Políticos de la góndola

Mundo Asís

La oposición fortalece al oficialismo que se cae solo.
escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella

“Vos no querés acordar, lo que querés es romper”, le dijo Mauricio Macri, El Niño Cincuentón, según nuestras fuentes, a Francisco De Narváez, El Caudillo Popular.
Reprochable cierre de capítulo de la interminable Tragicomedia.

Pasa que Francisco sorprendió a los muchachos perplejos del PRO, expresión institucional del macricaputismo.
Fuera de agenda, El Caudillo Popular subió la escalinata de Bolívar 1. Sede de la Jefatura del Artificio Autónomo. Para hablar “con el amigo Mauricio”. Como “la sociedad”, la “gente”, “lo pedía”.
Para los macricaputistas, el Caudillo llegó con el complemento previsible de los movileros y los reporteros gráficos.
Sintieron que, más que una visita, eran víctimas de “una operación”.
Pero lo atendieron a Francisco, según nuestras fuentes, Emilio Monzó, El Armador (de estructuras desarmables), y el mini-gobernador de Vicente López, Jorge Macri, El Primo (que dejó de ser) Pobre.
Como para saludar, al mejor estilo Kirchner, pasó Mauricio. Fueron sólo cinco minutos. Para tratar a Francisco -según trasciende del relato de las paredes- con la dureza inusual.
En su propia casa, de local, Mauricio se vio en el centro de una audaz “operación mediática”.
Su “amigo” Francisco, otra vez, lo emboscaba. Y lo embocaba.
Llegaba abruptamente para demostrar a la tribuna que, si no había acuerdo -como “lo pedía la sociedad”, “la gente”- no era por su culpa.

“Lo que venís a decirme ya me lo dijo ayer De la Sota”, le dijo enojado El Niño Cincuentón.
Convencido que Francisco no quería arreglar nada. Procuraba jorobarlo. Como tantas veces en la Tragicomedia.

“Todos me culpan a mí -suele ironizar Francisco-. Me lo reprocha hasta mi mujer, que a veces dice que me comporto mal”.
Ocurre que El Caudillo ya aprendió bastante de aquello que Menem llamaba “el arte de la política”.
“Se recibió. Francisco ya no pone, ahora saca”, confirma otra Garganta, hábil para el recuento de costillas.

Ocampo

La “visita sorpresa” a Bolívar terminó tan mal como la que transcurrió, la semana anterior, en la casona de la calle Ortiz de Ocampo.
Cuando Francisco recibió a El Primo Pobre. Y a Cariglino, el mini-gobernador de Malvinas Argentinas, de la Compañía de Jesús. Y a Gustavo Posse, El Hijo del Cholo, mini-gobernador radical del escriturado San Isidro.
En el universo sutil de PRO, Posse se le factura al angelicismo. O sea, a Daniel Angelici, el presidente de Boca Juniors, el club de presente reprobable que supo catapultar a El Niño Cincuentón. Hacia las alturas espirituales de la notoriedad. Hasta transformarlo en una figura infinitamente más importante que la fuerza política que lo sostiene.
De todos modos, para los personajes que brillan en la góndola del triste supermercado, la política les interesa, apenas, relativamente.

La reunión de Ocampo terminó, según nuestras fuentes, con los tres mini-gobernadores enojados. En las “mesas que nunca preguntan”. Del Rond Point. Ante los ventanales de la calle Tagle.

A esa altura, para la Garganta, La Compañía de Jesús ya estaba desbordada.
“A estos dos ya no los aguanto más”, confirma la Garganta que Jesús Cariglino les confió a los suyos.
Lo decía por Francisco, que lo irritaba. Pero también por Mauricio y los románticos muchachos del PRO.
Pasa que Cariglino está habituado a las roscas de los peronistas furtivos, que negocian poder de verdad. Y estos buenos chicos le parecían, en el fondo, “muy pichis”. Ampliaremos.

Emperador

Con semejantes antecedentes, también iba a terminar, para el mismo demonio, la cumbre del miércoles. Día de cierre.
En el piso diecisiete del Hotel Emperador. Cuando José Manuel De la Sota, El Cordobés Profesional, para asegurarse el cierre suyo, debió agrandarse como para fortalecer el acuerdo en Buenos Aires, la provincia inviable. Convocó a narvaistas y macricaputistas con presunta capacidad de decisión. Ferrari, “Ay Pepito” Scioli, y los macricaputistas citados.
Confirman que De la Sota, con ligera autosatisfacción, creyó haber destrabado el desencuentro y se fue a comer lo más campante a La Casa de Córdoba.
Pero en el entretiempo, a la hora de las consultas, el acuerdo, otra vez, se vino abajo.
Es que Narváez ya no tenía más tazas para las medialunas de los amigos distantes del PRO. Estaban todas ocupadas.
Cerradas herméticamente con las huestes de Moyano, de De la Sota, y de la inquietante “Juan Domingo”. Son los muchachos enigmáticos que ven, en el horizonte estratégico, la presidencia de Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol.
Scioli es el máximo competidor, en la góndola visible, de Mauricio.
El “misterio de la presencia ausente” que enerva, hasta el desequilibrio, a La Doctora. Se asiste a otro renacer de la miniserie exitosa del Portal.
“Cristina, Mauricio y Daniel”.

Juego para perversos

Ya La Compañía de Jesús preparaba, según nuestras fuentes, “el salto hacia el Tigre”.
Cariglino se anotaba para ser otro mini-gobernador de los que se aferran al proyecto, ambiciosamente indefinible, de Sergio Massa, La Rata del Tigre.
A esta altura, Massa ya cansa a sus medialuneros con las vueltas circulares a la rotonda. Las que le permitieron, sin embargo, registrar su crecimiento. Sin tomar aún ningún camino.
Logró que en todas las mesas de la política se hable, irreparablemente, de él. De Massa. De Malena, su esposa. De El Pato (su suegro). De los diez o doce que creen asesorarlo. Desde El Banquero hasta El Chupete, con escalas en De Torre de San Miguel, Alegre en Villegas y, sobre todo, el incomparable Tito Lusiardo, alias Juanjo.
¿Qué va a hacer Massa? Se preguntan los miles de desorientados si Massa va a jugar o no, si manda a Malena en su nombre, al mini-gobernador Giustozzi o a Felipe Solá, única estrella inveterada del felipismo.
En contra de La Doctora. O si sólo le resulta funcional. Para paralizar a la oposición, como dice Posse, El Hijo del Cholo.
Cuentan que Hugo Curto, el inspirado mini-gobernador de 3 de  Febrero, le pasó el mensaje expresivo.
No jodás con el peronismo, mirá que el conurbano somos nosotros, no son las encuestas”.

Consigna del Portal: Esto no es para ansiosos, es para perversos.
“Si Massa estira tanto la decisión es porque va”, confirma otra Garganta. Tiene la medialuna enarbolada, quiere mojarla.
“No puede dejar colgados a los intendentes que embarcó, va a tener que ir o ir”.
Otra Garganta, menos dramática y más pesimista, complementa:
“Con Massa no hablo más porque me disgusta que me mientan”.
Y sostiene algo más grave: no quiere que Massa lo utilice en el juego bonito de “sus mentiras”.
Las vueltas que le proporcionan cierta tensión a las conjeturas.
Habilitan las grandes dudas sobre Massa. Una de dos: se trata del nuevo genio, el gran conductor, o no sabe, aún, qué demonios va a hacer.
“Ni Massa sabe lo que va a hacer Massa”, sintetiza.
Según Aldo Rico, el pensador positivista de San Miguel, “la duda es la jactancia de los intelectuales”.
No obstante a Massa todos lo buscan. Cotidianamente. Para que les mienta, aunque sea, un poco.

A su pesar, de alguna manera, todos los políticos de la góndola adhieren, por sus actos, al cristinismo.
Las figuras de la oposición no confrontan para superarlo. Lo complementan. Para fortalecerlo.
Mientras tanto el cristinismo se desmorona solo. Abroquelado, sostenido por los ataques demenciales de Magnetto.
No obstante, amenaza con recuperarse otra vez, por la magistral ayuda que le brinda el espectáculo de -digamos- “la oposición”.
Como si hoy existieran dos formas de ser cristinista. Estar con La Doctora, o actuar como estos muchachos.

Para colmo, con algunas excepciones, se jactan de emitir la consigna instalada. Indica que la política actual se caracteriza por las personas. Por las figuras. No por los partidos.
Son los productos culturales que lucen en la góndola. Los que se ofrecen. Lo que hay.
Entonces no queda otra alternativa que recomponer, lo más pronto posible, los partidos.
Con idea, estructura, mística y organización.

Oberdán Rocamora