Felices los polarizadores

La Doctora se consuela en Tsipras y Scioli le envía señales a Schiaretti.

sobre informe de Consultora Oximoron,
Redacción final Carolina Mantegari.

Paulatino cambio natural de conducción. Se lo percibe entre las secuelas de la jornada negra del cristinismo.

Desorientada, La Doctora busca algún victorioso consuelo espiritual. Lo encuentra en la irresponsabilidad de Grecia.
Los deudores ejemplares, democráticamente desesperados, sufragaron en contra del maldito acreedor.
De la mano de Tsipras, un Chacho Álvarez menos inspirado, Grecia se instala más cerca de la inviable Albania que de la fortaleza de Francia o Alemania.
Y en Grecia La Doctora tiene el espejo donde se refleja y admira su propia -desmesurada- irresponsabilidad.

En cambio Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, desde el triunfo previsible, para nada sorprendente, de La Rioja, reacciona con algo más de tino. Intuición política.
Ante el descalabro, Scioli prefiere lanzar cuerdas afectuosas hacia los dos peronistas que lo embocaron. Los que vencieron, con capacidad y arrojo, al cristinismo de circuito cerrado.
A Juan Schiaretti, Vuelve Juan, en Córdoba, y en menor medida a Carlos Verna, El Perro, en La Pampa.
Son los rebeldes que mantuvieron la inteligencia de insolentarse ante las imposturas de “la caja”. Una doble lección para los peronistas vegetales que supieron inscribirse en las ventajas económicas de la felación metodológica.
Ambos (Schiaretti con De la Sota, y Verna con Marín) triunfaron sobre las invenciones cristinistas, instrumentadas por Carlos Zannini, El Cenador. El clavel que le encajaron a Scioli, que ahora asentía, a través del silencio, como si hiciera méritos con su nuevo jefe. Con aire y con sol.

Competidores y participantes

Ante la ansiedad de los participantes, en el plano superior, los dos competidores se consolidan. Felices los polarizadores.
Macri, El Ángel Exterminador, a través de Horacio Rodríguez Larreta, El Geniol, reconfirma la vigencia en el Artificio Autónomo. Saca 20 puntos de diferencia sobre el entusiasta Lousteau, El Personaje de Wilde.
Pero Sir Lousteau, acaso para incentivar el fastidio de los porteños, decide insistir en una segunda vuelta, a la que tiene derecho constitucional. Pero que le brinda a Macri, en definitiva, la oportunidad servida de mostrarse. Lucirse en los próximos quince días, como la alternativa nacional de oposición a su amigo Scioli. Con quien se comunica telefónicamente varias veces por semana.
Felices los dos, Macri y Scioli, por polarizar, y desplazar hacia el rincón a los polarizados. Con Massa, El Renovador de la Permanencia, les fue demasiado bien. Juntos lo transformaron en parte (aunque destacada) de la etcétera. Aunque Massa hizo suficientes méritos para lograrlo.

La obstinación de Sir Lousteau por obligar a los porteños a la espesa inutilidad de la segunda vuelta subraya la lateralidad y la falta de liderazgo del radical Ernesto Sanz, Eterna Esperanza Blanca. Y de la coalicionista huracanada, la señora Elisa Carrió, La Demoledora.
Dos figuras decorativas del espectro Cambiemos que quedan relegadas -para Oximoron- a la condición de participantes. Con sus vicepresidentes de adorno y todo.
Es una lástima que ninguno de los dos invalorables participantes (Sanz y Carrió), encuentren cómo ubicarse en esta alianza extraña. Donde Macri los emboca como complementos subalternos.
Tampoco termina de entenderse por qué razón Macri opta por el selectivismo distrital. Le sirve para habilitar amplios acercamientos en Mendoza, Córdoba o La Rioja. Aunque contrasta con los enfrentamientos en Santa Fe, o en el Artificio de la Capital. Como si disfrutara con la esquizofrenia pintoresca de los radicales fragmentados.

Por su parte Scioli levanta manos en La Rioja. Del flamante Casas y de Béder Herrera, El Diablo. Pero levanta manos riojanas con el objetivo puesto en Córdoba.
La Rioja le sirvió para acumular. Para extender el menú ideológico del peronismo, siempre generoso en la campaña electoral. Es el sentido político del elogio hacia Menem, su inventor. El mismo Menem que, ante su silencio, fue redituablemente demonizado por los Kirchner, durante el primer tramo, cuando Scioli era el vice de Néstor, El Furia. Aunque debieron recurrir, sin pudores, al voto del senador Menem, a los efectos de apoyar las leyes elementales. Otra muestra que la rivalidad fue una impostura. Nada es terminante, en definitiva, en el peronismo vegetal. El anti-noventismo de El Furia y La Doctora fue otro cambio de piel del peronismo, movilizado siempre para conservar el poder. Clave principal de la ideología que, por otra parte, tampoco existe.

Córdoba, tierra de relativismos

Entre los participantes que desean ascender hacia la magnitud de competidores, debe registrarse el minuto de gloria de De la Sota, El Demócrata Cristiano. Largamente lo esperaba, y acaso lo merecía, después de tantos cartelones que producen una densa indiferencia en las encuestas.
Es el minuto de gloria que De la Sota comparte con Sergio Massa, con generosa relatividad. Es otro socio en la aventura de otra extraña alianza. Una.
Ambos participantes -De la Sota y Massa- se juntan para celebrar el triunfo de Schiaretti, en Córdoba. La provincia más adicta a las originalidades.
En cierto modo, De la Sota se reconfirma en Córdoba, aunque en adelante debe compartir el liderazgo con Schiaretti. Porque, el que “vuelve”, que quede claro, es “Juan”.

En la tierra de los relativismos, el ajustado triunfo compartido de Schiaretti y De la Sota, sobre la improvisada alianza de Macri con los radicales, no habilita a legitimar ningún retroceso en la postulación del propio Macri. Ni siquiera de Scioli, que supo simular el lejano tercer puesto de Accastello, paladín de Zannini.
De todos modos, De la Sota prefirió perdonablemente presentar el resultado original de Córdoba como la gran derrota de Scioli y de Macri juntos. Pero es comprensible. Es la reacción del polarizado que busca rebelarse contra los felices polarizadores que también lo embocaron. Como si fuera otro Massa.

El plazo fijo del 9 de agosto

En realidad, nadie puede asegurar que Schiaretti vaya a apoyarlo a De la Sota más allá del 9 de agosto. Aunque gane, incluso, en el entretenido match de participantes que De la Sota va a jugar con Massa. La fecha se impone con el rigor del plazo fijo.
Razonablemente, para asegurar que sigan juntos hasta octubre, y que se extienda el plazo fijo, Massa insiste en proponerle, a De la Sota, el armado de una fórmula conjunta. Con Massa, por supuesto, en el primer término. Como si fuera el Cafiero de 1988, y De la Sota lo acompañe, 27 años después. Un volver a vivir un tanto forzado. El epílogo merece, acaso, mayor grandeza.
Sin embargo, hasta el cierre del informe Oximoron, marchan hacia la competición en las PASO, en el plazo fijo del 9 de agosto. Por la fuerza que Massa aún conserva en la provincia (inviable) de Buenos Aires, le gana a De la Sota, por lo menos, 6 a 4. Y nada autoriza a pensar que Schiaretti vaya luego a apoyarlo a Massa para la presidencial.

Aquí radica el centro del nuevo relativismo cordobés. Massa, según nuestras fuentes, lo sabe.
Ocurre que Schiaretti mantiene mejor relación con Scioli -y en especial con Zannini- que De la Sota.
Para conjeturar un acercamiento entre Schiaretti y el Frente para la Victoria -o sea con Scioli- no hay que tener, al decir de Ignacio Zuleta, “la glándula de la profecía”. No se trata de ninguna especulación en el aire. Al contrario, es lo más recomendable para el funcionamiento racional de la tierra castigada de los relativismos. La provincia, en materia de orgullo, poco gana con el cordobesismo que la condena, en el fondo, a una soledad política bastante cruel. Signada, incluso, por el aislamiento presupuestario.

El copamiento del peronismo vegetal

Escribe Oberdán Rocamora, redactor estrella.

Como el final del ciclo del cristinismo (que a lo mejor se extiende), se extiende el final del peronismo vegetal (que se transforma sin dramatismo).
Hasta aquí -junio de 2015- el instrumento electoral, el Partido Justicialista, no registró el menor brote de reacción interior. Apenas un par de desprendimientos. En Córdoba, San Luis, La Pampa, Buenos Aires.
Pero los peronistas mayoritarios siguen adentro. Se ajustan a la patología del kirchnerismo. Y suscribieron, sin pudor, como si fueran documentos, los memorándums redactados por el antiperonista más célebre que los conduce. Carlos Zannini, El Cenador.
Pese a sus desastres seriales, en 2015 puede triunfar la versión cristinista, con el sorpresivo blend Scioli-Zannini. A partir de 2016 es el turno de la sumisión. La transformación total. Continuar leyendo

Tangos del cierre

“Una”, “Cambiemos” y “Progresistas” completan el frepasismo tardío del FPV.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial

“Sin novedad en los frentes”, diría Erich María Remarque.
En el camino hacia la pedantería electoral de las PASO, para el primer cierre sólo concentró algo de suspenso Sergio Massa, El Renovador de la Permanencia.
Sustancialmente depilado a la cera negra (cliquear), con su reconocida astucia se las ingenió para hacer, de su desdicha política, un objeto de consumo. Y de centralidad.

Modelo de inclusión

El favorito es -quién iba a decirlo- el Frente para la Victoria. Pese al frepasismo tardío y a los desastres seriales que arrastra desde hace doce años. Llega sostenido por la carencia de solidez en la reacción del oponente, que parece postularse más para complementarlo que para sucederlo.
En la práctica, lo vertebra el Partido Justicialista Vegetal. Un Ogro invertebrado que adquiere vitalidad sólo cuando se trata de contar los votos, que comparte con una decena de adyacencias. Son sellos presupuestarios que se limitan a contener un vociferante conjunto de buscapinas que pasan mensualmente por ventanilla con gesto reclamatorio, y con la tendencia a creer que participan de la Revolución Imaginaria que aplica el “modelo de inclusión”. Tan generoso que los incluye, incluso, a ellos.
Semejante patología del frepasismo tardío hoy debe obedecer verticalmente las decisiones de La Doctora. Justamente ella vuelve cargada por la espiritualidad que le aporta el Conductor más inesperado. Francisco, mal llamado San Borocotó.
La Doctora tiene que decidirse en los próximos nueve días. Primero y fundamental, ¿qué va a ser de su osamenta?
Si va a anotarse como parlamentaria en la nadería del ficcional Parlasur. La expresión burocrática del Mercosur que ya no existe. O si va a apuntarse, convenientemente, como diputada, para arremeter con la idea alucinante de la Presidencia Legislativa. O acaso, de máxima, como gobernadora de la provincia (inviable). Buenos Aires. Si es que no tiene la autoridad suficiente como para desplazar a Florencio Randazzo, El Loco, de sus ilusiones presidenciales, y proponerlo como gobernador. En ese caso, sin otra alternativa debe avalar, como heredero, a Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol, a pesar de su voluntad. Al que habrá, en todo caso, que acotar, pero sólo después de asegurarse el triunfo, de ser posible en la primera ronda, sin asumir el riesgo de perder, entre otros valores, la libertad.
Ahora, si le da luz verde a la confrontación, y el patológico frepasismo tardío presenta la bifrontalidad, a través de Scioli y Randazzo, el máximo beneficiario será Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, transformado en El Ángel Exterminador. Del artefacto Cambiemos, Macri es el aspirante más aventajado.

Cambiemos y UNA. Tangos

“Cambiemos” puede ser el ajustado título de un tango. Como Soñemos “que los dos estamos libres”. Pero es el PRO, expresión institucional del macricaputismo, que emerge con otras dos adyacencias bastante respetables. El retrasado radicalismo que conduce Ernesto Sanz, La Eterna Esperanza Blanca, que aporta el hilo de la territorialidad. Y la Coalición Cívica, sello que aún sobrevive y aún no fue asombrosamente destruido por la señora Elisa Carrió, La Empresaria en Demoliciones.
“Cambiemos”, o Soñemos “con la gloria de este amor”, aporta también el conglomerado juvenil de Gerónimo Venegas, El Momo. Es un gratificante exponente de “lo nuevo”, categoría inventada por el pensador don Jaime Durán Barba, El Equeco. Orienta el bolero llamado Fe. Es una religiosidad que por lo menos puede servirle a Macri para contar los votos, en la Provincia Inviable, donde tal vez no alcance con el voluntariado moderno recopilado a través de las redes sociales. La Provincia Inviable es el territorio de la equivocación coral. Aunque puede presentarse, también, como de la esclarecida genialidad. Depende de cómo salga la invención.
La equivocación consistió en haber desairado, y sometido a la humillación civil, al tercero en cuestión, Sergio Massa. Del tango UNA.

UNA “busca llena de esperanzas”. Pero no. Es UNA, “una nueva alternativa”, que le sirve a Massa, al menos para los próximos nueve días, para cotejar con José De la Sota, el apartado peronista que se aferra reglamentariamente a la Democracia Cristiana.Los acompaña otro grupo de honorables buscapinas y la curiosidad del MID, sinónimo semántico del apellido Frigerio.
Hoy el Frigerio más sensato que vive responde al PRO. No pertenece al tango UNA, milita en el tango Cambiemos y aspira a la vicepresidencia. Al cierre del despacho, aparece con menos fuerza que la señora Michetti, La Novicia Rebelde, y en especial que Marcos Peña, El Pibe de Oro, ídolo del voluntariado que recita a Durán Barba.

Progresistas

Para constar en actas, debe rescatarse el recatado grupo de los “Progresistas”. Son los tibios y sensibles que impulsan, hacia el primer plano, a la señora Margarita Stolbizer, La Vecina Buena.
Es la “gauche” socialmente presentable que no llega a ser de izquierda. Pero que tampoco se resigna culturalmente al pragmatismo que impregna a la indigerible “derecha”.
Es la sintomatología que suele tratar el psicoanálisis y la homeopatía. Eficaz para combatir testimonialmente las imposturas del peronismo, pero sin deslizarse entre la antipática atracción que genera el antiperonismo. En definitiva es el espacio ideal para que sea apoyado por el erudito contratapista Jorge Fontevecchia, como también por la iluminada señora Beatriz Sarlo, y con seguridad también por el novel novelista Tomas Abraham. Aquí se agrupan los frepasistas inquietos que hubieran apoyado con tenacidad a Hermes Binner, el John Wayne de El Hombre Quieto, que dejó pasar el 2015 para jugar entero por la continuidad del evangelio socialista en Santa Fe. Son mormones idealmente maltratados por la violencia narco que ni siquiera se conmueve con sus oraciones, ni por sus creencias en el hombre mejor. Territorio en peligro electoral por el énfasis que adquirió el PRO a través del entrañable Miguel Del Sel, El Midachi, y por el apoyo siempre “hasta por ahí nomás” de Carlos Reutemann, Planta Permanente.

Liguillas

Reutemann insiste en la obstinación de permanecer lo más pancho en el Senado. Aunque sin el afán participativo del otro anotado en la Planta Permanente. Adolfo Rodríguez Saa, el Padre de la Puntanidad.
Fue una lástima que Rodríguez Saa no haya alcanzado a convencer al cineasta Fernando Solanas, El Prestigioso Dirigente Universitario. Para armar la liguilla menor y simular juntos que quieren ser -si no presidentes- al menos candidatos. Por suerte el cineasta mantuvo un poco de pudor estético y decidió inteligentemente abrirse para disfrutar, en adelante, ya sin culpas ni simulaciones, de la parsimonia del Senado.
Por último, en el Tango del Cierre nos queda el esclarecimiento de la izquierda real, que insiste con Juan Carlos Altamira, El Trotskista Enciclopédico. Merecería Altamira ser presidente por una semana, cuando irrumpa la reiteración grotesca de otro 2001. Tiene pergaminos superiores, como los amontona también el obrerista Víctor De Gennaro, Nuestro Lula que no Fue. Y es lamentable que tampoco sea de la partida el histórico Otto Vargas, aquel líder de “La Fracción”, que sólo los refinados lo recuerdan aún como Rosendo Irusta

Impunidad conceptual de La Doctora

El cristinismo envuelve y aplasta al opositor envuelto y aplastado

escribe Bernardo Maldonado-Kohen

“No dejó las convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Fue peor, las metió adentro”Oberdán Rocamora

Después del nutrido festival de “números vivos”, el cristinismo se muestra legitimado y dominante. En el final (que se extiende). Pese a sus desastres seriales.
Envolvente, el cristinismo es también aplastante.
Deja a la oposición-envuelta y aplastada. Entra en su juego. Lo complementa. No termina de afirmarse.
Cae en la actitud suplicante. Unificación o continuidad.
La impotente alternativa brota desde La Franja de Massa. Desde la señora Malena Galmarini, hasta Francisco De Narváez. O el mismo Roberto Lavagna. Insisten en la construcción coral del argumento unificador. Pero Mauricio Macri, por decisión estratégica, prefiere no atenderlo.
A esta altura no es sólo para bajar el precio a los aliados potenciales como Sergio Massa o Narváez. Ya no.
Macri esgrime la novedad relativa de la pureza étnica para confrontar. Sin importarle que lo responsabilicen por el triunfo eventual, en la primera vuelta, de Scioli o Randazzo. Quien La Doctora elija para hacerle la suplencia presidencial. O co-gobernar. Si es que prospera el proyecto de llevarla como diputada por la Provincia Inviable. Para elevarla como presidenta del Parlamento.
En tal caso habrá dos poderes superiores en la Argentina. El Ejecutivo y el Legislativo. Con un espacio, apenas nominal, complementario, para el Judicial.
“Si sale la Presidencia Legislativa, para Lorenzetti no va a haber lugar”, asegura la Garganta.

Sed de poder

La Doctora tiene más sed de poder que todo aquel que pretenda suplantarla.
Sea suyo o profano. Mantiene envueltos y aplastados, en principio, a los sucesores de su propia escuadra. Scioli, y -en menor medida- Randazzo.
Pero conste que se trata de peronistas. Pueden obedecerle hasta finales de octubre. Lo pactado, en adelante, tendrá la seguridad de lo escrito en el agua.
Por ahora, Randazzo tiene que ocuparse más de conseguir apoyos en el Frente para la Victoria que entre el resto mayoritario de la sociedad. Y ganarse la consideración de La Doctora. Para ganarle a Scioli con el favor de la tropa propia. Necesita aferrarse, hasta la sobreactuación, a los lineamientos de La Doctora. Si tiene suerte, ajustará luego su mensaje para la gente normal. Y emanciparse -en algún momento- de ella.
En cambio Scioli está algo más aventajado que Randazzo. Cuenta con el apoyo superior de los caciques del peronismo. Soportan los llamados de Zannini, que se arriesga a recibir respuestas similares a la del gobernador Gioja.
“Con Scioli gano, con otro no sé”.
Pero Scioli, como Randazzo, también debe mantenerla imposiblemente mansa a La Doctora. Al extremo abusivo de reconocer que Kicillof es indispensable. Novedad que no reconforta a Miguel Bein, que ahora se muestra en público menos crítico.
“Por derivaciones del Teorema de Baglini”. Lo dijo Bein en el almuerzo del Cicyp.
“Solo cuando uno se acerca al poder se vuelve razonable”.

Tergiversaciones escogidas

Resulta admirable la capacidad De La Doctora para mitificar las epopeyas inventadas.
Abusa de la impunidad conceptual. Para envolver -y aplastar- al periodismo crítico. El enemigo señalado, para devaluar con mayor eficiencia al opositor real.
Gracias a la impunidad de concepto, La Doctora se luce con las emotivas tergiversaciones. Con los desbordes teatralizados. Conmueve a los adictos sensibilizados, como horroriza a los detractores.
Síntomas de la sociedad dividida y enfrentada.

“¡Recuperamos YPF!”, clama La Doctora, conceptualmente impune. Sin réplicas.
Por la catastrófica expropiación. Sin graves reproches ni cuestionamientos, se pasó de las compadradas ministeriales de Kicillof, a la capitulación más humillante del mismo Kicillof. Al extremo de elevarlo a Brufau, el CEO de Repsol, como el gran héroe nacional de España. Por el milagro de conseguir, para las arcas exhaustas, 6.500 millones de dólares, procedentes desde el país exangüe (cliquear), Argentina, internado en terapia intensiva.

Se advierte que, de tanto envolver y aplastar con la tergiversación, se arriba a la conclusión que La Doctora y El Furia fueron siempre valientes defensores de los derechos humanos.
Y que no fue ninguna convención del conjunto de pícaros que percibieron las ventajas del humanismo.
Entonces reinstalaron las ceremonias de la carnicería en el primer plano. Declararon a la Esma como territorio liberado, apresaron a una apreciable cantidad de septuagenarios y descolgaron un par de cuadros falsos. Mientras tanto, en simultáneo, se entregaban a la devastación recaudatoria, asociada a la idea eterna de la impunidad.
Al respecto, desde el periodismo artesanal, se acuñaron algunas frases dolientes.
“Con la izquierda adentro se puede robar mejor”.
U otra igualmente grave.
“Del roban pero hacen se pasó al roban pero apresan y castigan”.

Sin embargo la impunidad conceptual celebra la máxima idiotez geopolítica que produjo el extinto.
La grosería diplomática de Mar del Plata, presentada como otra gran proeza. Papelón internacional que legitima el anticipo del aislamiento.
Fue cuando El Furia armó la patota con Chávez, el otro extinto, liado principal, para desairar al estadounidense Bush. Y organizarle patológicamente en las calles, desde el Estado, una manifestación adversa.
Inicio del descalabro que profundizó el descenso de Argentina en el “clima de negocios”. Y en la proclamación del antimperialismo pueril, improvisado, adolescente y a la bartola.
Tristezas del país defaulteado y desacatado. Desprestigio de una caída libre que de ningún modo se simula con la irrupción tonificante de China.
A propósito, China pone el dinero grande en Brasil, para financiar una ruta desde el Atlántico al Pacífico. Y la pone también en Nicaragua, para construir el canal que desplace en importancia al canal de Panamá.
Mientras tanto, la legitimidad del yuan, China se la confía a Chile.
Aquí, en la desmesura patagónica, China distrae unos cuantos miles de millones de yuanes para financiar el negocio demorado de las represas. Las que tuvieron más anuncios como nombres. Pero de paso edifican, como si se tratara de una propina para caja de empleados, una base satelital inexplicable, que depende de sus fuerzas armadas.
Esta Argentina, para China, es, en importancia, como cualquier otro país subastado de África.

El antiperonismo le ladra a la luna

Sobre el final del ciclo que (tal vez) se extiende

sobre informe de Consultora Oximoron
Escribe Bernardo Maldonado-Kohen

Introducción

Como en el primer lustro de los 50

“No aguanto cuatro años más de peronismo” confirma la Garganta-. “Prefiero irme del país”.
La posibilidad que el cristinismo permanezca inquieta y atormenta. A través de Scioli. Con La Doctora detrás y La Cámpora a los costados.
“¿Hasta cuando el populismo? ¡Por favor!”. Insiste otra Garganta.
Un coro pío de lamentos complementa el final del ciclo que a lo mejor se extiende. Como se extiende el temor a la confirmación de la continuidad.
El incentivado sentimiento antiperonista atraviesa, en la actualidad, por uno de los períodos más intensos.
Es distinto de aquel antiperonismo del primer lustro de los 50. Sin militares providenciales a los que recurrir, que hoy sobreviven adentro de la caja.
No queda otra alternativa que desalojar, a los peronistas, mediante elecciones.
Trasciende, por si no bastara, que el general Milani mantiene un prematuro cierre con Scioli.
“Si no puedes con tu adversario, únete” -sentenció aquel aprendiz de Maquiavelo. Parafrasearlo es fácil.”Si no puedes con los peronistas y quieres sobrevivir, hazte peronista”.

Osiris Alonso D’ Amomio, Consultora Oximoron/Director

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El repunte inflamado de Scioli en las encuestas ilustra y explica la meseta transitoria que Macri y Massa comparten, con diferente rigor.
El estancamiento se impone, en realidad, con la potencia del retroceso. Se suma a la sorprendente imagen favorable que La Doctora aún arrastra, pese al compendio de catástrofes agravadas .
Juntos, La Doctora y Scioli estimulan la imaginación y las iniciativas de los que procuran,  razonablemente, evitar que el cristinismo perdure. Que conserve, más allá de diciembre, los atributos del poder abusado. Ampliaremos.
La oposición al cristinismo es -al cierre del despacho- demasiado frágil. Si se la compara, sobre todo, con el sentimiento rencorosamente opositor que anida en sectores decisivos de la sociedad.
Son los excluidos de las capas medias. Se encuentran culturalmente hartos de las imposturas arbitrarias del oficialismo desastroso, que se dispone, para colmo, a permanecer.
Basta con un ventarrón adverso para que se estanquen las estructuras de los dos líderes –Macri y Massa- que se postulan para desalojarlos. Para que dejen de registrar crecimientos significativos.
Basta además con un soplido, un aprovechado desorden, o alguna explotada confrontación interna para desequilibrarlos.
Por encontrarse divididos, son fragmentos funcionales al cristinismo, que enarbola la obstinada certeza de quedarse. Aunque estuvieran, un mes atrás, regalados. En mesa de saldos.
“Con muy pocas excepciones, los intendentes que ustedes llaman mini-gobernadores, cuentan de movida una base del 27 por ciento” –confirma otra Garganta.
La pregunta que surge es entonces obvia: ¿cómo se les gana en medio de tanta fragmentación opositora?
Desdibujan el 60 % de la sociedad que los detesta. Con márgenes considerables de ciudadanos que ya no pueden escuchar ni siquiera la voz que los encadena.
Consecuencia del conjunto de egolatrías desencontradas, más que de enfrentamientos ideológicos.
La ideología, en el fondo, es aquí una cuestión secundaria.

Riesgos de la Pata Peronista

Para Oximoron, los proyectos inspirados en el no peronismo, o los inspirados en un peronista que de pronto se aparta, coexisten con el riesgo del desvanecimiento inmediato.
La declinación arranca, en el primer caso, cuando los dirigentes osados plantean  racionalmente que, para conquistar el poder real, hace falta disponer de la llamada “pata peronista”. Para ingresar, al menos, en la provincia (inviable) de Buenos Aires. En el conurbano mayoritariamente impenetrable, que siempre brinda algún espacio lateral para las minorías.
En el mercado del usado, la pata peronista siempre se consigue. Con llamativa facilidad. Como se consiguen en Warnes los repuestos de los automotores.
Abundan los peronistas desencantados que se quedaron afuera del circuito cerrado de la toma de decisiones, y de los repartos. Quedaron lejos de las cajas y fueron desplazados sin piedad. Peronistas expertos, al borde de la laguna. Con la caña en una mano y con la garrocha cerca, por si es necesario saltar hacia algún otro espacio generoso que los contenga.
Para alimentar a los desplazados opositores internos, que sobreviven en el llano, en el peronismo sólo quedan las anchoas saladas, para ser servidas en la calentura del desierto.
Pero la pata peronista presenta un enorme riesgo para los improvisados que pretenden armar desde el no peronismo.
Es que la pata peronista les peroniza paulatinamente la totalidad del cuerpo. Y cuando los iniciales no peronistas se quieren acordar  ya es tarde, están peronizados en el peor sentido de la palabra. Adoptaron la mayoría de los vicios culturales y ninguna de las virtudes, que florecen en general cuando se dispone del poder.
Lejos del poder, el peronismo propone el mito melancólico de la resistencia. Para desalojar, sin romanticismo culposo, a aquel que lo tiene.

Sobre la ceguera

La problemática alcanza grados de patología cuando el opositor no diferencia al peronismo del kirchnerismo. Cuando los identifica.
En su desesperación, el antiperonista es dominado por la ceguera que lo descontrola. Cuando decide que el peronismo es la lacra. El responsable histórico de la totalidad de los fracasos colectivos de la Argentina. Desde la corrupción devastadora, que supera cualquier peste de transparencia, hasta del insumo básico de la pobreza. El elemento compulsivo para eternizarse.
El tramo se reproduce en la actualidad. Al percibir que La Doctora y su conjunto de buscapinas acostumbrados pueden persistir a través de Scioli, el antiperonista fanatizado se sumerge en magníficas muestras de frustración.
Es cuando el mito del eterno retorno, inspirado en el ejemplo de Michelle Bachellet, se transforma en el mito de la permanencia, inspirado en Vladimir Putin. (Ampliaremos. Tema de próximo informe Oximoron).

Siempre listos

En su impotencia, el antiperonismo le ladra a la luna.
Cuando toman consciencia del riesgo de quedarse, después de haberse ilusionado con la certeza falsa de la partida. Con el cuento del final de ciclo.
Por lo tanto, al sospechar que el próximo gobierno va a ser también peronista (“un clon del actual”, según un pensador), se anticipa el tormento que legitima la incertidumbre. Y la puteada inútil, hacia la luna. Como los ladridos de perro del “barrio de tango”. Homero Manzi.
“Estos peronistas se quedan siempre. Y el país con los peronistas no tiene destino. Es una tortura”.
Peronistas siempre listos para nacionalizar o privatizar. Depende. En el fondo, para ser francos, es lo mismo. Con el complemento liberal, para denostar posteriormente, como con Menem. O con el componente del frepasismo tardío, como los diferentes Kirchner, El Furia y La Doctora, para denostarlos en bloque en un futuro cercano por los propios peronistas. Sin que se les caiga ningún anillo. Ni florezca la mariconeada intelectual de la autocrítica.
Para Oximoron el peronismo es la ideología del poder. Con el agravante que la conquista y la conservación del poder signan las claves de la misma ideología.
Al frente siempre y con los individuos intercambiables. Los que en general acompañan y elogian al que gana. Y aquel peronista que decide combatirlo, o carece de reflejos para acomodarse, y se queda afuera, tiene por delante un destino de desierto ancho y largo, ideal para comer anchoas, eternizadas en sal gruesa. O para ofrecerse como “pata peronista” en el mercado del usado, donde se abre cualquier proyecto opositor que se inspire en el defecto físico del no peronismo.
Es la manera de entender críticamente el final de ciclo que (a lo mejor) se extiende. Con otra versión para repetir la historia inagotable.

De la Sota y sus contemporáneos

En “Quiero y Puedo” desfila Scioli, Macri, Massa y La Doctora.

escribe Carolina Mantegari

Sin “ánimo de agredir” (pag 57) José Manuel De la Sota refiere que “Scioli no es un líder, ni un gestor ni un conductor”.
Se pregunta, desde el título del capítulo dedicado, si Scioli tiene alguna “idea propia”.
Para el ensayista (Scioli) llegó siempre “enancado en una propuesta de otro”. Sea Menem, Duhalde o Kirchner. No obstante, el autor le tiende una soga.
¿Para qué cambiar si hasta ahora le fue tan bien?

La generosidad descalificatoria le sirve también a De la Sota para bajarle el precio a Macri.
Es quien “se apropió del color amarillo” aunque, a su criterio, “para hacer política (Macri) todavía está verde” (pag 71).
Tampoco (Macri) tiene “ideas propias”, y ni siquiera le tiende la soga: “Todo, en su círculo, es escenografía” (pag 73).

Menos aún Sergio Massa disfruta de la admiración intelectual de este inesperado “ecrivain maudit”.
Massa aparece bien provisto de “lugares comunes”.
Con “mensajes para la tribuna sin la más mínima profundidad” (pag 120). Aunque le tira la siguiente soga: “siempre fue un tipo agradable, simpático y canchero”.

El catálogo de la galería cruel de personajes contemporáneos puede coronarse con La Doctora.
“Gallego, esta mujer es como un alacrán. Te pica porque hace a su naturaleza” (pag 142).
La calificación de “alacrán” se la atribuye al extinto Antonio Cafiero, un hombre “de bien”, al que acompañó como vice en la histórica interna peronista de 1988. Cuando Cafiero-De la Sota perdió con Menem-Duhalde.

Sin embargo el autor reserva también espacio moral para los rescates y homenajes. Por ejemplo del legendario Chacho Bittel. A quien La Doctora, cuando era senadora, había calificado de “inútil y gagá”.
También un capítulo está dedicado a venerar al propio general Perón, a quien el autor visitó en Gaspar Campos, con una delegación de la Juventud Peronista. Los muchachos tuvieron tanta suerte que presenciaron un diálogo ideológico entre Perón y el ministro Gelbard. Delante de ellos fue a proponerle a Perón nada menos que “la reforma del Estado”. Porque “las empresas estatales, como están, son insostenibles” (pag 117).

Por suerte De la Sota, en su memoria selectiva, se muestra ecuménico y democrático con Raúl Alfonsín. Es quien supo emocionarlo con la recitación del Preámbulo. O con el ejemplar pedido de “un médico a la izquierda” (pag 127). Es el sentido de los “candidatos cambiados”. “El nuestro (Lúder) era el Doctor. Teníamos que perder y perdimos” (pag 176).

Tal vez hubiera correspondido que el autor fuera un poco más condescendiente con Carlos Menem, de quien fue su embajador en Brasil.
Pero Menem “abrió las puertas de la infiltración del liberalismo dentro de las filas del peronismo” (pag 133).
Abundan los informados que evocan que aquel presidente Menem resultó sustancial para que el autor abandonara la rutina de derrotas y conquistara por primera vez la gobernación de Córdoba. Con ostensible ayuda liberal. Pero el dato es irrelevante.

Conmovedora amenidad

En “Quiero y Puedo” la franqueza de De la Sota, en la condición venerable de escritor, no debiera ser rescatada apenas desde la ética. Menos, aún, desde la estética.
Es preferible situarlo en el plano testimonial. Para computar el libro como lo que es. Un hecho político. De descontada repercusión, sobre todo al trascender estas líneas.
Debe rescatarse en De la Sota la sinceridad crítica al referirse a las cosmovisiones de su experiencia. A los altibajos de su epopeya personal. Y al abordar el posicionamiento de sus contemporáneos, que emergen como eventuales competidores en el intento de erigirse en el próximo presidente de la República.

Se trata de un texto-pretexto, utilitario para la instalación política. Abundan los profesionales en el oficio del poder que recurren a la sistemática producción de libros para legitimar las expediciones territoriales.
Aquí De la Sota combina la fresca hondura con la conmovedora amenidad, en un lenguaje simplista que facilita la comunicación de los episodios escogidos de la memoria. Son “relatos” variados, que abarcan distintas épocas y están divididos en siete partes arbitrarias. Entre sus páginas aparece De la Sota como el buen muchacho querible que aún extraña a su padre, quien lo llevó a su primera concentración peronista en el centro de Córdoba (pag 40). Y en el ser sensible que quiere a los perros (pag 63). Sin aludir al capítulo desgarrador del inicio, que exhibe una fuerte agresividad emotiva, ya que trata de una pérdida irreparable.

Contemporáneos aventajados

Esta crítica duda si “Quiero y Puedo”, en tanto producto literario, pueda servirle al autor para instalarse en su retrasada ambición de postularse para la presidencia.
Los tres contemporáneos más aventajados, “Daniel, Mauricio y Sergio” (cliquear), los que pugnan por calzarse también la banda, son protagonistas involuntarios y atractivos para la lectura del texto-pretexto.
El gobernador que carece de ideas propias. El jefe de gobierno que aún está verde para la política. Y el diputado canchero, enunciador de frecuentes lugares comunes, que lo hace sentir incómodo al no mirarlo de frente. Y al enviar, en su presencia, mensajes de texto, o atiende llamados como si ninguneara al interlocutor.
Es después de todo una suerte que los tres políticos aquí enumerados mantengan un saludable sentido del humor. Y un aparato digestivo lo suficientemente desarrollado como para no tomar demasiado en serio sus descriptivas presentaciones. Con la salvedad, a nuestro criterio, del alacrán. O de “la alacrana”, un espíritu infinitamente rencoroso y vengativo. Editó Planeta. 283 páginas.

Radicales para Macri

Lo bocharon a Massa por temor a Carrió

sobre informe de Consultora Oximoron. Redacción final Carolina Mantegari

Desde la fragilidad los radicales renacen.
Reproducen el fantástico milagro de transformarse en una fuerza territorial, Más necesaria que incontenible.
Dispondrán, con suerte incentivada, de no menos de siete gobernaciones. Alcaldías innumerables, legisladores por doquier. Para pesarlos.
Tardaron 13 años en recuperarse. Tratan de nuevo la problemática del poder. Vuelven a sentirlo cerca. Pudo percibirse en la intervención de Ernesto Sanz, la Eterna Esperanza Blanca
Vuelven de la mano culposa de Mauricio Macri, El Niño Cincuentón.
Es el Chacho Álvarez de la flamante epopeya.
En 2015 los radicales se aferran al tronco salvador de Macri. Con similar pasión electoral, en 1999 se aferraron al tronco salvador de Chacho Álvarez, El Peronista en Tránsito (se inmolaría solo).En efecto, en 1999, Fernando de la Rúa, El Radical Traicionado, se apoyó en el progresismo verbal de Álvarez para suceder al gobierno peronista de Carlos Menem. El Viejo Onur se había inclinado excesivamente hacia las transformaciones económicas que representaban al imaginario de la derecha.
Pasaría a la historia -eso- como “neoliberalismo”.
La experiencia de la Alianza concluyó en el desastre fundacional que no legitima las chicanas de la actualidad.

En 2015, el sensato Sanz, envía a Julio Cobos, Santa Romana, hacia el Nacional B.
Y rechaza a Sergio Massa, Titular de la Franja de Massa. Después de las amenas conversaciones. Y de la inspiración de aquel sabio consultor que propagaba la fórmula Massa-Sanz.

Ahora La Esperanza Blanca, distante de Massa, se prepara junto a la señora Carrió, La Demoledora. Para volver con el mascarón del neo desarrollista Macri. A los efectos de suceder a otra versión patológica del peronismo. El que inspira La Doctora, hoy oralmente inclinada hacia la izquierda.
Se destaca como una digna acompañante de Nicolás Maduro. Una reproducción más articulada. La llaman, incluso, La Madura.
Pero fue La Demoledora, según nuestras fuentes, la que impuso la tarjeta roja hacia Massa.
“Es el gran servicio que Carrió le hizo a Macri” -confirma la Garganta.
Declarar a Massa persona indeseable.
Si Massa era aceptado en la cruzada opositora, como lo reclamaba Morales, El Milagritos, y hasta Cobos, La Demoledora iba a demoler el invento con mayor celeridad que otros que ella misma gestó.

Hacia el Neo Desarrollismo

Lo gravitante es que Sanz y Carrió consolidan la actual hegemonía de Macri.
Ambos sparrings se elevan para el simulacro de combate desigual. Pero les cabe, incluso, la remota posibilidad de ganarle.
En la pedantería de las PASO Macri se va a consagrar como el gran triunfador.
Aunque de ningún modo El Niño lo va a llevar, como vicepresidente, según nuestras fuentes, a Sanz. Como lo creyó en principio Cobos, el  derrotado de Gualeguaychú, pese al empuje del inquietante Grupo Santa Romana.Téngase en cuenta que Oximoron lo presenta a Macri como un neo desarrollista.
El Niño se encuentra bastante apegado a la mítica de aquella congregación hoy bendecida.
Por lo tanto, probablemente acompañará a Macri, en el ticket presidencial, según nuestras fuentes,  Rogelio Frigerio.
Es el hijo de Octavio y el nieto de Rogelio, El Tapir.
El abuelito Frigerio fue el numen de aquella ideología superadora. Pero se extinguió sin misericordia cuando los desarrollistas fueron echados como mucamas del diario Clarín, que se jactaban de manejar. Los rajó la señora Ernestina, la “caprichosa” directora, junto al hombre fuerte que emergía en los 80, y que había traicionado al Tapir. Es Héctor Magnetto, El Tío de Pablito. Ambos hoy colaboran para catapultar a los nietos de aquellos que rajaron.
De ser viable el ticket Macri-Frigerio, Mauricio podría considerar que, al fin y al cabo, fue una suerte que Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida, no aceptara secundarlo. Era un privilegio que Mauricio le proporcionaba exclusivamente para que La Gaby no entorpeciera la sucesión del favorito.
Es Horacio Rodríguez Larreta, El Carismático de Flores Sur.
La contienda se resuelve en poco más de un mes y se presenta, al cierre del informe, como la principal tachuela que irrita el zapato del Niño Cincuentón.

La larga espera

Se sugiere, por las dudas, no preparar aún las exequias políticas de Massa.
Al cierre del informe se aguardan desplazamientos en el peronismo aletargado. El movimiento domesticado, transformado en un piadoso partidito vegetal.
Aluden –los desplazamientos- a José De la Sota, El Cuarto Hombre.
Pero por supuesto lo incluyen sobre todo a Massa. E incluso a Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol.
Ocurre que La Doctora Madura mantiene explícitas intenciones de sacarlo a Scioli de la carrera.
Como si el gobernador de la provincia inviable fuera el entregado Gustavo Marangoni, El 5 de Boca.
Porque Madura tiene el propósito de imponer, en carne viva y sin anestesia, el ticket Randazzo-Kicillof. El Loco y El Gótico juntos.
“¿Y Scioli?”. Todos se preguntan por Scioli.
En el peronismo vegetal están absorbidos, en gran parte, por el enigma de la espera.
A partir de su reconocida debilidad, los radicales de Gualeguaychú consolidaron una competitiva proyección centrista.Es un centro que, gracias a la insustancialidad teórica, se hace más de derecha. Por la necesidad práctica de La Doctora. Prefiere imaginarse de izquierda.Significa sugerir que el peronismo, de una vez por todas, tendría que ponerse los pantalones largos. Para dejar de ser arrastrado por Carlos Zannini, El Cenador. En representación de Olivos. Autodenominados dueños de “la lapicera”.

“Perdimos 15 años por esperar a Reutemann. No podemos perder otros diez años por esperar a Scioli”.
Lo confirma un congresal peronista de medialuna enarbolada. Se desplazó hasta Avellaneda sólo para ayudar en la resistencia a Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas). Un responsable contagiado, también, por la melancólica emoción de la espera.

Garrochazos de Reutemann y Posse

“DANIEL, MAURICIO Y SERGIO” REMAKE: Impacto de Macri que afecta a Scioli y a Massa

sobre informe de Consultora Oximoron,
Redacción final Carolina Mantegari

Mientras La Doctora prepara sus últimos 45 días de centralidad, Mauricio, El Niño Cincuentón, se corta solo.
Macri comienza a distanciarse levemente de Daniel Scioli, Líder de la Línea Aire y Sol. Y de Sergio Massa, Titular de la Franja de Massa.
La tropa macricaputista suele entusiasmarse con las encuestas que encarga afuera. Menos generosas que las que se hornean adentro.
Celebran el impacto favorable de haber anexado a Carlos Reutemann, Planta Permanente. Un símbolo.
“Rinden más los productos que proceden del deporte que los que proceden del espectáculo o los negocios”, confirma la Garganta.
Fue un golpe de efecto que afectó a Sergio, que parecía tenerlo. Queda en esta historia como el marido burlado.
Para Oximoron, el Efecto Reutemann afecta, sobre todo, a Daniel.
El mensaje es contundente: Mauricio abre la tranquera para facilitar el paso de los peronistas selectivos. Escogidos. Y despeja el garrochómetro.
Habilita, de pronto, otra pista para recibir garrocheros.

Por si no bastara, los macricaputistas celebran también el estético salto en garrocha de Gustavo Posse, El Hijo del Cholo.
Es el mini-gobernador de San Isidro. Abandona con reflexiones dolientes la Franja de Massa. Era previsiblemente hostigado por el cuñado, y por la venerable suegra del titular.
“Si saltaron Reutemann y Posse, pronto podrá confirmarse el salto en garrocha de Cariglino”, confirma otra Garganta.
Sobrecargado de ambiciosos postulantes para la gobernación, difícilmente Sergio pueda contenerlo.

Sergio, el acosado

En la dilatada miniserie “Mauricio, Sergio y Daniel” (cliquear), hoy Sergio es quien aparece como el más acosado.
Es el enemigo declarado de La Doctora. Pero también es el adversario que Daniel y Mauricio prefieren pasar al cuarto. Para confrontar entre ellos y dejarlo afuera.
Como si los protagonistas de la miniserie debieran ser dos, y no tres. Sólo Daniel y Mauricio, y descartar a Sergio. Por Clarín, que no termina de asimilarlo. Por el Papa, que se obstina en no perdonarlo. Y sobre todo por el volumen oportunista de la realidad.
Las garrochas, que surcaban el cielo en dirección del Tigre, cambian repentinamente el rumbo. Se dirigen hacia el Artificio Autónomo.
Aparte de Posse y de Cariglino, de La Compañía de Jesús, algún otro mini-gobernador de la Franja mantiene, según nuestras fuentes, franelas preparatorias. Con Emilio Monzó, El Diseñador. Escalón previo para ser recibido por El Niño Cincuentón.
Las encuestas lo bajan a Sergio del primer puesto al tercero. Y los garrocheros lo perciben. Tal vez le resulte, en adelante, más placentero correr desde atrás. Sin la tensa responsabilidad de ser el favorito. Faltan tramos sustanciales. Hay que cuidar el aire porque es una carrera de resistencia, lleva dos años.

Las señales seductoras de Mauricio hacia el peronismo confortan a los peronistas originarios insertados en el PRO. Algunos elaboraban cuestiones existenciales de identidad, al percibir que debían inclinarse, en exceso, ante los radicales.
Precisamente, por la garrocha de Reutemann, los radicales tienden a preocuparse. Mauricio ya puede recurrir a Planta Permanente para componer la fórmula. Y dejarlos en la banquina. Antes, incluso, de la programada reunión del 14 de marzo. Una salida que les sirvió para respirar, ganar un poco de tiempo y subirse el precio.
El fenómeno de los radicales despedazados también es llamativo y merece un informe propio.
La carencia de un liderazgo nacional paradójicamente los fortalece. Mientras se tupacamarizan, los radicales crecen. En vísperas de quedarse con porciones de poder que ni imaginaban. Gobernaciones, alcaldías, legislaturas en general. Beneficios absolutos que depara la ventaja de la fragilidad.

El Carismático y La Princesa

La conquista de la nación parece ser factible para el macricaputismo.
Pero los optimistas se ensombrecen por las aguas que caen turbias en el patio de la casa. En el plano doméstico.
Dificultades de la tortuosa sucesión en el Artificio Autónomo de la capital. Donde Mauricio supo comprometerse en demasía, al preferir a Horacio Rodríguez Larreta, El Carismático de Flores Sur. En la disputa con Gabriela Michetti, La Princesa de Laprida.
El Niño Cincuentón quiso conformar a La Princesa con el caramelo de madera de la vicepresidencia. Pero es la segunda vez que se le retoba.
La primera fue cuando no aceptó desplazarse hacia los caminos políticos de Buenos Aires, la provincia inviable. Aún se lamentan los melancólicos revisionistas de la historia contrafáctica. Lectores fascinados por la prosa de Iván Petrella y las reflexiones poéticas de Alejandro Rozitchner. Aseguran que, si La Gaby se lanzaba en la provincia en 2013, Sergio no se lanzaba. Y la peligrosa Franja de Massa podía haberse evitado.
La puja interna entre El Carismático y La Princesa pasa a convertirse en el dilema sustancial de Mauricio. Coloca en pose de combate a Marquitos Peña, El Pibe de Oro, y ubica en la primera fila de la platea a María Eugenia Vidal, La Chica de Girondo.
Si Michetti le gana a Rodríguez Larreta, será interpretado, invariablemente, como una derrota personal de Mauricio.
La confrontación del 27 de abril marca, aparte, el límite mediático. El inicio del festival permanente de las campañas electorales que se multiplican. Dinámica que eclipsa, en definitiva, la centralidad dominante de La Doctora. A quien le queda poco más de un mes para imponer los caprichitos y las imposturas por cadena nacional. Un mes largo que La Doctora va a aprovechar abusivamente. Arranca el domingo, con el show parlamentario del 1° de marzo.

Final con Scioli

A esta altura, pese a la concatenación de maltratos, para Oximoron, Scioli es más útil para La Doctora que La Doctora para Scioli.
Pero ella no cesa de esmerilarlo. Es más una cuestión cultural que política. Le estampa en el rostro la súbita preferencia por Randazzo, El Loco. O por Domínguez, El Lindo Julián.
Cualquiera pero no Scioli, que persiste impávido, sin reaccionar ante las andanadas y los esmerilamientos (leer “El Enemigo, El Sucesor y El Esmerilado, cliquear).
La táctica del Líder de la Línea Aire y Sol ya cansa hasta a quienes aún lo valoran. Consiste en el quedantismo de aguantar y callar, mostrarse siempre en acción, y diferenciarse, apenas, con algún gesto.
En el fondo Scioli está condenado por no haberse comprado del todo ninguna de las peleas fundamentales. Ni con Clarín ni con la Justicia. Menos con Techint o la Sociedad Rural. Es consenso y no confrontación.
Para La Doctora, un Scioli candidato representa lo peor. El fracaso del cristinismo alucinante y radicalizado.

Cataluña y la puntanidad

Relevamiento Federal, San Luis (Estado Libre Asociado): El gobernador delegado Claudio Poggi aguanta las críticas de Alberto Rodríguez Saa.

sobre informe de Consultora Oximoron,
Redacción final Carolina Mantegari

“El gabinete de Poggi es muy poco puntano”, confirma la Garganta. Le falta puntanidad, la cultura del lugar.
“Se aflojan los controles, se tiende a la dispersión”. Y crece -lo peor- el kirchnerismo.

Gobernador delegado del Estado Libre Asociado de San Luis, Claudio Poggi, cordobés, confirma que quiere ser reelecto. Es probable, incluso, que lo sea. Siempre y cuando el gran actor, notable pintor, competente conductor radial y ex gobernador, don Alberto Rodríguez Saa, Brad Pitt o El Chapa, lo permita. Y no insista en distraer sus reconocidas aptitudes estéticas para corregir las desviaciones del delegado gobernador. De la línea que le marcaron sus sabios antecesores. O sea el multifacético Alberto.
Es quien ejerce la titularidad, el turno del Alberto, mientras Adolfo Rodríguez Saa, Lo más Alto, el hermano corso que lo admira, lo deja hacer y deshacer.
Entonces, desde su programa radial que alude a los contactos metafísicos con el Planeta Xilium, Alberto lanza andanadas de críticas constructivas hacia el gobernador. O las escribe, en una magnífica muestra de pluralidad, en el diario de la familia.

La cuestión de la “puntanidad”

“Adolfo está más allá, más arriba, para los puntanos es como Dios, fue presidente, está en la escena nacional e internacional. Es el padre de la puntanidad”, continúa otra Garganta.
En cambio Alberto conduce aquí, en la tierra. Es el vigía y estratega del Estado Libre Asociado, una excepción que se destaca por su prosperidad y “poco tiene que ver con el resto de la Argentina”. San Luis ofrece conexión a internet hasta en los árboles. Es comparativamente superior a cualquier provincia, de las sometidas al estado central. Por las carreteras iluminadas, que cualquier forastero exalta, hasta por los avance sociales que muestran un mundo menos desdichado, casi feliz. Como lo soñaba el novelista inglés, Aldous Huxley.
“Aquí no tiene trabajo sólo aquel que no quiera trabajar”, prosigue la Garganta.
Los puntanos se jactan de construir más viviendas de las necesarias. Incluso Alberto instruye a los funcionarios para que estén atentos a las derivaciones del crecimiento demográfico. Para que se impida la gestación de villas. Como las villas que ofenden la sensibilidad más elemental en el conurbano bonaerense, o en la misma capital federal, en los alrededores de Gran Córdoba o de la Circunvalación de Rosario.
“La identidad villera aquí nada tiene que celebrar”.

Veinte años atrás, la puntanidad del Estado Libre Asociado ya sorprendía a los viajeros. Por ejemplo, con el ritual de una orquesta sinfónica integrada por niños. O con la extraña escuela de ballet clásico que dirigía un ruso real, especialmente importado (por Alberto) desde el Bolshoi de Moscú, un joven refinado, encantador y perfectamente homosexual.
Consta que en la actualidad, esta Cataluña argentina, no vería mal emanciparse del estado nacional que sólo les brinda disgustos.
O por lo menos estos puntanos de Alberto y de Adolfo aspiran a adquirir mayor autonomía. Se jactan de la tendencia ideológica de impartir felicidad. Pero también se ufanan del desarrollo turístico, ya no sólo en Merlo o en Potrero de Funes.

Después de 28 años de reinado de los Rodríguez Saa, en 2011 Alberto prefirió los escenarios, interpretar más a Gregorio de Laferrere, actuar en Villa Mercedes, irse de gira a Villa Carlos Paz, a Buenos Aires. Y Adolfo decidió recluirse en el senado, donde hoy mantiene el destino de Planta Permanente, como Reutemann, mientras amaga con ser candidato presidencial.
Consigna Oximoron que hoy Adolfo está anexado, como otro “renovador” más, a La Franja de Massa, la que orienta Sergio, el Renovador de la Permanencia, que les ofrece la alternativa de renovarse gratis.
Por propio peso, trasciende que Adolfo quisiera proyectarse como el más idóneo vicepresidenciable de Massa, que emerge como un experto distribuidor de rivotriles que carga en sus bolsillos. Cuentan que, a la menor distracción, les coloca a los interlocutores un rivotril en el agua mineral. Los duerme.
Aparte de participar como actor en Las de Barranco, de Laferrere, Allberto lució en “El acompañamiento”, vigoroso drama en un acto de Carlos Gorostiza, estrenado por los memorables Carlos Carella y Ulyses Dumont. Participó también de otras propuestas, con suerte bastante relativa, y ahora, los muchos que no lo quieren, ni lo toman demasiado en serio, confirman que se cansó de ser actor, de ser conductor radial, bailarín, cantante, equilibrista, artista de variedades y quiere volver a ser, por lo menos, gobernador.
Por lo tanto acusan que Alberto comenzó una perversa tarea de serrucho y esmerilamiento sobre Poggi. Al que se le prestó el poder, como si fuera el traje negro para asistir a una fiesta de casamiento. Tiene que devolverlo.
Pero Alberto también intentó dos veces ser presidente. En 2007, acompañado del ingenioso Héctor Maya, apodado El Veintidos. Y en 2011 fue con el “acompañamiento” del filósofo positivista José María Vernet, El Tati, autor de los opus más formidables del pensamiento peronista.
La última experiencia tuvo que ver con el piadoso bochorno del Peronismo Federal. Fue cuando con Eduardo Duhalde, El Piloto de Tormentas (generadas), Felipe Solá, El Máximo Cuadro del Felipismo, y Mario Das Neves, El Tenor Portugués, abandonaron la cancha grande del peronismo para hacer un picadito de potrero entre ellos. Fueron picaditos electorales en diversos distritos. Quedaron Alberto-Vernet contra Duhalde-Das Neves. Hasta que se estrellaron en Tucumán, cuando el gobernador Alperovich le advirtió a su amigo Duhalde. “Tenemos orden de Buenos Aires de votar contra usted”. Entonces cada fórmula fue por su cuenta y La Doctora los taponó con votos a las dos. La experiencia explica mejor el hartazgo sólido de Alberto y decidir refugiarse en la libertad del teatro, en el lienzo, y hasta en “el éter” como decían las abuelas.

Insidias del Balcarce

Pese al desborde de la felicidad, lo que se extiende también aquí es el cristinismo. A fuerza de ideología, de recorte generacional, y mucha moneda.
Enrique Ponce, intendente de San Luis capital, es el opositor que responde a Kolina. Son los buscapinas que conduce Alicia, La Fotocopia.
Los grupos se extienden tanto que hasta tienen la propia interna K. Con el senador Pérsico, el citado Ponce, y la señora Nora Videla, que saltó desde el albertismo hacia la oposición.

En el bar Balcarce, en plena Rivadavia, abundan los que quieren renovar, de una vez por todas, a los flamantes renovadores que se imaginan eternos.
“Pero no se deje engañar con tanto mundo feliz, los Rodríguez Saa aquí tienen el boleto picado”, confirma otra Garganta. Si se arrima al kolinismo es sólo para tomar distancia de los Rodríguez Saa.
“Si no es en 2015 capotan en 2019. Fijesé que están rodeados de septuagenarios”. Son Sub 70 que aspiran a mandar para siempre en esta Cataluña Nacional.
Aceptan, en el Balcarce, que Poggi, Poder Prestado, es el mejor discípulo de Adolfo. Y que nada le cuesta “aguantar los palos de Alberto, que se cree conductor”.

En tres años de préstamo, Poggi supo entenderse con los peronistas y los normales de cuarenta. Con los Sub 50 que quieren cobrar, y sobre todo dar órdenes. Con elaborado criterio consideran que se llega más rápido si se sitúan en las proximidades del cristinismo. Así tengan que “fumarse” a Scioli, “que es amigo, no hay problema”.

El bi-partidismo disperso

Peronismo y radicalismo. El blend peronista/radical

escribe Bernardo Maldonado-Kohen
sobre informe de Consultora Oximoron

En trazo grueso, en la Argentina persiste el bi-partidismo. Disperso, con ramificaciones y riesgos de balcanización.
Se asiste al desgaste simultáneo de dos culturas políticas. El radicalismo y el peronismo. Dos identidades de centro, que ocupan la casi totalidad del escenario.
En la práctica, la derecha clásica no registra existencia. Desde la orgiástica evaporación de la UCD, lo que quedó de aquella derecha liberal se fundió en el peronismo. O trata de integrarse en la selectiva urbanidad del PRO, que representa el espacio de centro derecha (aunque no lo asuma).

Lo que subsiste, en una sociedad impregnada del estereotipado progresismo, es una izquierda real, bullanguera y minoritaria. Se consolida en el ascendente Partido Obrero, y otros complementos menores. Es el partido que mejor explota, en la base asalariada y popular, el desgaste, sobre todo la indolencia, del peronismo vegetal. Verdad que preocupa a los pocos empresarios despiertos. Los que evocan, con cierta nostalgia, la flexibilidad negociadora del sindicalismo peronista. Para apuntarlo: merced al ascenso del trotskismo, los peronistas son indirectamente revalorados.

Fracaso, agotamiento y extinción

Sin embargo aquí el desgaste, por uso y abuso del poder, suele confundirse con extinción.
Por lo tanto predomina la fácil tentación de imaginarse innovadores. A los efectos de presentarse socialmente como expresiones de “lo nuevo”, en desmedro de “lo viejo”, que fracasó. Interpretación más inspirada en la eficacia generosa del marketing que en la profundidad del conocimiento.
Es la vertiente redituable que explota el PRO. Es el pilar de uno de los tres principales aspirantes a la presidencia. Gobierna hoy el Artificio Autónomo de la Capital, la localidad de Vicente López (en la Provincia Inviable), y un meritorio municipio cordobés.
Mauricio Macri, su titular, supo captar con inteligencia el electorado de capa media que respondía al radicalismo y a la UCD. Y erigirse, al mismo tiempo, en una suerte de esperanza blanca, una reserva moral del peronismo deteriorado. Ante el desgaste que arrastra años de monotonía en el poder, Mauricio pasó a explotar, con destacable habilidad, la moda del anti-peronismo, fundamentado y creciente, en una sociedad necesitada de encontrar culpables accesibles. Téngase en cuenta que el agotamiento se confunde no sólo con extinción. Se lo identifica, sobre todo, con el fracaso.

Pero desgasta mucho más la residencia en el desierto opositor. La carencia de poder nacional que padece el radicalismo, pese a contar con un rescatable posicionamiento en diversas provincias. Y capitales de provincia.
Por lo tanto el peronismo, por el costado pragmático, hoy se encuentra en mejor situación para sobrevivir a su propio desgaste. Puede dejar transitoriamente de lado las diferencias irreconciliables entre sus distintas tolderías, cuando sobreviene la campaña electoral y se discute el manejo concreto de los presupuestos. Para acomodarse, sin ir más lejos, detrás de Scioli.
El problema es que al peronismo se le independizó una Franja. La Franja de Massa. Con una propuesta improvisada, precipitada, Sergio Massa se las ingenió para vencer a la estructura de la sustancial provincia de Buenos Aires. 2013. En las castigadoras elecciones de medio término. Cuando se elegían legisladores y no estaban en juego los presupuestos ejecutivos. De todos modos el triunfo de la Franja marcaba una tendencia. Hoy cuesta mantenerla.

La importancia de la estructura

Los tres protagonistas de la consagrada miniserie -“Sergio, Mauricio y Daniel” - se parecen demasiado. Derivaciones, en la práctica, de la interna peronista, que arrastra y absorbe, en su dinámica, a la cultura radical.

Si Daniel hoy aparece como algo más fortalecido, pese al desgaste y a las carencias de gestión, es por la conservación de la estructura del Partido Justicialista Vegetal.
Del peronismo que La Doctora devalúa, y lo mantiene neutralizado, perentoriamente a su merced. Viene acompañado de la colección de sellos, de buscapinas venerables que conforman la fastuosidad del Frente para la Victoria.La progresía minoritaria que perfectamente podía haber participado de otro frente, con orientación radical. Como con aquella Alianza que en 1999 llevó a la presidencia a De la Rúa. Es carne de Frepaso, con la medialuna enarbolada, dispuesta a mojarla, en la taza del poder de turno.
Los otros dos, Sergio y Mauricio, más favorecidos por las encuestas y por los astros encarrilados, son también aspirantes centrales. “Del puerto” que atormentó en los equívocos iniciales del siglo diecinueve.
Uno es fuerte en la provincia inviable de Buenos Aires (Massa) y el otro es aparentemente imbatible en el Artificio de Buenos Aires capital (Macri).
Ambos tienen el desafío de conformar una estructura nacional. A los apurones. Y a expensas, por lo general, de la otra cultura política. La identidad radical, que conserva sus cuotas de poder en varias provincias y necesita mantenerlos. Y expandirse, de ser posible, con más legisladores, intendentes.
Es el sentido de “la batalla por los radicales” que libran.

El shopping y el blend

Con el cuento amarillo de representar “lo nuevo”, con el atributo de una imagen instalada que supera ampliamente al partido que lo sostiene, Mauricio sale de shopping por las provincias. A adquirir persuasivamente radicales en pié. O a reciclar el invento menemista de transformar en estadistas a los famosos de ocasión. Pero en la actitud del shopping se cruza con Sergio.
Con el riesgo, en el caso de Sergio, de no contener, en la nueva epopeya, a los peronistas especuladores que lo acompañaron para la epopeya inicial.
Aparte, hasta aquí, el blend peronista-radical nunca funcionó bien. Aunque la mezcla de vinos, en algún momento, la pregonara el propio Perón. El del último regreso. Cuando percibía que su triunfo personal representaba la víspera sombría del fracaso de la nación.
Puede certificar Lavagna acerca de las dificultades del blend. Es el peronista presentable, que en 2007 armó un blend con el radical Morales.
O Francisco de Narváez, que en otro blend desató el inicio de su declinación. Junto a Ricardo Alfonsín.

Tres del puerto

Daniel, Sergio y Mauricio son los tres personajes del puerto que acentúan la crisis de representación del llamado “interior”.
Los que no debieran justificarse, ni culpar a la supuesta influencia de los medios de comunicación, anclados en Buenos Aires.
Sería una manera de minimizar la proeza de Menem, desde La Rioja. O de Kirchner, desde Santa Cruz.
Los tres del puerto superan, en presencia y mediciones, a los otros exponentes valorables.
Por ejemplo a José Manuel De la Sota, o sea Córdoba. Consta que en el peronismo se le reconoce una magnitud de político superior. Una arquitectura intelectual bien desarrollada. Pero al cordobés, hasta hoy, no le alcanza para fundamentar su proyección nacional. De todos modos, De la Sota se dispone a jugar, según nuestras fuentes, su penúltimo cartucho.
O Hermes Binner, o sea Santa Fe. Un socialista mormón que se encuentra adherido al radicalismo carancheado, que estratégicamente hoy se despedaza. Y que arrastra, también, en la “tupacamarización”, a Cobos y Sanz, o sea Mendoza. Ambos deben decidir entre la situación límite de asumir la derrota, o anexarse en un blend. Con Sergio o con Mauricio, los que se resignan a la aventura del shopping de radicales, para armar en pocos meses la estructura convincente que aún les falta.