Guerra cultural de inteligencia

Escribe Osiris Alonso D’Amomio, especial para Jorge Asís Digital

 

Por sobrevolar su espacio con un rotundo misilazo, Turquía derriba un avión de Rusia. En el mismo martes en que Francia, en su más alto nivel, trata de convencer a Estados Unidos —aliado de Arabia Saudita— de que la manera más eficaz de aniquilar el Estado Islámico (Daesh) es a través de la asociación con Rusia, la principal aliada en la región de Irán (máximo enemigo de Arabia Saudita). Y sostén, junto con Rusia, de lo que queda del régimen de Siria, que aún preside Bashar al Assad, el oftalmólogo.

Los países citados en el párrafo anterior registran, en su totalidad, una coincidencia de fondo: quieren terminar con la aventura del Califato demencial. Un desafío para el conocimiento. Resume la melancolía del falso regreso hacia el siglo XIII, pero a través de los instrumentos más sofisticados del siglo XXI. Combinan el Medioevo con el marketing.
El avión ruso patrullaba la región en conflicto. Bombardeos de posiciones rebeldes que luchan contra Daesh. Pero también, sobre todo, contra Bashar. El oftalmólogo se obstina en la resistencia, en plena destrucción de su país artificial. Pero no quiere terminar como Ben Ali, ni Hosni Mubarak. Menos como Muammar Gaddafi. O Sadam Hussein. Continuar leyendo

Francisco conduce a La Doctora

Farsátira. Desde el rencor al afecto y la dependencia.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial

Francisco, Ex Cardenal, facilita el acercamiento de La Doctora con Vladimir Putin, El Zar.
Es la faceta pintoresca de la farsátira. Un sub género teatral que combina la Farsa con la Sátira (el gran exponente fue Agustín Cuzzani, ingenio olvidado).

Hoy Argentina cae bien parada en Rusia y en China. Pero no es sólo a través de Venezuela e Irán. Quien conduce a La Doctora es Francisco.

El Cardenal Bergoglio, en su momento, supo pulverizar el proyecto de Santacrucificación Nacional. La reelección indefinida que estimulaba Néstor Kirchner, El Furia, cuando era el presidente. Y cuando gracias al Trípode de Poder mantenía el país a sus pies. Con el apoyo sustancial de Hugo Moyano, El Charol, Encanto de la Negritud, que representaba el trabajo, y con Héctor Magnetto, El Beto, potencia de la comunicación.
Desde el centro del trípode, con los resortes del Estado, El Furia había conquistado la hegemonía total.

En Misiones, 2006, fue cuando El Furia inventó el globo de ensayo. El plebiscito para proponer la re reelección del gobernador Carlos Rovira, El Judas de Puerta.
Era la antesala para imponer la reelección indefinida, también para el presidente. El Furia no era partidario de ir por su reelección si no tenía asegurada la continuidad.
El Cardenal, como un experto guardián de hierro, captó la profundidad de la maniobra y decidió perforarla. Habilitó entonces al Padre Piña, el obispo ideal para enfrentar al pobre Rovira. Hasta vencerlo, asociado al San Miguel Arcángel. Aquel fracaso del Judas de Puerta signó el destino electoral de El Furia. Para legitimar la consagración de La Doctora, como La Elegida.

País friendly

Pero el Kirchner-cristinismo le puso tensión a la farsátira. Compulsión narrativa. Para vengarse con crueldad del máximo enemigo que pacientemente había construido.
El Cardenal. Que fue religiosamente humillado con la Ley del Matrimonio Igualitario. El casamiento de los homosexuales era para el Cardenal por entonces una afrenta. El Furia disfrutaba cada beso en la boca que se prodigaban los casamenteros. Los Kirchner supieron darle el peor escarmiento al enemigo mientras quedaban, de paso, como la vanguardia del progresismo en el universo. Un país friendly.
En adelante, para evitar el Tedeum, para no toparse con el rostro de constipación del Cardenal, Los Kirchner llevaron el festejo porteño del 25 de Mayo hacia Salta o Tucumán. Mientras tanto elaboraban diversas triquiñuelas para desalojarlo.
Entonces El Cardenal se convirtió, acaso a su pesar, en el referente del antikirchnerismo. Sólo podía ver a La Doctora por televisión, gracias al abuso de la cadena nacional.
En simultáneo, El Furia y La Doctora habilitaban los ataques más descalificadores al Cardenal. En varios tomos.

Revancha

La farsátira, entre los altibajos, reservó una revancha. Otra vuelta de tuerca de Henry James.
Ya sin la presencia de El Furia, nunca podía esperar La Doctora que El Cardenal, un eterno Papable, fuera elegido Papa, en marzo de 2013. Poco después que el Papa Benedicto abdicara, por “cansancio moral”.
A La Doctora desbordada no le quedaba otra alternativa que rendirse ante la más alta autoridad ética de la humanidad. Y la pobre debió capitular nerviosamente a través de la secuencia del regalo filmado, en directo, de un mate. Y con la explicación académica del “modo de empleo” del mate, que iba a festejar el vecino presidente Mujica, Minguito.
Con perversa piedad, El Cardenal, ahora Francisco, se puso a La Doctora en el bolsillo espiritual de la sotana.
Y en adelante caben todas las conjeturas de interpretación. La farsátira contiene un desarrollo abierto. Como el final.

De pronto Francisco, para estupor del antikirchnerismo precario, se consagró como el máximo protector de La Doctora. Y hay osados que confirman que Francisco pasó a ocupar el lugar político de El Furia.
Porque es, verdaderamente, el Conductor de La Doctora. A través de la aplicación de “La estrategia de aproximación indirecta”, filosofía inspirada en el teórico Basil Liddel Hart.
Mientras tanto La Doctora, como clásica Serpiente, se dedicó a encantarlo a Francisco. Hasta instalar una suerte de “modo de empleo”. Como si Francisco fuera la extensión de aquel mate fundacional.
Y El Vaticano, que en un principio emergía con la fuerza de una nueva Puerta de Hierro, pasaba a ser confundido, en pocos meses, para La Doctora, con una versión mística y europea de El Calafate.
En cuanto puede, La Doctora se manda a Puerta de Hierro para consultarlo o recibir instrucciones. En búsqueda del consuelo espiritual, de contención moral para un alma atormentada.

La Doctora pasa de repente, gracias a Francisco, y a los pensamientos de Liddel Hart, a cambiar la receta del modelo ejemplar.
Del modelo Michelle Bachelet, que le reserva el inmediato lugar de jefa de la oposición, para volver en el ilusorio 2019, La Doctora pasa a preferir el modelo de Vladimir Putin. Cuestión de extender el oficialismo hasta lo que dé.
De la resignación silenciosa de irse para volver (Modelo Bachelet), se salta a la ambición de quedarse para siempre (Modelo Putin). Sólo le falta encontrar un adecuado Medveyev.
¿Es Daniel Scioli -el líder de la Línea Aire y Sol y buen amigo de Francisco- el mejor boceto del Medveyev sudamericano?
¿O le conviene acaso a La Doctora buscar otro rostro en el catálogo para ocupar aquel rol de Medveyev?
Como Randazzo, El Loco, o Rossi, El Soldadito de Milani.

La toalla del progresismo

La farsátira comienza y termina con Putin. Con la Iglesia Ortodoxa, que es el Partido Comunista que hoy sostiene al Zar Vladimir.
A través de La Doctora, Francisco le envía a su buen amigo Putin una invalorable carta personal.
Fue entregada por La Doctora a Putin, en la reunión del G-20, en San Petersburgo. Y luego caminaron un trecho, juntos, por la Avenida Alejandro Nevsky.
Y hoy, ya con un final feliz, La Doctora y El Zar, con la conducción de Francisco, consolidan la base espiritual de la nueva relación geopolítica.
La comprensión entre la máxima progresista que inspira el matrimonio igualitario, con el represor implacable que destrata a los homosexuales rusos, como si estuvieran en el Estado Islámico.

En virtud del pragmatismo a la bartola, La Doctora ya nada tiene en común con aquella Doctora altiva que maltrató al negrito Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial. Para espanto de De Vido, El Ex Superministro, que lo traía a Obiang para hacer un indispensable negocio petrolero, aunque sorprendieron al visitante con una prescindible lección de moral cívica. La “lección del dedito” acusador. Y todo porque Obiang no respetaba los derechos humanos como La Doctora creía entonces que debían ser respetados.
Pero tampoco los respetan en China, en Rusia, en Irán, y mucho menos en la fraternal Venezuela Bolivariana, donde encierran a los opositores que carecen del menor derecho a la solidaridad. Pero por suerte a La Doctora eso ya no le importa, total la toalla del progresismo está arrojada, y la farsátira, acaso transitoriamente, debe terminar.

Argentina en mesa de saldos

 Imposturas para el desplazamiento. Desde Estados Unidos hacia China y Rusia.

escribe Osiris Alonso D’Amomio
Geopolítica, especial

A través de sus imposturas, La Doctora acapara la iniciativa y puso de moda la política internacional.
Tratar (las imposturas) con rigor implica regodearse. Incitar a la compasión colectiva.
Pero en diplomacia, los hechos (como los gestos, tonos y formas) expresan posicionamientos. Sin que sean, necesariamente, programados por quienes los producen.

Se asiste, en la práctica, a un cambio sustancial en el sistema de alianzas de la Argentina. El desplazamiento es forzado pero explícito. Desde la adscripción tradicional de lo que se conoce como occidente -Estados Unidos y la Unión Europea- hacia la preferencia por asociarse con dos potencias que cuesta tildar de emergentes.
Durante la trágica competencia comunista, Rusia y China mantuvieron las tensas distancias, en relaciones que se racionalizaron a partir del capitalismo casi salvaje. Pero redituable.
En Shanghai, en mayo de este año, Rusia y China avanzaron en una asociación estratégica integral. En la ilusión de gestar una moneda común. Un proyecto que las dos potencias mantienen en conjunto con los países denominados BRICS, con Brasil, India y Sudáfrica. Junto a la creación del nuevo banco de inversión, exhiben el propósito de detener la marcada hegemonía del dólar, y en menor medida del euro. Y atenuar la importancia del Banco Mundial.
Dos obras monumentales brindan la magnitud del entendimiento. La construcción del gasoducto que facilite el traspaso de gas desde Siberia hasta Pekin. Un acuerdo de 400 mil millones de dólares. Por 30 años de energía garantizada.
Por otra parte China, con la obvia cooperación rusa, encara la construcción del nuevo canal de Nicaragua. Para monopolizar su manejo durante 50 años, renovables por otros 50 más. Una inversión de 40 mil millones de dólares que cambia la geografía de América Central, y flexibiliza el paso de las mercaderías, del petróleo y eventualmente de armas entre el Atlántico y el Pacífico. Se inicia la obra en diciembre.

Interpretación de superficie

Precisamente a partir de esta introducción debiera tratarse la sobreactuada crítica hacia los Estados Unidos que impulsó la señora presidente Cristina Fernández, La Doctora. En el plenario retórico de la Asamblea coral de Naciones Unidas, pero sobre todo también en el ámbito del Consejo de Seguridad. Donde suele respirarse el aire del poder mundial. Y donde China y Rusia, por su condición de miembros permanentes, traban la hegemonía de Estados Unidos y los selectos países de Europa, vencedores de una guerra que ya carece de vigencia.
La interpretación de superficie de la exposición presidencial se agota con rapidez. Basta destacar la combinación del resentimiento con la soberbia, que signó la tonalidad de La Doctora.
La impostura se justifica en el fuerte pretexto que sirve de base para el alejamiento. Para la inesperada -y acaso desubicada- toma de distancia crítica.
La sensación de abandono de los Estados Unidos. Por no resolverle, a la Argentina en problemas, los padecimientos que La Doctora equivocadamente descontaba que Obama le debía resolver.
Una manera frívola de entender la solidaridad. Admitía entonces la reacción adolescente del reproche.
Para legitimar el grotesco basta con la síntesis. Por ejemplo: “como Obama no pudo obligar al juez Griesa a favorecerla, ni persuadir a la Corte para que tomara el caso argentino, La Doctora decidió pulverizar la metodología aplicada pos Estados Unidos en Medio Oriente”.
O peor aún: “Como Obama no puede controlar al buitre Paul Singer, La Doctora condena la ejecución de Bin Laden y hasta pone en duda las decapitaciones del Estado Islámico”.

Puede entenderse como un vulgar cuestionamiento unilateral. Por su propia cuenta y con riesgos, ya que se trata de la más alta representación del país que impugna al presidente de la máxima potencia de la tierra. Para colmo, con la confesada carencia de rigor informativo, lo cual descalifica a la cancillería que debería nutrirla. Y con la transmisión de la ensalada de datos digestivos sin asimilar. Mezcla de voluntarismos teóricos con barbarismos conceptuales.

Fuera de agenda

“No está loca, sólo está equivocada”, cliquear. Se insiste en la tesis aquí desarrollada.
Acaso La Doctora se encuentra lanzada a la consolidación de una nueva agenda. Así como busca (y lo peor, encuentra) segundas intenciones dónde se le ocurra, es legítimo sospechar también de su comportamiento. En todo caso, hasta para absolverla. Explicarla. Cederle un contenido racional a sus papelones.
La andanada de rencores y olímpicas arbitrariedades hacia los Estados Unidos oculta, por lo tanto, otro objetivo. Enrolarse en un nuevo juego de alianzas.
Para tallar en geopolítica, para ser tenido en cuenta por los poderes centrales, hoy no basta con disponer de alguna articulación intelectual. Ni siquiera debe contarse con un producto bruto que respalde.
Basta con la situación geográfica. Con el atributo de la inagotable producción alimenticia (hoy estancada). Y con la capacidad energética digna, al menos, de evaluarse. Aunque diste de tratarse de la “nueva Arabia Saudita”, necesitada de una inversión que, por desconfianza, aún no atrae.
Para Estados Unidos, la Argentina actual, con su agonía ambiciosa y prepotente, se encuentra fuera de la agenda.
Tampoco cuenta para los aliados principales de la Unión Europea. Significa confirmar que no es mera invención de la paranoia la desaprobación de Alemania. Ya que Argentina -para Alemania- vive por encima de sus posibilidades y no cumple con sus compromisos. En otras palabras, gasta más de lo que se produce y recauda, aunque se prefiere trasladar, con relativa inteligencia, el desastre administrativo hacia la comunidad internacional. Y responsabilizarla, por si no bastara. La audacia es infinita.

El rol de Chávez

En la práctica, con sus imposturas La Doctora suple, en el subcontinente, el rol que cumplía Hugo Chávez. El bolivariano extinto y locuaz que humilló, junto a Néstor Kirchner, El Furia, otro extinto, a George Bush junior, en la catastrófica contracumbre de Mar del Plata.
Comparativamente, con un presupuesto menor, y sin hacerse cargo del gasto, La Doctora lo humilló a Obama de manera equivalente.
Así como Chávez y Kirchner -con la distante especulación de Lula- le voltearon a Bush la sepultada motivación del ALCA, con un despliegue de palabras La Doctora se permitió impugnar en Nueva York el manejo de la política de los Estados Unidos en Medio Oriente.
Con rencor y altivez, La Doctora fue más cruel con Obama que Chávez con Bush, a través de aquellas bromas inofensivas que aludían al azufre para espantar al demonio.

Vladimir Putin, el zar, y Xi Jinping, el mandarín, símbolos máximos del poder de Rusia y de China, firmantes de los colosales acuerdos de Shanghai, con escasa diferencia de días pasaron por la Argentina que estaba en oferta, casi regalada en la mesa de saldos, a precio de liquidación. En el marco de una guerra incierta que aún no se encuentra estampillada como fría. Ni siquiera como tibia. Con Brasil ya controlado, entre los BRICS, Argentina pasa a ser una ficha lo suficientemente importante. Ideal para sumarla. Es atractiva y barata. Y está disponible para quien se decida a bancarla. Con el contrapeso de los argentinos adentro.
Para la competencia que se diseña entre las dos cancillerías que pesan, en Beijing y en Moscú, la inversión es comparativamente intrascendente. Y se sabe que las oportunidades siempre deben aprovecharse.

La fantasía del BRICSA

La Doctora intenta seducir a Putin y a Xi Jinping mientras choca con la reticencia de Dilma

escribe Bernardo Maldonado-Kohen
Primero fueron los BRIC. Brasil, Rusia, India y China.
Con el advenimiento de Sudáfrica pasaron a ser los BRICS.
Hoy La Doctora estimula la fantasía de transformar el BRICS en BRICSA.

En vísperas de la zozobra del default, con la institucionalidad quebrantada por el procesamiento judicial del vicepresidente, La Doctora aspira saludablemente a recuperarse.
A retomar la iniciativa. Con la base de hierro de La (Agencia de Colocaciones) Cámpora, la estrategia que le diseña Zannini, El Cenador, e instrumenta el ministro estrella, Axel Kícillof, El Gótico.

Ahora se apuesta por la fantasía de incorporar a la Argentina al bloque de los BRICS. Los grandes “países emergentes” que avanzan, desde 2008, en la gestación del nuevo polo de poder. Que se diferencie, en la práctica (ya no sólo en la retórica) del poder gastado que controlan Estados Unidos y algunos fuertes países de la Unión Europea.
Los BRICS celebran su VI Cumbre en Fortaleza, Brasil, el 15 y 16 de julio. Dos días después de concluido el Mundial de fútbol.

La salvación geopolítica

Podría facilitarse el camino de la salvación geopolítica a través de la interesada amabilidad de Vladimir Putin. Es el zar contemporáneo de Rusia, que llega a la Argentina justo un día antes del partido final. Por diez o doce horas.
O a través de Xi Jinping, el chino competidor íntimo de Putin, que llegará después de los discursos de Fortaleza.
Podrá aplaudirlos La Doctora. Se encuentra invitada, acaso a su pesar, por la señora Dilma. Junto a la colección de invierno de los presidentes de países que componen el invento de Unasur.
La Garganta sostiene que los otros “países hermanos” ligaron la invitación a Fortaleza merced al sobreactuado comportamiento de la Argentina. Es que aquí se festejó el amague de convocatoria de Putin, como si invitaran directamente a adherirse a la congregación.
La salvación geopolítica viene entonces, prioritariamente, por el lado de Rusia. Impulsada, semanas atrás, en Moscú, por el canciller Timerman, junto al canciller Lavrov.
Lo gravitante es que ambos líderes, Putin y Xi Jinping, marcarán separada presencia en la regalada Buenos Aires. Donde sobrevive un gobierno debilitado que necesita anuncios. Aunque sean hipotéticos. Como también necesita mostrar conexiones que quiebren la idea del aislamiento.

Contra Breton Woods

En Fortaleza, con las presencias al máximo nivel, los presidentes de los BRICS planifican avanzar con proyectos medulares. Ya fueron tratados en la reunión preparatoria de Moscú (ver “Los BRICS perforan el aislamiento de Irán”, cliquear), como en la anterior Cumbre de Durban.
Trátase de la creación del Banco de Fomento y de un Fondo de Reservas. Invenciones que comenzarían a funcionar en 2016. Con sede central – según el Financial Times- en Shanghai.
La creación del banco contiene el objetivo explícito de financiar proyectos de infraestructura (de aquí el entusiasmo de La Doctora).
En definitiva, los BRICS optan por crear riesgosos mecanismos de sustitución. Sobre todo para superar la decadencia del Fondo Monetario Internacional.
En su maniqueísmo, los críticos crípticos del “discurso único” consideran que el FMI está hegemonizado por los norteamericanos y los europeos líderes. Los que impusieron, según el criterio predominante en la gesta, el sistema financiero injusto, que se encuentra inspirado en los acuerdos de Breton Woods, surgidos de los resultados de la Segunda Guerra Mundial, que no registran el verdadero cuadro del poder actual.
Son acuerdos que, para China y Rusia, están anacrónicamente agotados. Sobre todo también para India y Brasil, dos gigantes que aspiran a elevarse, al extremo de reclamar la condición de miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Con la previsible reticencia de Japón y Pakistán, en el caso de India. Y con la reticencia de México y Argentina, en el caso de Brasil.
Aparte, en Fortaleza tratarán un punto aún más complejo. La creación de la moneda común de Los BRICS, que desafíe la hegemonía del dólar y del euro.

Diplomacia a la bartola

Tanto con Putin, como con Xi, La Doctora aspira a anunciar algunos acuerdos que le permitan recuperar la iniciativa. Para abandonar la idea instalada del gobierno estancado. En pleno retroceso, que se desangra entre los papelones judiciales del vicepresidente y el riesgo viable del default. Pero ya no por desidia, falta de credibilidad, improvisación patológica o simple mala praxis.
“Como consecuencia del sistema financiero injusto”. Es el verso que pregonan los apóstatas de la emergencia.
Es justamente aquí donde, para la diplomacia a la bartola de la Argentina, se enlaza el afán de seducción a los BRICS, con la incentivación de las condenas retóricamente chiquilinas en los foros multilaterales.
La jugada audaz del cristinismo intenta suplir la fragilidad del PBI (Producto Bruto Interno) con la sobreactuación político-ideológica, en ámbitos como la OEA o en la ONU.
Semejante adolescencia estratégica puede brindarle, a la Argentina, cierta espesura racional a la catastrófica opción de internacionalizar el conflicto con Los Buitreros. El litigio que debe resolverse en el despacho judicial, y no en los foros multilaterales con traducciones simultáneas en las “cinco lenguas de trabajo”..
Cuesta entender que la OEA, La ONU o El Grupo de los 77, en el despacho del juez Griesa cuenta con tanta influencia como algún pronunciamiento solidario de Médicos sin Fronteras, la Organización Mundial de la Salud o del Servicio Sacerdotal de Urgencia.

Putin y Xi

Al cierre del despacho, en la Unión Industrial Argentina se acelera, según nuestras fuentes, la redacción apurada de acuerdos cooperativos. De indispensable utilidad para componer alguna fotografía de La Doctora con Putin, para la posteridad indiferente. Trasciende, aparte, que alguna empresa rusa se muestra bastante interesada en la construcción de una central nuclear en Neuquén. Ampliaremos.
Con Xi Jinping, en cambio, acaso para consolidar la tristeza de Lázaro, El Resucitado, planifica La Doctora anunciar la definitiva construcción de las represas Condor Cliff y La Barrancosa. Rebautizadas, en la penúltima vuelta, como Néstor Kirchner y Jorge Cepernic.
El lacerado Lázaro Báez descontaba, según nuestras fuentes, que las represas iban a pertenecerle a su Austral Construcciones. Tiene decenas de máquinas a la intemperie, adquiridas para la ocasión, que se oxidan mientras El Resucitado se tutea con la cesación de pagos y planifica rajarse al Chaco.
Muerto Kirchner, El Furia, y desatado el escándalo de la marroquinería y La Rosadita, se impuso la superior concepción moral de Zannini. Entonces la última licitación signó el triunfo inapelable de Electroingeniería. Es la empresa cordobesa del santiagueño Acosta, y sobre todo de Gerardo Ferreira. Hoy asociada, para las represas, a Gezhouba, de China.
Al cierre de la crónica no se puede asegurar si don Xi Jinping dispondrá la financiación de los cinco a seis mil millones de dólares. O si renueva aquella ingenuidad del cuento chino de 2003, que signó la inexperiencia internacional de El Furia.
Al margen de los eventuales negocios que puedan encararse, lo que políticamente interesa a La Doctora es el apalancamiento de Rusia y de China. A los efectos de facilitar el ingreso a los BRICS. Y convertirlos en la fantasía de BRICSA.

Final con bolilla negra

Pero la primaria ambición lícitamente choca, según nuestras fuentes, con el sutil obstáculo de la presidente Dilma. De su bolilla diplomáticamente negra, puesta con una sonrisa y un abrazo.
El gobierno de Brasil se encuentra escasamente interesado -según la Garganta- en tener como asociado, ahora también en una liga superior, al vecino que se muestra reticente a la idea de rendirse. Para colmo se supone e n condiciones de ofrecerle una cierta competencia, ya no sólo futbolística.
En materia de BRICS, La Doctora es diluida por Dilma entre la ficción oral de la Unasur. Por lo tanto es factible que su faringitis registre alguna recaída que le impida desplazarse hacia Fortaleza.
Para Dilma, La Doctora es una vecina más. Del montón. Equiparable, apenas, a Nicolás Maduro. Con quien La Doctora tiene, a propósito, demasiados puntos en común. Sobre todo la condición compartida de ser dos sucesores de líderes que les dejaron, como herencias, dos patéticos desastres.
Desperdicios históricos imposibles de domar.

Conflicto simple en Crimea (Rusia)

Putin vuelve a marcarle el ritmo a Obama y a los líderes de la frágil Unión Europea.

escribe Osiris Alonso D’Amomio
especial para JorgeAsísDigital

Frío, inexpresivo, determinado, Vladimir Putin se dispone a marcarle de nuevo el ritmo a Barack Obama. Y a acentuar la fragilidad estructural de los líderes de la Unión Europea.

Si para proteger la base militar de Tartuz (su picaporte del Mediterráneo), Putin se esforzó en evitar frontalmente la intervención occidental en la debacle de Siria, por intereses mucho más relevantes hoy decide proteger la base naval de Sebastopol, situada en Crimea. Picaporte del Mar Negro. “Arrendado” por Rusia hasta 2042.

La península de Crimea está habitada, por otra parte, por casi un 60% de rusos. La circunstancia demográfica le permite a Putin inspirar la legitimidad de sus posiciones. La vanguardia de una acción condicionada por diversas circunstancias de la historia, que torna apasionante el estudio de la región.

En Crimea los ucranianos son minoritarios. Un considerable 30%. El 10% lo componen aquellos míticos tártaros que volvieron (sobre todo después del desbarajuste de la Unión Soviética). Aunque, hasta mediados del siglo veinte, los tártaros eran masivos, hasta que Stalin decidió expulsarlos hacia Uzbequistán. Por haber sido “colaboracionistas con el ejército nazi”. En realidad los expulsaba para purificar la zona, que mantenía atractivos admirables para el fomento del turismo (siempre interior).

Sin embargo, fue Nikita Kruschev el ucraniano duro que denunciaría los crímenes horribles de Stalin, quien cometería el máximo error estratégico. Un episodio que puede servir como antecedente superior para entender el conflicto simple de hoy. En 1954 Kruschev decidió transferir Crimea para la República Socialista Soviética de Ucrania. Otro exceso de localismo que se transformó en “el regalo envenado” del agradecido jerarca que escaló hasta lo más alto del poder soviético, desde el PC de Kiev.

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Egipto: la democracia imposible

Golpe técnico militar o islamismo de estado.

escribe Osiris Alonso D’Amomio

La pomposa “primavera árabe”, a través de sus manifestaciones románticamente sociales, sirvió en Egipto para derrocar el autoritarismo sombrío de Hosni Moubarak. Pero produjo, en simultáneo, una aceptable acotación a la democracia. Al proporcionarle -a la democracia- un riesgoso certificado de inutilidad práctica. El carnet triste del fracaso.
El retroceso golpista deja a su sociedad en una encerrona filosóficamente trágica.

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La desgracia de Egipto

La convivencia imposible del islamismo y la democracia. Satisfacción en Siria y Arabia Saudita. Preocupación en Túnez.

escribe Osiris Alonso D’Amomio

El diario Al Watan anticipó el expresivo diálogo del final.
Fue entre Mohamed Morsi, el presidente de Egipto a derrocarse -de la Hermandad Musulmana-, con el general Abdel Fattah Al Sissi, el derrocador. Ministro de Defensa y jefe del poderoso ejército. La única institución que mantiene, en el desbande de la fragmentación, su integridad.
“Parte, Morsi, con dignidad” -le dijo Al Sissi.
“Pero éste es un golpe de estado militar, los americanos nunca te lo van a permitir”, dijo Morsi, después de todo un cándido que trataba de salvarse.
Cuesta creer que Al Sissi se haya atrevido a desalojarlo del poder a Morsi sin la luz verde “de los americanos” (surten al ejército de mil millones de dólares por año, en “concepto de ayuda”).
“Nos interesa la opinión del pueblo egipcio, no del americano”, dijo Al Sissi.
“Pero yo soy quien te designó y puedo desplazarte”, replicó enojado el presidente. Lo rodeaba su guardia defensiva.
“Olvídate, ya no tienes ninguna legitimidad”.
Entonces Morsi fue detenido por quienes estaban, en el lugar, para defenderlo.

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