No se admiten perros o mexicanos

Jorge Ramos

Es difícil de creer, pero durante décadas hubo letreros en restaurantes y tiendas del suroeste de Estados Unidos que decían: “No se admiten perros ni mexicanos”. Ahora ya no hay esos letreros, pero el racismo, la discriminación y la segregación siguen presentes contra los latinos e inmigrantes en este país.

El congresista republicano de Iowa Steve King -uno de los más agresivos oponentes a la reforma migratoria- fue acusado por blogs y organizaciones hispanas de comparar a inmigrantes con perros durante una reunión comunitaria en mayo del 2012. En su discurso, King dijo: “Si uno elige al mejor de la camada, se queda con un buen perro de caza. Pues bien, tenemos lo mejor de todas las civilizaciones donantes del planeta”.

El congresista insiste que sus declaraciones se han interpretado erróneamente, y que se trata de una campaña de grupos liberales para desacreditarlo y para dividir al país. Pero lo único indiscutible es que el congresista se refirió a los inmigrantes y a los perros en el mismo párrafo. Lo que para él fue un discurso en que “celebraba” la importancia de los inmigrantes legales y la posibilidad de atraer a Estados Unidos a los mejores del mundo, para otros fue un comentario ofensivo y hasta racista. (Aquí está mi entrevista de televisión con el congresista King y el video que generó esta controversia: abcn.ws/15fKGBC )

Desde luego, no ayuda en nada al Partido Republicano el que uno de sus miembros más extremistas y mediáticos tenga que defenderse de este tipo de acusaciones. Los republicanos deberían estar en las noticias por su apoyo a los indocumentados. Pero, en cambio, están a la defensiva por oponerse en la Cámara de Diputados a un plan global: el aprobado en el Senado para legalizar a 11 millones y darles un camino a la ciudadanía.

Tampoco ayuda que el congresista King haya insultado recientemente a los Dreamers (estudiantes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños y que gozan de un enorme apoyo entre los latinos). “Por cada estudiante graduado con honores”, dijo King en una entrevista con el sitio Newsmax, “hay otros 100 que tienen las pantorrillas como melones por llevar cargamentos de marihuana de 75 libras de peso a través del desierto”. Absurdo. No hay absolutamente base alguna para comparar a estos estudiantes con narcotraficantes.

Los republicanos en la Cámara baja no parecen captar la urgencia que el tema migratorio tiene para la comunidad hispana. Para los latinos, esto es algo personal. El apoyo a una reforma migratoria es, según las encuestas, casi universal entre los hispanos. Y los 16 millones de votantes latinos que participarán en elecciones presidenciales del 2016 castigarán, sin duda, al partido que se oponga a esa reforma.

Por un tiempo, la culpa recayó en el presidente Barack Obama por no cumplir una promesa migratoria hecha en el 2008. Pero Obama y el Partido Demócrata ya corrigieron ese error. Y ahora la culpa está claramente sobre los hombros de los republicanos y de su líder en la Cámara baja, John Boehner, por su falta de acción.

No aprobar una reforma migratoria que integraría a millones de inmigrantes a la sociedad va en contra del principio estadounidense de tratar a todos como iguales. “Todos los hombres fueron creados iguales”, dice su Acta de Independencia.

La legalización de los inmigrantes sería sólo el primer paso para que no sean perseguidos en Estados Unidos. Pero falta mucho más. No hay duda de que, todavía, hay claras muestras de racismo y discriminación en contra de los latinos en este país.

Comparar a inmigrantes con perros y a estudiantes latinos con narcotraficantes es una clara muestra de prejuicio racial. El problema para el Partido Republicano es que estas comparaciones atribuidas al congresista King no son hechos aislados. A estos comentarios tan desafortunados hay que sumarles la persecución desatada por el sheriff Joe Arpaio en Arizona contra cualquiera que se vea como indocumentado (según las acusaciones del Departamento de Justicia), la negativa de la gobernadora de Arizona de dar licencia de conducir a los Dreamers, la propuesta de su candidato presidencial Mitt Romney de “autodeportar” a millones de inmigrantes y, la última, la negativa del líder republicano Boehner de poner a votación la reforma migratoria en la Cámara baja.

Es decir, el Partido Republicano tiene un enorme problema con la comunidad latina y, a menos que deje atrás el asunto de la reforma migratoria, está condenado a perder elección tras elección.

No, ya no hay letreros que prohíben la entrada de perros e inmigrantes a muchos lugares en Estados Unidos. Pero varios miembros del Partido Republicano insisten en mantener cerrada la puerta.