La política se espanta de sí misma

Leonardo Tagliabúe

El kirchnerismo intenta una jugada para acelerar los tiempos políticos y lograr una definición pública de Martín Insaurralde. El gobernador Daniel Scioli y el cristinismo puro ya saben que el ex intendente de Lomas de Zamora se sumará al partido de Sergio Massa en el 2015 y buscan que su estrategia quede al descubierto. No le perdonan la traición.

Carlos Kunkel y Elisa Carrió olvidaron sus diferencias políticas para avanzar en un acuerdo parlamentario. Los legisladores quieren evitar la proliferación de dirigentes con dos mandatos vigentes elegidos por el voto popular. El destinatario del proyecto es Insaurralde, tal como refleja esta nota de Infobae. Pero también afecta a otros dirigentes que fueron elegidos hace apenas pocos meses.

El borrador se enfrenta a algunas complejidades técnicas. En la Argentina las leyes no tienen efecto retroactivo y de la redacción de la norma dependerá el nombre de sus primeras víctimas. Sin embargo, más allá de los enfrentamientos políticos de ocasión, la idea surge como una brisa fresca para las pisoteadas instituciones de la República.

En 2013, Insaurralde fue elegido por Cristina Kirchner para encabezar la boleta del Frente para la Victoria en el distrito con mayor cantidad de votantes, la provincia de Buenos Aires. La Presidente no tenía muchas opciones: Florencio Randazzo estaba abocado a la recuperación del sistema ferroviario y Daniel Scioli rechazó la posibilidad de una testimonial. La jefa de Estado apostó entonces por la gestión de un joven intendente que había derrotado a una de las enfermedades más crueles. Pero los antecedentes entusiasmaron más a los operadores del kirchnerismo que al electorado; Insaurralde perdió dos veces: en las elecciones primarias y en las generales.

El 10 de diciembre asumió como diputado nacional y pidió licencia en Lomas de Zamora. Participó en 9 sesiones. No habló en ninguna. Así surge de las versiones taquigráficas -sujetas a revisión- que están en la página de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

Insaurralde sí estuvo locuaz en el programa de Marcelo Tinelli: fue varias veces a acompañar a su pareja, la modelo Jésica Cirio, al concurso Bailando por un Sueño. Allí mantuvo charlas con el conductor sobre política y la semana pasada logró su pico personal de rating cuando protagonizó una parodia con Scioli, Massa, Mauricio Macri y Aníbal Fernández. No tuvo suerte con la Presidente; la llamaron y no contestó. La puesta en escena fue efectiva, dicen los encuestadores.

A casi 8 meses de haber asumido como diputado en representación del kirchnerismo, Insaurralde tiene decidido que competirá por otro cargo y desde otro partido. Ya admitió en una entrevista que está dispuesto a renunciar a la Cámara porque la banca le pertenece al partido e incluso ensayó las primeras críticas hacia la política de seguridad de Scioli. Fue un amor de verano. O de otoño-invierno.

El kirchnerismo se espanta de Insaurralde pero nunca mostró resistencia a los dobles mandatos. Todo lo contrario. En 2009, su boleta bonaerense llevó como candidatos a Scioli y Massa. El primero cursaba su segundo año como gobernador de la Provincia y el segundo era jefe de Gabinete de la Nación. En esa nómina también estaban Néstor Kirchner, Nacha Guevara -renunció antes de asumir- y Kunkel, el mentor del proyecto.

Incluso en el Gabinete hay ministros con multiplicidad de cargos. Juan Manzur fue elegido como diputado nacional el año pasado. Prometió que iba a renunciar al Ministerio de Salud, pero nunca lo hizo. Ahora hay rumores que indican que finalmente se irá a Tucumán para empezar a trabajar en el armado del 2015. La versión agitó una interna feroz en el edificio de la calle Lima por una eventual sucesión.

Jorge Capitanich es otro funcionario con doble función. En 2011 lo eligieron como gobernador de Chaco, repitió en varias entrevistas que nunca dejaría el cargo para irse al Gobierno pero no pudo sostener su promesa cuando Cristina Kirchner lo llamó para la Jefatura de Gabinete. En sus conferencias diarias coquetea con volver a su provincia en 2015.

Sergio Berni es secretario de Seguridad de la Nación pero antes fue elegido como senador bonaerense. Durante el debate por las policías locales analizó la posibilidad de renunciar transitoriamente para volver a su banca y torcer la votación a favor del sciolismo. Finalmente no sucedió y el proyecto salió por decreto.

Historias similares se repiten en la mayoría de los distritos y con protagonistas de distintos partidos políticos. La multiplicidad de cargos no es una adicción exclusiva del oficialismo.

Que existan dirigentes con varios cargos vigentes implica otro aspecto más controvertido que es el incumplimiento de mandato. Para tener dos cargos, sí o sí hay que dejar uno en suspenso. El compromiso asumido importa poco a la hora de cambiar de despacho.

También hay políticos que se acostumbraron a postularse a lo que sea cada dos años con el objetivo de “posicionarse”. Quieren que su nombre no se escape de la tapa de los diarios. No les interesa asumir ni les tiembla el pulso para renunciar cuando les llega la posibilidad de ir por un premio mejor. Basta con leer cualquiera de las encuestas que se publicaron los últimos días para encontrar a varios legisladores que asumieron en diciembre como presidenciables.

No hay ley en el mundo que prohíba la renuncia a un cargo público. Es ridículo plantearlo en esos términos. Pero es innegable que cuando un dirigente se somete al sufragio popular  asume un compromiso con los votantes propios e incluso con los de los partidos rivales. No hay un impedimento legal para cambiar todos los años de sillón, pero sí moral.

Sería sano entonces que el proyecto que analiza el Congreso impidiera también que un dirigente electo pueda volver a postularse durante el lapso para el cual fue votado, cualquiera fuesen estos los cargos en cuestión y sin importar si hubo renuncia en el medio. No interesa si la figurita de turno se peleó con sus compañeros de banca, mide bien en otro distrito o se quedó “sin fuerzas” a los dos días de haber asumido. La ley no sabe de excusas. Y al fin y al cabo no es tan grave: nadie les está pidiendo que hablen en las sesiones. Al menos por ahora.