiva la columna de hoy: ¿pertenecen las internas a la nueva o a la vieja política?

Siempre me sentí inclinado a promover la democracia dentro de las organizaciones. Por pura casualidad, durante mi adolescencia formé parte de la red internacional de jóvenes líderes llamada AIESEC, reconocida por la certificadora internacional Worldblu como una de las organizaciones más democráticas del mundo. La misma renueva anualmente de manera integral todos los puestos de liderazgo. En palabras de la certificadora, lo que define que una entidad sea democrática es que el sistema de organización se base en la libertad en lugar del miedo y el control. Esto es lo que permite amplificar las potencialidades del potencial humano.

Las organizaciones tienen una inercia hacia el conservadorismo. Quienes las lideran tratan de evitar que haya procesos que puedan cuestionar o rivalizar el orden que plantean por cuestiones de subsistencia de lo construido o de si mismos. En este marco es habitual ver que hay organizaciones con procesos formales de elecciones donde en realidad nadie rivaliza la distribución de poder y se replica incesantemente la voluntad de una persona o camarilla cumpliéndose así la máxima gatopardista: “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. Las internas representan la posibilidad de cuestionar efectivamente el orden coyuntural, el statu quo y permiten introducir innovaciones dentro de la organización.

La verdad es que la dicotomía “vieja” y “nueva” política empobrece el debate. Prefiero pensar qué instituciones garantizan una mayor democracia y un mayor desarrollo del potencial humano en libertad. Y en ese contexto creo que las elecciones internas libres son fundamentales para poder aspirar a una mejor calidad democrática.

Recuerdo que cuando me convocaron a formar parte del equipo nacional de juventud de Unión PRO hablé con el Presidente, Gustavo Senetiner, y coincidimos acerca de la necesidad de garantizar un proceso de elecciones libres y transparentes donde más de una lista pueda presentarse. En consonancia con eso, este año entre junio y noviembre la juventud nacional irá a elecciones internas para definir a sus representantes entre más de una opción. Estableciéndose así un excelente precedente.

Hay que destacar que esta práctica democrática ha sido aprovechada en el pasado por UNEN en la Ciudad de Buenos Aires y le sirvió al espacio para oxigenar a sus candidatos y visibilizar sus propuestas. Como estrategia electoral creo que ha quedado claro que una mayor cantidad de actores en pugna contribuye a mejorar las chances de éxito de un espacio y permite resolver contradicciones o diferencias de una manera ordenada. En esta línea creo que se inscribe la estrategia de Mauricio Macri a nivel nacional fomentando una PASO con Carrió y con Sanz.

Por otra parte Gabriela Michetti sostuvo su intención de ser candidata a Jefa de Gobierno contra viento y marea. Junto a Ritondo y Rodríguez Larreta disputarán en las PASO porteñas la prioridad de Unión PRO para ser el candidato de Unión PRO. Independientemente de quien gane la elección, y de las preferencias que cada uno de nosotros pueda tener sobre los pretendientes, la insistencia de Gabriela establece un excelente precedente de democracia interna dentro del espacio. Sin ánimo de exagerar, es la primera interna  de peso que existe en la historia de la fuerza liderada por Mauricio Macri. De hecho, logró extender la interna a la categoría de comuneros permitiendo una mayor oferta electoral para los porteños.

Si bien es entendible el enojo de algunos dirigentes por su decisión de competir, lo cierto es que es síntoma del crecimiento del espacio y un PASO en la dirección correcta: es válido que más de una persona aspire a un mismo puesto y debe poder competir por lo que quiere. Después de todo, ¿cómo podemos esperar calidad democrática si no tenemos democracia plena hacia dentro de las estructuras que definen a nuestros representantes?

Nos espera un año lleno de oportunidades para poder elegir e influir en el destino de nuestras ciudades y de nuestro país. Todos nosotros podemos hacer una diferencia con nuestra participación para asegurarnos de que gane el mejor.

Luis D’Elía y los difamadores seriales

Hace algunos días vi circulando en distintas páginas kirchneristas una foto que pretendía vincular a la diputada Patricia Bullrich con el ex asesor informático de Alberto Nisman, Diego Lagomarsino. Si bien la imagen era apócrifa, se viralizó rápidamente y recibí varios avisos de amigos y conocidos advirtiendo que se me estaba confundiendo con el colaborador del difunto fiscal. Lamentablemente mis advertencias a quienes posteaban el contenido mentiroso no fueron suficientes para que bajaran las publicaciones y las acusaciones se propagaron por la red más allá de su falsedad.

Algunos días después del inicio de la confusión un periodista amigo me llama avisándome que el piquetero Luis D´elía había utilizado la foto en cuestión para impulsar un ataque contra Patricia Bullrich. Para que la foto sea menos nítida el operador subió una versión fuera de foco para que no se note la mentira. Siendo que no es la primera vez que el operador kirchnerista sospechado de dirigir la embajada paralela con Irán difunde información errónea o falsa que me afecta de alguna manera. Esta vez decidí responderle y el intercambio tomó relevancia muy por encima de mis expectativas. Continuar leyendo

La marcha más grande de la democracia

El miércoles 18 de febrero se realizará la movilización más importante de la historia argentina. Lo de importante va por partida doble: estoy seguro que habrá más personas que en cualquiera de las anteriores y, a su vez, nunca hubo un tema de tanta gravedad e importancia institucional como la muerte en circunstancias sospechosas del Fiscal Nisman, encargado de investigar a Cristina Kirchner y otros miembros de su Gobierno por el encubrimiento de los responsables del atentado a la AMIA.

Si bien al comienzo se lanzaron diferentes convocatorias logramos consensuar que la movilización será el 18-2 arrancando a las 18hs en el Congreso de la Nación marchando hacia Plaza de Mayo para estar allí a las 20hs. En el resto del país los puntos de encuentro son los habituales. Continuar leyendo

La transparencia y el doble discurso kirchnerista

Uno de los últimos discursos de la Presidente procuró poner el problema fuera del área del Gobierno denunciando conspiraciones, corporaciones y la falta de transparencia de los otros poderes del Estado. Paradójicamente el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha sido uno de los que menos ha hecho en favor de la transparencia.

La mayoría de los países de la región ya cuentan con una ley de acceso a la información pública. Más allá del permanente discurso de democratización, el Gobierno ha eludido los proyectos de ley que se presentaron en el Congreso de la Nación para reglamentar el acceso a la información pública, herramienta fundamental para la investigación ciudadana y periodística para poder auditar al Poder y luchar contra la corrupción. Si bien cabe destacar el decreto 1172/03 sancionado por Néstor Kirchner que habilita la posibilidad de acceder a cierta información dentro de la órbita del Ejecutivo, el mismo resulta insuficiente para otorgarle al ciudadano el debido y suficiente resguardo.

El tema tuvo múltiples oportunidades de salir adelante: 2004, 2010 y 2014. Sin embargo, en ningún momento prosperó aun teniendo el kirchnerismo mayoría automática para sancionar cualquier ley sin siquiera generar un debate (metodología que el oficialismo ha optado por utilizar en proyectos importantes como el código procesal penal). Si bien el tema da para largo, prefiero no entrar en particularidades de los distintos proyectos sobre legitimación pasiva (quienes serían sujetos obligados a tener que brindar información). Lo que está claro es que, teniendo la posibilidad de resolver la controversia y optar por una opción, ha decidido abandonar el debate y dejarnos sin la tan necesaria ley. Ni debate, ni decisión unilateral. Ninguna ley.

En los hechos, el Gobierno Nacional ha atentado contra la información pública procurando resguardar los datos en sede judicial. Sin ir tan lejos en octubre del año pasado la Corte Suprema de Justicia rechazó el recurso extraordinario interpuesto por el Estado Nacional y dejó firme una sentencia de Cámara que condenaba a la IGJ a brindar información sobre empresas y sociedades vinculadas al caso Ciccone. Lo hizo por un amparo presentado por Gil Lavedra con el patrocinio de la Asociación por los Derechos Civiles.

Ahora, mientras se niegan a sancionar leyes de acceso a la información el público utilizan su influencia y posición privilegiada para difundir información de privados. El caso más reciente es el escrache del Gobierno Nacional al periodista Damián Pachter, compartiendo públicamente información privada sin ninguna ley que lo habilitara. Es una demostración de un Estado policíaco, fascista que viola garantías constitucionales con tal de generar un golpe de efecto mediático. Es de una miseria impresentable.

Niegan la posibilidad de que los ciudadanos controlemos y vigilemos al Gobierno pero se han esmerado en crear una agencia de inteligencia paralela en manos del militar Milani, ha avanzado ilegítimamente sobre la ciudadanía con el Proyecto X y ahora pretende crear una nueva agencia de inteligencia para ordenar la manera en que deben observar a los ciudadanos.

Sin embargo, de la posibilidad de que los ciudadanos controlemos a los funcionarios públicos, ni noticia. Esto es el kirchnerismo, una corporación que procura acumular tanto poder como sea posible, violando tantas reglas como haga falta y con el menor control posible por parte de los ciudadanos.

Los límites del multiculturalismo

El atentado a la revista Charlie Hebdo ha puesto en relieve algunos de los límites del multiculturalismo que hoy es, en general, el paradigma que gobierna la política interior de la mayoría de los países de Occidente. Esta visión enfocada en la diversidad busca reconocer la complejidad de las sociedad modernas donde no todos los ciudadanos pertenecen a una misma etnia o cultura, llegando en algunos casos a tener una población inferior al 50% perteneciente a la etnia “oficial”.

El multiculturalismo se ha visto en jaque por partida doble. En el frente interno el miedo producto de los atentados fortalece las posiciones xenófobas radicalizadas que buscan encontrar en el “diferente” un mal en sí mismo. Lamentablemente, en estos momentos de dolor la opinión pública es susceptible de ser manipulada en contra de los musulmanes, del Islam o de los árabes. Resulta triste pero necesario aclarar que los atentados son producto de un grupo de extremistas y no imputables a toda una religión.

Poder expresar ideas que ofendan a otros libremente es una conquista social, jurídica y cultural. Occidente ha librado una larga lucha contra la censura. Las bases del constitucionalismo republicano receptan la necesidad de poder expresar opiniones diferentes a fin de garantizar la libertad y el pleno ejercicio de la democracia. Eso incluye al derecho a ofender que, sin estar exento del deber de compensar al dañado, admite la posibilidad de que se realicen declaraciones sin tener que pedir permiso. Nuestra Constitución Nacional recepta esta idea en el artículo 14 que garantiza la libertad “de publicar sus ideas (…) sin censura previa”.

La historia está llena de casos de censura contra ideas que podían ofender. La obra “Lisístrata” de Aristófanes fue silenciada por promover un modelo de mujer “inapropiado” para su época y para la visión de varias personas en pleno Siglo XX. Poniendo un caso relacionado, es obligatorio recordar lo que le sucedió al escritor Salman Rushdie, quien fue perseguido y amenazado tras publicar su libro “Los versos satánicos”, produciendo que el ayatolá Jomeiní publicara una fatwa declarando que Rushdie debía ser asesinado por ofender a sus creencias sagradas.

Occidente es un complejo entramado de instituciones que permite contener una gran cantidad de contradicciones e ideas divergentes. El agravio, el exceso, el choque, son resueltos por nuestros sistemas normativos asignando “justicia” y evitando que la violencia escale a dimensiones privadas o al menos esa es su pretensión. A diario vemos que la pretensión de regular todo el conflicto resulta presuntuosa, la gente se mata por todo tipo de cuestiones pasionales y muchas discusiones terminan resolviéndose por “mano propia”. Cada uno de esos casos es una muestra de los límites de nuestra pretensión occidental de que las consecuencias de nuestros actos son conocidas o estimables. Y entonces llega ISIS a decir “no nos importa nada todo eso”, poniéndose por encima del entramado de confianza que nos da la paz cotidiana.

Hace poco el partido alemán liberal FDP postulaba en una publicación que su tarea era “reforzar la confianza del ser humano en sí mismo”. Y creo que es una de las definiciones más acertadas acerca de lo que entraña ser liberal: creer en el ser humano, en su capacidad y en sus elecciones. Eso nos lleva a comprometernos con la posibilidad de que cada individuo se desarrolle de la manera más plena posible en la búsqueda de su felicidad. Y creo que ante situaciones como esta es nuestro deber salir a reivindicar el derecho a expresar las ideas sin miedo y a dar la batalla contra todos aquellos que pretendan convertir el disenso en violencia. Las libertades que garantiza Occidente requiere, paradójicamente, su expansión o su blindaje. Hasta que logremos exitosamente alguna de las dos estamos expuestos a recibir golpes inesperados por nuestras ideas y declaraciones de parte de quienes operen por fuera de nuestras reglas de juego. Podemos elegir mirar para otro lado, pero tarde o temprano tendremos que atender al problema de los límites de Occidente.

¿Cuál será el saldo de estos atentados?

Para responder esta pregunta quisiera traer a colación algunas reflexiones vertidas en torno al caso Rushdie que podrían aplicarse con muy leves modificaciones al caso presente, esto decía un amigo del artista perseguido: “La fatwa creó un clima de terror y miedo. Los escritores tenían que pensarse dos veces lo que estaban haciendo. La libertad de expresión se convirtió de nuevo en un tema de debate cuando parecía algo ya totalmente superado. Los liberales tuvieron que dar un paso adelante para defender algo que por obvio y por supuesto ni se habían planteado con anterioridad. ¿Cómo les ha ido? Los ataques a Rushdie demostraron que las palabras pueden ser peligrosas. También demostraron que el pensamiento crítico es más importante que nunca, y que necesita ser protegido ante la blasfemia, la inmoralidad y el insulto. Pero la mayoría de la gente y de los escritores agachan la cabeza, prefieren tener una vida sin sobresaltos. No quieren una bomba en la puerta de su casa. Han sucumbido al terror”.

Más allá de las expresiones populares de repudio este tipo de hechos genera una consecuencia triste: la autocensura. El miedo sembrado en los corazones de quienes tienen una visión crítica genera nuevos costos psicológicos a la hora de expresar una idea. El terrorismo por este medio logra disciplinar a miles de personas matando a unos pocos. Nuestros mártires de la libertad deben ser honrados con el mayor homenaje de todos: no debemos tener miedo.

Saber morir cuesta la vida

El poeta italo-argentino Antonio Porchia abundó en reflexiones sobre la hora final (la frase que titula esta nota es una de sus varias líneas sobre el tema). Danzamos alrededor de la muerte con palabras para tratar de contenerla o comprenderla. Y este texto no es otra cosa más que una pieza más en este baile.

Nada nos hace ser más conscientes de nuestra vida que la muerte. El poder que tiene la idea de finitud sobre nuestras vidas es superlativo. Hemos inventado todo tipo de mitos para lidiar con ese momento: reencarnación, vida eterna, limbo, premios y castigos. Todas formas destinadas a enmascarar el miedo que nos produce el final o también lidiar con la frustración o dolor que nos causa nuestro presente. Para algunos el juego consiste en escapar de la muerte y para otros la muerte resulta ser el Gran Escape de sus vidas.

Acerca del valor de la vida, el filósofo Albert Camus plantea en su obra “El Mito de Sísifo” que sólo aquellos que se han quitado la vida pueden ufanarse de conocer el verdadero valor de la misma. Paradójicamente, el suicida es el único que logra darle un certero valor a la vida declarando, con su actuar, que no vale lo suficiente para ser vivida. El resto nos pasamos los días jugando a encontrarle un valor. Ese vacío propio de la indeterminación es lo que da a lugar a la singularidad y a la existencia de cada uno de nosotros como un sujeto único.

Más allá de lo que creamos que ocurre tras la muerte y del valor de la vida, resulta interesante dedicarle unos momentos de reflexión a la muerte en sí misma. Para los griegos existían dos deidades diferentes para la muerte, es decir, dos muertes: Tánatos, que representaba la muerte tranquila y Ker (o las keres), que representaban la muerte violenta.

El Estado trata, arrogantemente, de ordenar nuestra relación con la muerte y, por ende, con la vida. Estadísticas frías explican cuándo podrías morir y por qué, entonces, deberías ordenar tu vida de tal o cual manera. Esta función del Estado, de construcción cultural de la muerte, no suele ser debatida en público y, sin embargo, atraviesa una gran cantidad de políticas públicas.

Todas estas reflexiones sobre la muerte no son caprichosas. Hace unos pocos días el médico Richard Smith publicó una nota donde destacaba la virtud del cáncer como método de muerte dado que permite decir adiós y de disfrutar de todos placeres de la vida antes de la última campanada. Leí por casualidad la nota el 3 de enero, a 4 años de la muerte de mi madre en manos del cáncer y me sentí tentado a dialogar con las ideas del médico.

Si, es cierto, el cáncer da la posibilidad de ir cerrando nuestra historia aunque no todos aprovechan la oportunidad, al menos en nuestro caso mi mamá negó su muerte hasta el último momento. En paralelo a esto, el deterioro que genera la enfermedad produce un desgaste enorme en la persona afectada y en su entorno. Me resulta difícil afirmar si una muerte súbita o repentina es preferible, creo que depende de la forma en que cada persona y cada familia esté preparada para enfrentar la muerte.

Política y nuevas tecnologías: interrogantes en torno al rol del CM

Las nuevas tecnologías traen nuevas preguntas acerca de cuál es la forma correcta o justa de emplearlas. A partir de estos avances aparece la oportunidad de preguntarnos acerca del mundo en el que queremos, y podemos, vivir.

Una de las nuevas profesiones que ha florecido durante los últimos años es el de Community Manager o CM. Esta persona es la encargada de administrar los perfiles en Twitter, Facebook y otras redes sociales de personas o instituciones.  La brecha generacional entre muchos tomadores de decisiones y estas nuevas tecnologías ha hecho que algunos “nativos digitales” aprovechen la inexperiencia ajena para montar negocios en los que aún resta definir buenas prácticas o límites éticos, al menos creo que en torno a la política quedan algunas preguntas por contestar. Continuar leyendo

Repensemos los errores militantes

Todos cometemos errores. A la hora de evaluar el comportamiento de los otros solemos perder de vista que pueden existir coincidencias desafortunadas, que alguien pudo interpretar algo diferente en algo que nos resulta claro o evidente, que anticipar tal o cual error era obvio. Ese margen tan importante que existe en toda situación para el error humano hemos ido perdiendo la capacidad de admitir la falibilidad ajena. Proyectamos en los otros un escrutinio infinitamente más exigente que el que vertemos sobre nosotros mismos. Nos hemos distanciado de la posibilidad de que el otro sea una persona como nosotros, falible. Hemos perdido la humildad, hemos perdido la comprensión.

Recientemente hemos asistido a un par de errores que motivaron esta reflexión, por un lado el flyer del kirchnerismo que copia un diseño y mensaje del nazismo alemán convocando a la marcha del sábado pasado, la destrucción de patrimonio de la humanidad por parte de miembros de Greenpeace y por el otro el flyer sobre prevención de enfermedades de transmisión sexual diseñado por los Jóvenes PRO de Córdoba que daba lugar a múltiples interpretaciones por la selección de una controvertida imagen.

En relación al flyer del kirchnerismo inspirado en el nazismo quiero creer que alguien puede tomar un diseño que le parece interesante sin prever que otros pueden considerar que la admiración va más allá del diseño. Si bien para aquellos que realizan una lectura reduccionista del proceso nacionalsocialista el asunto consistía en aniquilar judíos, hay múltiples cruces entre el populismo latinoamericano del SXXI y los gobiernos autoritarios del SXX (fascismo, falangismo, nazismo, etc.).

Ahora, cada uno de nosotros podrá considerar que el kirchnerismo tiene más o menos atributos autoritarios, que el método de construcción y acumulación de poder puede o no asemejarse a expresiones fascistoides, pero poca trascendencia tendría el error si no reflejara algunas similitudes latentes. En este caso un error de un diseñador (reitero que prefiero considerarlo un error y no una selección intencional) pone en relieve atributos de un espacio político con una clara tendencia autoritaria.

Pero sería una canallada, de la cual he participado, procurar sostener que el hecho de usar un diseño copiado de un volante nazi los convierte en eso. Sí creo que existen coincidencias poco felices como la polarización permanente de la sociedad entre “ellos” o “nosotros”, la destrucción del tejido social, la asunción de la representación del “pueblo” o la “patria” negando que otros puedan pensar distinto, el ataque al periodismo independiente, el uso del Estado para provecho partidario, el curro y los negociados económicos y políticos con las banderas de los Derechos Humanos,  la corrupción y la arbitrariedad en el manejo de la cosa pública, la partidización del Gobierno y las instituciones, el abuso de la publicidad gubernamental, entre otras tantas cosas que remiten a gobiernos autoritarios. La verdad es que, en ese contexto, tratar de achacarles una inclinación fascista por un flyer de morondanga sería una tontería. Y aun así, tristemente, resulta tanto más efectivo condenarlos por una pieza publicitaria que señalar el listado de abusos que han cometido durante esta década.

En torno al incidente del flyer cordobés aprovecho para compartir mi experiencia en primera persona. Sábado por la noche, estaba por entrar al cine y vi en mi Twitter un flyer que tenía una vagina. Me pareció osado para la línea que acostumbra manejar Unión PRO y tras ver que se trataba de una campaña que explicaba los riesgos de contagio y se entregaba el flyer junto con un preservativo tuitié que me parecía una campaña me había encantado y que el flyer me resultaba polémico.

Al salir del cine noté que mi Twitter tenía más actividad que lo normal y ahí fue que tras ver varias menciones me di cuenta que algo se había salido del control. En la pantalla del celular no llegaba a distinguirse que la vagina poseía un cierre y esa imagen había despertado la polémica. Al ver eso me di cuenta que se venía un maremoto y no pude más que lamentar haber sido parte de una cadena desafortunada de hechos.

Como libertario que soy jamás pensé que alguien podía interpretar que algo que yo compartiera podía promover la abstinencia sexual, resultó llamativo ver cómo mi individualidad era dejada de lado para dar lugar a una construcción montada sobre prejuicios estúpidos sin sustento fáctico. Pero a nadie le importaba la verdad, a nadie le importaba quién era yo o qué pensaba, a nadie le importaba que el flyer se entregaba con un forro, tampoco era importante que el reverso del flyer hablaba acerca de cómo tener relaciones sexuales seguras. No, nada de eso importaba. Se presentaba la posibilidad de apedrear a un grupo de personas desconocidas cuya finalidad fue generar conciencia y prevenir ETSs y así se procedió a lapidar a los militantes. Sentí bronca, impotencia, tristeza. Alguien había intentado un bien, eligiendo una imagen que admitía múltiples interpretaciones y en lugar de invitar a la reflexión se los atacó con una furia y un odio que me hizo entender que estamos enfermos, que hemos perdido la capacidad de escucha y la presunción de inocencia del otro.

En torno al tema de Greenpeace, para los que no están al tanto quisieron hacer unas fotos cerca de las líneas de Nazca y terminaron generando un daño ambiental irreversible. Creo que se trata de una ironía casi perversa del destino. A la institución ambientalista se la puede condenar por su irresponsabilidad a la hora de impulsar campañas sin suficiente evaluación de impacto o que sus intervenciones idealistas no poseen una visión global por lo que quizás terminan empobreciendo a la humanidad por trabar el desarrollo económico por mero fundamentalismo. Esos son debates que habrá que dar en cada caso, pero no podemos relativizar el trabajo y el esfuerzo que realizan. Condenarlos por una equivocación, más allá de las sanciones legales y económicas que deban pagar por el daño realizado, me parece irresponsable.

Empiezo a creer que uno de los grandes males de nuestra época es la ligereza con la que estamos manejando las discusiones políticas. Que hoy ocupen un eje central en el debate político personas como Redrado o Insaurralde por elegir compañeras que montaron su negocio entre sus piernas habla de la pobreza de nuestro enfoque como sociedad. Hemos dejado de lado la búsqueda de la verdad para movernos por un mundo de sensaciones ligeras, al paso. Donde la foto termina teniendo más peso que la historia, donde ni importa conocer la otra cara de la luna, donde un par de posteos en Facebook se recompensan mejor que horas de militancia al servicio de la gente.

Creo que es responsabilidad nuestra, como políticos, recuperar el valor de la militancia, de la participación activa, del debate con fundamentos, del respeto por el adversario, de la promoción de la diversidad, de la humildad en el trato con el otro y de la búsqueda permanente del bien común. Me temo que en algún lado del camino perdimos el rumbo y dejamos que el humo esconda el trabajo que miles de personas realizan a diario por construir un país mejor, en serio, con aciertos y errores.

Espero que mi generación sepa construir una mejor política que la que sufrimos durante estos últimos años

Frenemos a los Metrodelegados

Quienes trabajamos en la Ciudad de Buenos Aires hemos sido perjudicados varias veces por medidas extorsivas de este grupo de irresponsables que busca obtener privilegios tomando de rehenes a miles de trabajadores y estudiantes haciéndoles perder tiempo y dinero.

Un bono de fin de año es una medida que puede realizar una empresa en base al éxito comercial que tuvo y el cumplimiento de objetivos estratégicos. Pretender que exista un derecho al bono es insensato porque se desentiende de la realidad particular de cada institución.

El caso del subte es aún más problemático porque cobran sueldos extraordinariamente altos, tienen jornadas de trabajo reducidas y se trata de un servicio público fuertemente subsidiado por lo que, técnicamente, la empresa no tiene “ganancias”. La renta de los administradores del subte y de sus trabajadores se paga en buena medida con los impuestos que nos cobran por distintas vías. Continuar leyendo