La democracia de Buridán

Martín Yeza

“Un asno con hambre y sed tiene ante sí una pila de alimento y otra pila de bebida, sólo puede optar por una, si escoge el alimento morirá de sed y si escoge la bebida morirá de hambre. No escoge ninguna de las dos y muere”. Ésta es la paradoja del asno de Buridán, bautizada así, según algunas versiones, en contra Jean Buridán y su idea de libre albedrío y la imposibilidad de tomar una decisión cuando no hay preferencia, mientas que otras versiones sostienen que es una adaptación que hace el propio Buridán del tratado Sobre el cielo de Aristóteles, y que por lo tanto no se trataría de un asno sino de un “perro de Buridán”.

En la reciente participación de la Presidente en el acto por el Día de la Bandera, el 20 de junio en Rosario, me di cuenta de que nos hemos acostumbrado a la idea de que en cada feriado debemos escucharla gritar y realizar hipótesis desvariadas, como la de que Belgrano hubiera sido kirchnerista y que es mejor ser juez porque pueden hacer lo que quieren y mantenerse fuera de radar, que por eso ella en 2015 no quiere ser presidenta sino jueza.

Hay una idea masificada de que los argentinos necesitamos “líderes fuertes” como presidentes. Nos hemos convencido de que necesitamos líderes que den grandes discursos, que griten, que crean que a todo el mundo le va mal excepto a nosotros y que ello es gracias a este supuesto líder fuerte, que además tiene respuestas para absolutamente todo y que nunca se permite dudar o reflexionar, que cuando le preguntan si se equivocó en algo contesta con el cassette “seguramente nos hemos equivocado pero al menos lo hemos intentado”.

Hay una agenda enorme de temas para vincularnos con el futuro y el progreso, pero estas distracciones nos anclan en ideas irracionales. Necesitamos un buen presidente antes que un líder fuerte, si no nuestras expectativas se vuelven muy pobres respecto a todo el potencial que una democracia sustancial puede realizar por el desarrollo individual de la ciudadanía y de la sociedad como conjunto.

La democracia de Buridán es una ilusión óptica,  se supone que debemos optar entre transformación sin instituciones o por institucionalismo sin transformación. Superar esta ilusión consiste en aceptar que elegir entre morir de una manera o morir de otra es morir, y que a diferencia del asno -o el perro- nosotros fuimos dotados con la capacidad de crear y abrir caminos cuando no los hay. Mirando al horizonte quizás encontremos algunas respuestas.