Para una escucha inteligente

Ismael Cala

El ser humano cuenta con dos pabellones auriculares, o sea, dos orejas, cuya función es captar las vibraciones sonoras externas y enviarlas al oído interno. Sin embargo, solo tiene una cavidad bucal para hablar. Está más preparado para escuchar que para decir.

En su etapa primitiva, el hombre escucha primero. Lo hace mucho antes de pronunciar su primera palabra. Durante siglos escucha y, para comunicarse con los demás, gime o emite chillidos, además de comunicarse a través del cuerpo, eso que hoy llamamos “lenguaje corporal”. Por tanto, el oído es el pilar primario en que se apoya la comunicación y también parte esencial del desarrollo intelectual del ser humano.

Larry King, el gran entrevistador de la televisión norteamericana, confesó en mi primer libro, El poder de escuchar: “Nunca aprendí nada mientras era yo quien hablaba”. Es así, nunca aprendemos cuando hablamos. La acción de hablar únicamente materializa en palabras lo que ya conocemos.

Sin embargo, pocas veces estamos dispuestos a escuchar plenamente y preferimos dar rienda suelta a la lengua. No domesticamos el ego, nuestra voz suena una y otra vez, en ocasiones, como si fuéramos los protagonistas del universo.

El acto de escuchar se complica hoy día como consecuencia de la publicidad directa a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Vivimos rodeados de un mundo sonoro altisonante, con entrañas comerciales que exacerban el oído y tienden a estimular nuestros sentimientos y emociones más primitivas, pero no mueven a la escucha como método de aprendizaje.

Hoy les relaciono algunas recomendaciones que ayudan a la escucha inteligente, esa que se convierte en una herramienta clave para escalar al próximo nivel en nuestras vidas:

 

-Domestiquemos el ego, acallemos la voz que intenta ponernos siempre como protagonistas y nos obliga a hablar de lo que somos, hacemos, queremos y hasta de lo que despreciamos.

-Nunca pasemos por alto que escuchar es clave para crecer y autosuperarnos. Evitemos escuchar con intenciones de riposta cuando la situación no lo amerita.

-Evitemos las distracciones y lo que nada aporta, convencidos de que escuchar involucra todos los sentidos.

-Escuchar no es poner nuestra agenda personal como centro. Es un acto de aprendizaje, generosidad y empatía con quienes conversamos.

-Escuchar no es solo usar los oídos, sino también interpretar el lenguaje corporal del que habla y no perder nunca el contacto visual.

-Repitamos en nuestra mente algunas frases escuchadas, para poder fijarlas mejor.

-La mejor herramienta para escuchar y, por supuesto, aprender, es preguntar. Cuando sintamos curiosidad por algo o por alguien, preguntemos.

 

Escuchando aprendemos, crecemos y evolucionamos. Para despedirme, mi frase favorita: “El secreto del buen hablar es saber escuchar”.