Diario de un viajero

Darío Epstein

En estos días tengo la oportunidad de estar de viaje por Europa. Es complejo para alguien nacido y que vive en Latinoamérica poder explicar la crisis que vive la región europea.

Sin embargo habría que entender que se trata de diferentes estándares y el malestar surge cuando alguien cede algo que ya tenía y lo ha incorporado como propio en su cotidianidad.

En la Europa periférica realmente es difícil darse cuenta que están en crisis cuando uno transita como una persona común en la calle; en el dialogo con las personas que viven ahí se siente un malestar profundo sobre todo por la falta de empleos, en especial de los jóvenes, los impuestos, reducciones de gastos y el costo de vida (alquiler, energía y comida).

Los costos medidos en dólares se han espiralizados y esto impacta fuertemente en la canasta familiar de la clase media.

A pesar que la población tiene subsidios por desempleo, educación, cobertura médica y salud, el estado de ánimo está asignado por expectativas negativas, es decir, el alto desempleo en la juventud (en algunos casos más del 50% hasta 25 años) forzará corrientes migratorias y lo que en una época de bienestar se siente como una búsqueda de oportunidades, en épocas de malestar es un escape obligado hacia la subsistencia.

Desempleo-joven-Eurozona

Tengamos en cuenta además que Europa tiene una tasa de natalidad muy baja y los enormes beneficios a pensionados y jubilados serán soportados por menores contribuyentes atento al desempleo, lo que sigue impactando en el gasto público y en el futuro se hace muy incierta la solvencia del sistema previsional.

Y si salimos de lo que dice la gente en la calle y miramos los números en forma fría vemos que el déficit fiscal, el bajo crecimiento y el alto nivel de endeudamiento del sector público no permite a los partidos gobernantes tener una política contracíclica atento a que necesitan poner los números macro en orden y el hecho de tener una moneda unificada (euro) les dificulta la posibilidad de hacer una política monetaria expansiva como lo han hecho EEUU y Japón y la mayoría de los países del mundo y están limitados a las decisiones que haga el Banco Central Europeo.

Hay que tener en cuenta que Europa se debate entre un euro más débil que permita fomentar el turismo (fundamental para la Europa periférica), promover exportaciones y desalentar importaciones, lo que podría generar trabajo y ocupación aunque sea en el corto y mediano plazo hasta que se encuentre una solución integral, y un euro fuerte, que tiene la ventaja de que contiene la suba de los precios de los productos denominados en dólares, léase alimentos y energía.

Es muy difícil poder balancear entre uno y otro y eso está afectando la capacidad de los líderes europeos para tomar decisiones.

Es evidente luego de hablar con los residentes, que España, Italia y Portugal tienen necesidades de moneda distintas que Alemania y Austria.

Para nuestros ojos sería difícil entender el malestar del europeo porque en definitiva todo se trata de estándares, costumbres y, como dijo Einstein, “todo es relativo”; sólo se puede entender desde la perspectiva de ellos mismos, desde dónde vienen y hacia dónde van.

 

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