Una interna excepcional

Christian Joanidis

Hoy todos estamos hablando de la interna del PRO en la Ciudad de Buenos Aires y es que tan acostumbrados estamos a los verticalismos personalistas que un poco de republicanismo nos suena incluso cacofónico. Pero lo cierto es que esta interna, que hoy es una excepción, debería ser justamente la regla, lo habitual. Es una interna pareja, una que tiene sentido y pone a dos contrincantes del mismo peso frente al electorado. Y lo mejor de todo: tiene un final incierto.

Históricamente en la Argentina, al menos recientemente, los partidos han dirimido sus candidatos con mecanismos poco transparentes y en donde contaban más los movimientos de los operadores que la decisión de la gente. Hoy, en una Argentina que se encuentra a punto de perder todo su republicanismo, nos viene bien un gesto que ponga de manifiesto que algo nuevo está comenzando. Mauricio Macri ya tiene algo de que enorgullecerse: en el país en el que por tradición se han ignorado los valores republicanos, él ha logrado que el partido que lidera sea un ejemplo de actitud democrática.

Este gesto dentro del PRO me tranquiliza: si Mauricio es el próximo presidente, entonces el augurio es que se profundizará la República y no lo contrario. Lo sé, un gesto no es todo, pero es el principio, algo que los demás referentes, en general, no han sabido fomentar en sus espacios. Por eso resulta obtuso hablar de una derrota de Macri porque Michetti pueda ganar, porque en realidad Macri ya ganó, poniéndose con este gesto por encima de los demás candidatos para quienes el verticalismo es un valor que no se negocia.

Se habla de las tensiones existentes por esta interna, cuando sólo se trata de la tensión que existe en toda república y más puntualmente en el juego democrático. Sí, dos del mismo espacio están compitiendo. En todos los espacios hay competencia interna, pero las elecciones primarias hacen que esta competencia interna no quede librada al arbitrio de los operadores, que resuelven en la penumbra lo que debiera resolverse a los ojos de todos. Hoy es el voto de la gente el que dirime esta competencia interna. Es una tensión positiva, que nos hace crecer como República. Me alegra que exista y lejos de considerarla un drama, creo que es lo que necesitamos: ojalá todos los partidos políticos tengan esta tensión en su interior. Porque además, estratégicamente, es algo que le da más notoriedad, que lo posiciona mejor a los ojos del electorado y que potencia al espacio.

Pero lo más interesante de esta interna es que por un lado está Horacio Rodríguez Larreta, con todo el aparato del PRO. Por el otro, Gabriela Michetti, con menos estructura. En la política convencional, Michetti estaría perdida, estaría peleando una batalla sin sentido, pero en el verdadero juego republicano, las ideas y la persona pueden superar al aparato. Y esto es justamente lo que estamos viendo: de un lado el aparato y hasta la preferencia de la mayor figura del PRO, del otro una personalidad que se abre paso a fuerza de conquistar al electorado. En otros distritos gana el dueño de los punteros, aquí en la ciudad, en un atisbo de republicanismo rabioso, no son los aparatos los que garantizan la victoria, sino la persuasión del electorado. Hasta pareciera tratarse de una democracia avanzada y madura.

Por primera vez en muchos años nos encontramos frente a una verdadera interna republicana. No quiero dejar de mencionar la interna que realizó el espacio UNEN la elección anterior, pero también vale resaltar la gran diferencia con este caso: los unos venían de vertientes distintas, mientras que aquí son dos personajes de un mismo partido los que están pujando. Tal vez, después de tanto ver cómo se martirizó a la república en esta última década comienzan a surgir los comportamientos que necesitamos para reconstruirla. 

Es mi deseo, si gana Mauricio Macri estas elecciones, que este juego republicano que comenzó a articularse en la Ciudad de Buenos Aires se extienda a toda la Argentina y queden en el pasado los feudos provinciales que tanta corrupción y pobreza han traído a nuestro país. Que estas tensiones que trae el juego democrático se repliquen en toda la Argentina. Que de una vez por todas, no sean los sistemas clientelistas, con sus punteros y sus corrupciones los que manejan la elección, sino la gente, que movida por una u otra idea elige lo que cree más conveniente. No es una ilusión, es una realidad que es posible y que comenzamos a ver nacer en la Ciudad de Buenos Aires.