Los límites del multiculturalismo

El atentado a la revista Charlie Hebdo ha puesto en relieve algunos de los límites del multiculturalismo que hoy es, en general, el paradigma que gobierna la política interior de la mayoría de los países de Occidente. Esta visión enfocada en la diversidad busca reconocer la complejidad de las sociedad modernas donde no todos los ciudadanos pertenecen a una misma etnia o cultura, llegando en algunos casos a tener una población inferior al 50% perteneciente a la etnia “oficial”.

El multiculturalismo se ha visto en jaque por partida doble. En el frente interno el miedo producto de los atentados fortalece las posiciones xenófobas radicalizadas que buscan encontrar en el “diferente” un mal en sí mismo. Lamentablemente, en estos momentos de dolor la opinión pública es susceptible de ser manipulada en contra de los musulmanes, del Islam o de los árabes. Resulta triste pero necesario aclarar que los atentados son producto de un grupo de extremistas y no imputables a toda una religión.

Poder expresar ideas que ofendan a otros libremente es una conquista social, jurídica y cultural. Occidente ha librado una larga lucha contra la censura. Las bases del constitucionalismo republicano receptan la necesidad de poder expresar opiniones diferentes a fin de garantizar la libertad y el pleno ejercicio de la democracia. Eso incluye al derecho a ofender que, sin estar exento del deber de compensar al dañado, admite la posibilidad de que se realicen declaraciones sin tener que pedir permiso. Nuestra Constitución Nacional recepta esta idea en el artículo 14 que garantiza la libertad “de publicar sus ideas (…) sin censura previa”.

La historia está llena de casos de censura contra ideas que podían ofender. La obra “Lisístrata” de Aristófanes fue silenciada por promover un modelo de mujer “inapropiado” para su época y para la visión de varias personas en pleno Siglo XX. Poniendo un caso relacionado, es obligatorio recordar lo que le sucedió al escritor Salman Rushdie, quien fue perseguido y amenazado tras publicar su libro “Los versos satánicos”, produciendo que el ayatolá Jomeiní publicara una fatwa declarando que Rushdie debía ser asesinado por ofender a sus creencias sagradas.

Occidente es un complejo entramado de instituciones que permite contener una gran cantidad de contradicciones e ideas divergentes. El agravio, el exceso, el choque, son resueltos por nuestros sistemas normativos asignando “justicia” y evitando que la violencia escale a dimensiones privadas o al menos esa es su pretensión. A diario vemos que la pretensión de regular todo el conflicto resulta presuntuosa, la gente se mata por todo tipo de cuestiones pasionales y muchas discusiones terminan resolviéndose por “mano propia”. Cada uno de esos casos es una muestra de los límites de nuestra pretensión occidental de que las consecuencias de nuestros actos son conocidas o estimables. Y entonces llega ISIS a decir “no nos importa nada todo eso”, poniéndose por encima del entramado de confianza que nos da la paz cotidiana.

Hace poco el partido alemán liberal FDP postulaba en una publicación que su tarea era “reforzar la confianza del ser humano en sí mismo”. Y creo que es una de las definiciones más acertadas acerca de lo que entraña ser liberal: creer en el ser humano, en su capacidad y en sus elecciones. Eso nos lleva a comprometernos con la posibilidad de que cada individuo se desarrolle de la manera más plena posible en la búsqueda de su felicidad. Y creo que ante situaciones como esta es nuestro deber salir a reivindicar el derecho a expresar las ideas sin miedo y a dar la batalla contra todos aquellos que pretendan convertir el disenso en violencia. Las libertades que garantiza Occidente requiere, paradójicamente, su expansión o su blindaje. Hasta que logremos exitosamente alguna de las dos estamos expuestos a recibir golpes inesperados por nuestras ideas y declaraciones de parte de quienes operen por fuera de nuestras reglas de juego. Podemos elegir mirar para otro lado, pero tarde o temprano tendremos que atender al problema de los límites de Occidente.

¿Cuál será el saldo de estos atentados?

Para responder esta pregunta quisiera traer a colación algunas reflexiones vertidas en torno al caso Rushdie que podrían aplicarse con muy leves modificaciones al caso presente, esto decía un amigo del artista perseguido: “La fatwa creó un clima de terror y miedo. Los escritores tenían que pensarse dos veces lo que estaban haciendo. La libertad de expresión se convirtió de nuevo en un tema de debate cuando parecía algo ya totalmente superado. Los liberales tuvieron que dar un paso adelante para defender algo que por obvio y por supuesto ni se habían planteado con anterioridad. ¿Cómo les ha ido? Los ataques a Rushdie demostraron que las palabras pueden ser peligrosas. También demostraron que el pensamiento crítico es más importante que nunca, y que necesita ser protegido ante la blasfemia, la inmoralidad y el insulto. Pero la mayoría de la gente y de los escritores agachan la cabeza, prefieren tener una vida sin sobresaltos. No quieren una bomba en la puerta de su casa. Han sucumbido al terror”.

Más allá de las expresiones populares de repudio este tipo de hechos genera una consecuencia triste: la autocensura. El miedo sembrado en los corazones de quienes tienen una visión crítica genera nuevos costos psicológicos a la hora de expresar una idea. El terrorismo por este medio logra disciplinar a miles de personas matando a unos pocos. Nuestros mártires de la libertad deben ser honrados con el mayor homenaje de todos: no debemos tener miedo.

Saber morir cuesta la vida

El poeta italo-argentino Antonio Porchia abundó en reflexiones sobre la hora final (la frase que titula esta nota es una de sus varias líneas sobre el tema). Danzamos alrededor de la muerte con palabras para tratar de contenerla o comprenderla. Y este texto no es otra cosa más que una pieza más en este baile.

Nada nos hace ser más conscientes de nuestra vida que la muerte. El poder que tiene la idea de finitud sobre nuestras vidas es superlativo. Hemos inventado todo tipo de mitos para lidiar con ese momento: reencarnación, vida eterna, limbo, premios y castigos. Todas formas destinadas a enmascarar el miedo que nos produce el final o también lidiar con la frustración o dolor que nos causa nuestro presente. Para algunos el juego consiste en escapar de la muerte y para otros la muerte resulta ser el Gran Escape de sus vidas.

Acerca del valor de la vida, el filósofo Albert Camus plantea en su obra “El Mito de Sísifo” que sólo aquellos que se han quitado la vida pueden ufanarse de conocer el verdadero valor de la misma. Paradójicamente, el suicida es el único que logra darle un certero valor a la vida declarando, con su actuar, que no vale lo suficiente para ser vivida. El resto nos pasamos los días jugando a encontrarle un valor. Ese vacío propio de la indeterminación es lo que da a lugar a la singularidad y a la existencia de cada uno de nosotros como un sujeto único.

Más allá de lo que creamos que ocurre tras la muerte y del valor de la vida, resulta interesante dedicarle unos momentos de reflexión a la muerte en sí misma. Para los griegos existían dos deidades diferentes para la muerte, es decir, dos muertes: Tánatos, que representaba la muerte tranquila y Ker (o las keres), que representaban la muerte violenta.

El Estado trata, arrogantemente, de ordenar nuestra relación con la muerte y, por ende, con la vida. Estadísticas frías explican cuándo podrías morir y por qué, entonces, deberías ordenar tu vida de tal o cual manera. Esta función del Estado, de construcción cultural de la muerte, no suele ser debatida en público y, sin embargo, atraviesa una gran cantidad de políticas públicas.

Todas estas reflexiones sobre la muerte no son caprichosas. Hace unos pocos días el médico Richard Smith publicó una nota donde destacaba la virtud del cáncer como método de muerte dado que permite decir adiós y de disfrutar de todos placeres de la vida antes de la última campanada. Leí por casualidad la nota el 3 de enero, a 4 años de la muerte de mi madre en manos del cáncer y me sentí tentado a dialogar con las ideas del médico.

Si, es cierto, el cáncer da la posibilidad de ir cerrando nuestra historia aunque no todos aprovechan la oportunidad, al menos en nuestro caso mi mamá negó su muerte hasta el último momento. En paralelo a esto, el deterioro que genera la enfermedad produce un desgaste enorme en la persona afectada y en su entorno. Me resulta difícil afirmar si una muerte súbita o repentina es preferible, creo que depende de la forma en que cada persona y cada familia esté preparada para enfrentar la muerte.

Política y nuevas tecnologías: interrogantes en torno al rol del CM

Las nuevas tecnologías traen nuevas preguntas acerca de cuál es la forma correcta o justa de emplearlas. A partir de estos avances aparece la oportunidad de preguntarnos acerca del mundo en el que queremos, y podemos, vivir.

Una de las nuevas profesiones que ha florecido durante los últimos años es el de Community Manager o CM. Esta persona es la encargada de administrar los perfiles en Twitter, Facebook y otras redes sociales de personas o instituciones.  La brecha generacional entre muchos tomadores de decisiones y estas nuevas tecnologías ha hecho que algunos “nativos digitales” aprovechen la inexperiencia ajena para montar negocios en los que aún resta definir buenas prácticas o límites éticos, al menos creo que en torno a la política quedan algunas preguntas por contestar. Continuar leyendo

Repensemos los errores militantes

Todos cometemos errores. A la hora de evaluar el comportamiento de los otros solemos perder de vista que pueden existir coincidencias desafortunadas, que alguien pudo interpretar algo diferente en algo que nos resulta claro o evidente, que anticipar tal o cual error era obvio. Ese margen tan importante que existe en toda situación para el error humano hemos ido perdiendo la capacidad de admitir la falibilidad ajena. Proyectamos en los otros un escrutinio infinitamente más exigente que el que vertemos sobre nosotros mismos. Nos hemos distanciado de la posibilidad de que el otro sea una persona como nosotros, falible. Hemos perdido la humildad, hemos perdido la comprensión.

Recientemente hemos asistido a un par de errores que motivaron esta reflexión, por un lado el flyer del kirchnerismo que copia un diseño y mensaje del nazismo alemán convocando a la marcha del sábado pasado, la destrucción de patrimonio de la humanidad por parte de miembros de Greenpeace y por el otro el flyer sobre prevención de enfermedades de transmisión sexual diseñado por los Jóvenes PRO de Córdoba que daba lugar a múltiples interpretaciones por la selección de una controvertida imagen.

En relación al flyer del kirchnerismo inspirado en el nazismo quiero creer que alguien puede tomar un diseño que le parece interesante sin prever que otros pueden considerar que la admiración va más allá del diseño. Si bien para aquellos que realizan una lectura reduccionista del proceso nacionalsocialista el asunto consistía en aniquilar judíos, hay múltiples cruces entre el populismo latinoamericano del SXXI y los gobiernos autoritarios del SXX (fascismo, falangismo, nazismo, etc.).

Ahora, cada uno de nosotros podrá considerar que el kirchnerismo tiene más o menos atributos autoritarios, que el método de construcción y acumulación de poder puede o no asemejarse a expresiones fascistoides, pero poca trascendencia tendría el error si no reflejara algunas similitudes latentes. En este caso un error de un diseñador (reitero que prefiero considerarlo un error y no una selección intencional) pone en relieve atributos de un espacio político con una clara tendencia autoritaria.

Pero sería una canallada, de la cual he participado, procurar sostener que el hecho de usar un diseño copiado de un volante nazi los convierte en eso. Sí creo que existen coincidencias poco felices como la polarización permanente de la sociedad entre “ellos” o “nosotros”, la destrucción del tejido social, la asunción de la representación del “pueblo” o la “patria” negando que otros puedan pensar distinto, el ataque al periodismo independiente, el uso del Estado para provecho partidario, el curro y los negociados económicos y políticos con las banderas de los Derechos Humanos,  la corrupción y la arbitrariedad en el manejo de la cosa pública, la partidización del Gobierno y las instituciones, el abuso de la publicidad gubernamental, entre otras tantas cosas que remiten a gobiernos autoritarios. La verdad es que, en ese contexto, tratar de achacarles una inclinación fascista por un flyer de morondanga sería una tontería. Y aun así, tristemente, resulta tanto más efectivo condenarlos por una pieza publicitaria que señalar el listado de abusos que han cometido durante esta década.

En torno al incidente del flyer cordobés aprovecho para compartir mi experiencia en primera persona. Sábado por la noche, estaba por entrar al cine y vi en mi Twitter un flyer que tenía una vagina. Me pareció osado para la línea que acostumbra manejar Unión PRO y tras ver que se trataba de una campaña que explicaba los riesgos de contagio y se entregaba el flyer junto con un preservativo tuitié que me parecía una campaña me había encantado y que el flyer me resultaba polémico.

Al salir del cine noté que mi Twitter tenía más actividad que lo normal y ahí fue que tras ver varias menciones me di cuenta que algo se había salido del control. En la pantalla del celular no llegaba a distinguirse que la vagina poseía un cierre y esa imagen había despertado la polémica. Al ver eso me di cuenta que se venía un maremoto y no pude más que lamentar haber sido parte de una cadena desafortunada de hechos.

Como libertario que soy jamás pensé que alguien podía interpretar que algo que yo compartiera podía promover la abstinencia sexual, resultó llamativo ver cómo mi individualidad era dejada de lado para dar lugar a una construcción montada sobre prejuicios estúpidos sin sustento fáctico. Pero a nadie le importaba la verdad, a nadie le importaba quién era yo o qué pensaba, a nadie le importaba que el flyer se entregaba con un forro, tampoco era importante que el reverso del flyer hablaba acerca de cómo tener relaciones sexuales seguras. No, nada de eso importaba. Se presentaba la posibilidad de apedrear a un grupo de personas desconocidas cuya finalidad fue generar conciencia y prevenir ETSs y así se procedió a lapidar a los militantes. Sentí bronca, impotencia, tristeza. Alguien había intentado un bien, eligiendo una imagen que admitía múltiples interpretaciones y en lugar de invitar a la reflexión se los atacó con una furia y un odio que me hizo entender que estamos enfermos, que hemos perdido la capacidad de escucha y la presunción de inocencia del otro.

En torno al tema de Greenpeace, para los que no están al tanto quisieron hacer unas fotos cerca de las líneas de Nazca y terminaron generando un daño ambiental irreversible. Creo que se trata de una ironía casi perversa del destino. A la institución ambientalista se la puede condenar por su irresponsabilidad a la hora de impulsar campañas sin suficiente evaluación de impacto o que sus intervenciones idealistas no poseen una visión global por lo que quizás terminan empobreciendo a la humanidad por trabar el desarrollo económico por mero fundamentalismo. Esos son debates que habrá que dar en cada caso, pero no podemos relativizar el trabajo y el esfuerzo que realizan. Condenarlos por una equivocación, más allá de las sanciones legales y económicas que deban pagar por el daño realizado, me parece irresponsable.

Empiezo a creer que uno de los grandes males de nuestra época es la ligereza con la que estamos manejando las discusiones políticas. Que hoy ocupen un eje central en el debate político personas como Redrado o Insaurralde por elegir compañeras que montaron su negocio entre sus piernas habla de la pobreza de nuestro enfoque como sociedad. Hemos dejado de lado la búsqueda de la verdad para movernos por un mundo de sensaciones ligeras, al paso. Donde la foto termina teniendo más peso que la historia, donde ni importa conocer la otra cara de la luna, donde un par de posteos en Facebook se recompensan mejor que horas de militancia al servicio de la gente.

Creo que es responsabilidad nuestra, como políticos, recuperar el valor de la militancia, de la participación activa, del debate con fundamentos, del respeto por el adversario, de la promoción de la diversidad, de la humildad en el trato con el otro y de la búsqueda permanente del bien común. Me temo que en algún lado del camino perdimos el rumbo y dejamos que el humo esconda el trabajo que miles de personas realizan a diario por construir un país mejor, en serio, con aciertos y errores.

Espero que mi generación sepa construir una mejor política que la que sufrimos durante estos últimos años

Frenemos a los Metrodelegados

Quienes trabajamos en la Ciudad de Buenos Aires hemos sido perjudicados varias veces por medidas extorsivas de este grupo de irresponsables que busca obtener privilegios tomando de rehenes a miles de trabajadores y estudiantes haciéndoles perder tiempo y dinero.

Un bono de fin de año es una medida que puede realizar una empresa en base al éxito comercial que tuvo y el cumplimiento de objetivos estratégicos. Pretender que exista un derecho al bono es insensato porque se desentiende de la realidad particular de cada institución.

El caso del subte es aún más problemático porque cobran sueldos extraordinariamente altos, tienen jornadas de trabajo reducidas y se trata de un servicio público fuertemente subsidiado por lo que, técnicamente, la empresa no tiene “ganancias”. La renta de los administradores del subte y de sus trabajadores se paga en buena medida con los impuestos que nos cobran por distintas vías. Continuar leyendo

Optimizar la gestión es crear riqueza

La semana pasada pude juntarme a conversar con algunos miembros del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que se interesaron en la propuesta de desarrollar una ventanilla única para la ciudadanía en general y los emprendedores en particular.

Es necesario que el Estado esté al servicio de los ciudadanos y no al revés. Hemos escuchado muchas veces esta afirmación pero a la hora de verlo plasmado en la realidad es común encontrar que lejos de potenciar los proyectos de vida de las personas los gobiernos acostumbran generar dolores de cabeza. La inercia propia de las burocracias hace que las regulaciones tiendan a crecer y que muchas veces se agreguen trámites sin evaluar el impacto global, generando capa tras capa de trabas para las personas.

Por eso me causó una gran felicidad ver que desde la gestión de CABA estaban dispuestos a escuchar propuestas de mejora. La idea es conceptualmente sencilla, consiste en generar un único punto de relación entre el gobierno y el ciudadano a fin de simplificar los procesos, disminuyendo así costos de transacción y de información. Todos los trámites en un único lugar. Simple. Una medida de descentralización gubernamental que ya ha sido implementada en Méjico, Reino Unido, entre otros.

Claro que es más fácil proponerlo que implementarlo. Una reforma de este tipo obliga a los gobiernos a modernizar sus procesos e implementar sistemas que permitan la “trazabilidad” de expedientes y reclamos, así como un sistema de informatización de documentos para que desde un nodo de acceso la petición llegue a todos los organismos necesarios. Esta medida obliga también a los gobiernos a realizar una “guía de trámites” poniendo en evidencia, si es que existe, regulación ineficiente o excesiva. Buena parte de estos pasos ya han sido llevado adelantes en la gestión porteña por lo que estaría en condiciones de avanzar en este sentido. De hecho, podríamos decir que el proceso se ha iniciado con el programa “Mi BA, dependiente del Ministerio de Modernización, que propone “Todos tus trámites y reclamos en un mismo lugar, a un clic de distancia”.

Resulta fácil, a partir de este punto, también evaluar en qué puntos de la gestión los trámites se atrasan y se le hace perder tiempo a los vecinos, generando información útil para poder optimizar los procesos o realizar reformas.

Mientras que el sistema actual, donde el ciudadano debe ir a diversas dependencias para concluir un trámite complejo (por ejemplo abrir una empresa), con este sistema podrían iniciarse todos los trámites en simultáneo otorgándole más tiempo al ciudadano para disfrutar y ocuparse de las cosas importantes para él o ella. Contribuiría a reducir asimismo la cantidad de actividades “en negro” al simplificar la registración, permitiendo así una economía mejor integrada.

¿Cuáles son los puntos a tener en cuenta para incorporar una reforma de este tipo?

  • Infraestructura informática: deben generar un sistema de rápido acceso tanto para funcionarios como para ciudadanos. La fusión de bases de datos permite integrar los datacenter y tender a mayores rendimientos de escala disminuyendo costos y mejorando la capacidad de coordinación entre las dependencias públicas.
  • Definir estándares de intercambio de información: dado que no se podrá hacer que el ciudadano se ajuste a la medida de cada dependencia pública habrá que trabajar para homogeneizar los protocolos de transferencia y adquisición de datos. Optimizando los tiempos de procesamiento y el trabajo inter-áreas.
  • Resistencias burocráticas: una reforma de este tipo implica terminar con espacios de corrupción o de “holgura” en la administración pública. A la par que permite visibilizar procesos improductivos o innecesarios. Es dable esperar alguna resistencia de personas que tengan algún interés creado por lo que habrá que trabajar para alinear intereses.

Es una idea simple que todos nosotros podemos impulsar en nuestros distritos. Un desafío adicional será lograr la integración de trámites municipales, provinciales y nacionales. Pero más allá de la integración vertical cualquier innovación en este sentido repercutirá en una mejor calidad de vida para los ciudadanos a cambio de una inversión muy modesta de recursos públicos. Creo que es una reforma necesaria que pronto veremos implementada a lo largo y ancho del país.

Optimizar las gestiones permite que se creen más y mejores empresas, así como devolverle tiempo a los vecinos. Con una mejor gestión, ganamos todos.

 

Alquilar no es para todo el mundo

Alquilar es difícil. Cualquiera que haya querido probar suerte en la vida abandonando la casa de sus padres sabe que muchas veces conseguir un hogar no depende únicamente de tener el dinero necesario. Por la lentitud de la Justicia para resolver conflictos los propietarios buscan cuidarse tanto como pueden y eso ha generado prácticas que resultan ineficientes. El miedo nos hace tomar decisiones “caras” en términos de costos. Dichos costos se trasladan al bolsillo del joven que busca por primera vez acceder a una vivienda.

Son relativamente pocos los que tienen la suerte de contar con padres o familiares que puedan salir de garantes con una propiedad a su nombre en la CABA, como demanda la usanza comercial del rubro. Eso hace que la mayoría de las personas deban caer en un mercado extraoficial (negro) de garantías. Estos “garantes” suelen manejarse, por razones obvias, con poca transparencia y, por la falta de competencia abierta, con costos mayores que los que implicaría generar un seguro de pago.

¿Por qué no existe un seguro de pago?

En el segmento de las PyMEs el problema de la falta de “credibilidad suficiente” se intentó mediante la creación de las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). Dichas entidades buscan crear una red de aseguramiento mutuo entre los distintos actores. El problema es que mientras que en el sector empresarial los beneficios asociados a la coordinación resultan positivos para los empresarios, para quienes quieran alquilar resulta al menos dificultoso coordinar con otros en su misma condición para crear una mutual o una entidad financiera que permita articular sus intereses.

Si bien lo ideal sería que una empresa o mutual tome las riendas articulando estos intereses los problemas de coordinación inicial o la falta de confianza por parte de los propietarios haría que esta empresa resulte de dudoso éxito. Una opción para resolver este problema, sería crear una línea de seguros o una SGR coordinada por alguna institución pública. Casualmente el Banco Ciudad posee un sistema de garantía bancaria aunque no está específicamente orientado a jóvenes. Por su parte, Provincia Seguros ofrece un producto similar aunque publicitariamente orientado a los jóvenes. Ambas alternativas ofrecen cobertura por un valor cercano al 1,3 alquileres. Existen alternativas como FINAER que te ofrecen garantía por casi 2 alquileres. Más allá de la proliferación de posibilidades el problema está dado por la reticencia de los propietarios de aceptar otro tipo de garantías.

En materia legislativa, Hernán Arce presentó recientemente un proyecto de ley de alquiler joven en la Legislatura Porteña que crea un programa copiando el ya existente servicio ofrecido por el Banco Ciudad, agregando y un subsidio parcial para el alquiler. Más allá del “plagio” al Banco Ciudad, llama poderosamente la atención que el Legislador promueva el “destete” antes de que la persona esté en condiciones económicas de hacerlo por sus propios medios. Si bien es cierto que el desempleo afecta a los jóvenes unas 3,2 veces más en relación a los adultos no creo que sea motivo para facilitar compromisos para los cuales todavía no están económicamente listos. Hay que dejar de promover el gasto de dinero que no se tiene a costa de los contribuyentes.

A modo de síntesis, el caso del alquiler por parte de los jóvenes nos ofrece un desafío que debemos encarar. Por un lado educando a los propietarios para que aprendan sobre la existencia de métodos alternativos de garantizar la transacción y por el otro promoviendo la creación de seguros que permitan a los jóvenes resolver de forma mancomunada el desafío de acceder a su primera vivienda.

Marchar para que los futuros candidatos tomen nota

Se viene un nuevo cacerolazo. El jueves 13 de noviembre se realizará una nueva movilización en todo el país. Tras un período de inactividad, varios de los organizadores y difusores de las multitudinarias marchas han decidido volver al ruedo anunciando una nueva fecha. En la nota “Basta de cacerolazos” hace poco más de un año planteaba que era momento para cambiar la forma de participación y creo que dicha idea sigue siendo cierta. Pero no resulta incompatible “madurar” la participación ciudadana con una movilización popular.

¿Por qué marchar?

Inseguridad: Porque la inseguridad sigue creciendo y el Gobierno Nacional se niega a hacerse cargo del problema sosteniendo que se trata de una sensación o de un tema que tiene mucho marketing. Y en lugar de dar soluciones efectivas desde el Poder Ejecutivo procura aprovechar el contexto para promover un Código Procesal Penal sin debate previo.

Inflación: Porque la inflación sigue comiéndose los sueldos y los ahorros de los argentinos y el Gobierno es el causante por financiar el déficit fiscal con emisión monetaria.

Recesión: la elevada presión fiscal, la falta de acceso al crédito, las dificultades para importar y exportar, la inseguridad jurídica, junto a otras situaciones están contribuyendo a que se frene la actividad económica mientras nuestros vecinos crecen sostenidamente. El desgobierno está limitando la capacidad de creación de riqueza de los argentinos y nos siguen dando excusas para justificar las oportunidades perdidas en esta década.

Política Internacional: Porque se siguen perdiendo a diario millones de oportunidades para los argentinos por estar de espaldas al mundo, llevando adelante una política internacional inspirada en resentimientos antes que en la búsqueda del bien común para todos los argentinos. Todo el circo de los fondos buitre finalmente lo terminaremos pagando todos los argentinos por un importe superior por el desmanejo de la negociación.

Desempleo: vienen aumentando la cantidad de despidos y cada vez resulta más difícil acceder a un nuevo trabajo. En lugar de aprovechar la conformación del Congreso que le permite realizar reformas de fondo, como bajar los impuestos al trabajo, el Gobierno contribuye a empeorar las condiciones que dificultan la posibilidad de que las personas se ganen su pan con el fruto de su esfuerzo.

Atropello a la Justicia: Este gobierno sanciona a quienes no se amoldan a sus expectativas.Si bien finalmente no prosperó la causa contra Campagnoli por parte del Gobierno Nacional o de Gils Carbó (Sugiero leer esta nota de Luis Novaresio) y también vemos la persecución a los jueces que fallaron en favor de los jubilados reconociéndoles su derecho a una jubilación digna.

Corrupción: Tanto la Fiscalía de Investigaciones Administrativas como la Oficina Anticorrupción, ambos organismos que se deberían ocupar de luchar contra la corrupción, han sido desmantelados por el kirchnerismo robándonos a los ciudadanos de instrumentos para protegernos del abuso de quienes nos gobiernan.

Intolerancia: el desprecio a todo aquel que piensa distinto sigue vigente y lejos de cumplir el mandato constitucional de aspirar a la “Unidad Nacional” se ha promovido la polarización entre los argentinos como una forma de construir poder y capital político. Se enriquecen en la lejanía entre los argentinos.

Ataques contra la libertad de expresión: la ley de medios lejos de garantizar la pluralidad de voces sirvió para que el Gobierno Nacional atacase a medios opositores mientras hacía crecer la cantidad de medios afines. Sin ir más lejos se ha intentado aplicar la inconstitucional ley antiterrorista contra periodistas cuyo crimen era informar.

Abusos: continúan los abusos fruto de la soberbia que derivan en una gestión ineficiente e irresponsable de los recursos públicos. Los atropellos vinculados a Aerolineas Argentina y sus competidores siguen persistiendo.

Estos son sólo algunos de los puntos para protestar. Podrán estar de acuerdo o no con ellos o tener otra lista, pero lo cierto es que resulta importante aprovechar este momento para hacer valer nuestra voz y decir lo que queremos que cambie para que los futuros candidatos tomen nota.

La semilla del cambio está sembrada

Todos estuvimos alguna vez en un armario o en un closet. Estar en el closet no es sólo cuestión de tal o cual orientación sexual, sino de todos aquellos que tenemos una noticia difícil de transmitir o una verdad difícil de contar: un embarazo, una enfermedad, un fracaso profesional o académico, el malestar en la pareja, entre otras cosas.

No hace falta ser creyente para valorar la grandeza del último gesto del Papa Francisco. Ya en junio de este año había presentado el documento de trabajo para el Sínodo donde interpelaba a la Iglesia a abandonar su posición de juicio y se abriera a acompañar a la comunidad proponiendo, no imponiendo, un modelo de vida acorde a la voluntad de Dios. El instrumento de trabajo para el Sínodo resultó de un cuestionario que el Vaticano envió a los episcopados de todo el mundo con 39 preguntas para poder entender qué temas preocupaban hoy a las congregaciones en las distintas partes del mundo. Naturalmente surgieron cuestiones vinculadas a las familias “irregulares” (ensambladas, convivientes, singles, homosexuales), es decir todas aquellas que no se adecúan a la visión naturalista de la Curia Romana.

Tras el Sínodo los puntos relacionados a los homosexuales y a los divorciados no alcanzaron la mayoría especial de ⅔ necesaria para su aprobación pero obtuvieron una cantidad de votos superior a la mayoría simple. Que más de la mitad de los obispos haya estado dispuesto a votar en favor de una mirada misericordiosa hacia quienes no se adecúan a la norma tradicional habla de un cambio de época que, aunque todavía no tenga la fuerza suficiente para imponerse, ya se puede palpitar. La Iglesia salió de su closet del silencio y de los apriorismos absolutos para poner en discusión temas de actualidad que afectan a personas concretas en el presente. Quizás el resultado no haya sido el que algunos reformistas esperaban, pero la semilla del cambio ya se sembró.

Para entender por qué resulta insensato pretender un cambio radical e inmediato quizás convenga realizar una breve analogía entre la Ley Cristiana y la Ley Secular. Resulta que el dogma cristiano, al igual que cualquier otro dogma, se mantiene vivo a través de sus instituciones, de sus repeticiones, de sus gestos y para entender su evolución bien puede compararse la situación con la evolución del derecho constitucional. Después de todo, la Biblia es la Constitución de los cristianos.

Durante muchos años en el mundo jurídico se vivió con la pretensión o la aspiración de que se trataba de un sistema perfecto, cerrado, del cual sólo restaba derivar sus conclusiones. Se tomaba a la Constitución como la piedra fundamental estática a partir de la cual se podían conocer a priori lo Justo y lo Injusto, lo recto y lo desviado. Lo cierto es que con el tiempo se pasó a tener una visión dinámica de su texto que mutaba según las circunstancias históricas y políticas del momento. Esta visión dinámica de la constitución permitió a los juristas ir modernizando a partir de la interpretación circunstanciada el texto legal sin la necesidad de ir a una reforma constitucional. Siendo que la Biblia no se puede reformar parece ser que el método de actualización dinámica es la forma de ir adaptando al Dogma a los nuevos tiempos.

La Iglesia está cambiando. Que la mayoría de los Obispos no se haya mostrado asqueado por una mayor apertura nos indica que la composición de la Iglesia se ha alejado del conservadurismo. Recientes estudios de Inbar, Pizarro, Iyer y Haidt muestran que nuestra propensión a ser asqueados guarda relación con nuestra ideología política, nuestra forma de votar y la tolerancia al autoritarismo. Una iglesia menos repulsiva nos habla también de una Iglesia que probablemente se incline a encarar nuevos desafíos en otras áreas. Pero hay que ser pacientes.

Los cambios institucionales llevan tiempo. A veces hacen falta varios intentos fallidos para ir generando clima, para sembrar la duda, para ir provocando el cambio de época. La decisión del Vaticano de poner al divorcio y a las parejas homosexuales en debate implica haber salido del clóset. Confío en que no falta tanto para que la institución se modernice abandonando el espíritu inquisitivo para abordar con misericordia las diferencias.

Mejorar la educación con vouchers

“Todos  los   problemas  son  problemas  de  educación.”

Domingo F. Sarmiento

​Solemos confundir público con estatal como si se tratasen de conceptos iguales. Nos hemos acostumbrado a considerar que algunos servicios esenciales como salud y educación deben ser brindados por el Gobierno tanto en su financiamiento como en su ejecución. Es posible separar estas dos instancias para poder pensar un sistema que mejore la respuesta de los gobiernos para brindar estos servicios.

Partiendo del supuesto que es responsabilidad del Gobierno garantizar el acceso a estos servicios vale preguntarnos primero: ¿cómo se financian? Si bien existen múltiples formas de hacerlo podríamos agrupar las posibilidades en dos grandes grupos: uno donde los esfuerzos están dirigidos a financiar la oferta y otro donde se privilegia financiar la demanda. Dicho de otra manera, un modelo donde se inyecta el dinero de arriba hacia abajo (financiando de manera directa a las entidades educativas) y otro donde se inyecta el dinero desde la base (financiando a los padres y a su elección).

Esta idea no es nueva. Milton Friedman en Capitalismo y Libertad la propuso allá por 1955: “El sistema que tendría más justificación sería una combinación de escuelas públicas y privadas. Los padres que decidieran llevar a sus hijos a colegios particulares recibirían del Estado una cantidad igual a la que se calcule como costo de educar a un niño en la escuela pública”. Este sistema tiende a garantizar la igualdad de oportunidades de una manera más efectiva que el sistema de financiamiento de la oferta dado que obliga a los colegios a competir por satisfacer a las exigencias de los padres y de la sociedad alineando incentivos para garantizar una mayor eficiencia empoderando a los padres.

Al financiar a los estudiantes les damos a los padres la libertad de elegir los colegios basándose en sus preferencias y necesidades rompiendo así con un sistema que actualmente no está orientado a la satisfacción de las necesidades de los estudiantes. Los resultados de las pruebas PISA que acreditan una caída en la calidad educativa ponen en evidencia que mayor gasto público destinado a educación no garantiza un mejor nivel educativo. Además, a pesar del aumento del gasto per capita en educación se ha verificado una migración de estudiantes de escuelas públicas a privadas (salvo en la CABA cuya tendencia es inversa).

Chile lidera la región en términos de calidad educativa y ha logrado reducir significativamente su brecha educativa entre los sectores más ricos y los más pobres de la educación mejorando así su nivel de equidad educativa.

Desde 1992 en Suecia rige un sistema de vouchers que, según cuenta Edgardo Zablotsky vicerrector de UCEMA y especialista en la materia: “para calificar para el programa, las escuelas tienen que ser aprobadas por el organismo gubernamental de contralor, cumplir con los requisitos del plan de estudios nacional y no pueden seleccionar estudiantes sobre la base de su status socio-económico o étnico”.

Una mejor educación nos garantiza una sociedad con menos brechas de ingresos entre los trabajadores, con mayores oportunidades de desarrollo para si mismo y para el país y, en definitiva, con mayores opciones para las personas a la hora de elegir el rumbo que tomará su vida para buscar la felicidad.

Claro que esta reforma no basta por si sola para garantizar una mejorar calidad educativa, pero al menos permite orientar de manera más efectiva los intereses de las familias, los estudiantes y los institutos educativas permitiéndole a su vez a los burócratas enfocarse más en controlar la calidad  antes que en la provisión directa del servicio.