El agujero negro económico que amenaza al próximo Presidente

Carlos Arbia

Los agujeros negros son fenómenos cósmicos que se originan cuando una estrella de cierto tamaño colapsa. El resto de su materia queda limitada a una pequeña zona, que luego da paso a un inmenso campo gravitacional. “Si caes en un agujero negro, no te rindas”, dijo Stephen Hawking, quien agregó que si el hoyo fuese lo suficiente grande y estuviese rotando, podría tener un pasaje a un universo alternativo, y que hay una salida.

Pues bien, la economía argentina muestra una especie de agujero negro del que ninguno de los asesores económicos de los candidatos habla y que no han mencionado nunca Mauricio Macri ni Daniel Scioli cuando abordan el tema económico, pero hay una salida. Ese agujero negro económico tiene nombre y se denomina money overhang. En realidad, se trata del dinero sobrante que hay en la economía argentina, que, por la cantidad de trabas existentes, restricciones para comprar dólares, envío de utilidades al exterior, pagos de importaciones, no se ha podido transformar en dólares, pero que podría ocurrir si el próximo Gobierno decide levantar el cepo cambiario sin primero eliminar ese sobrante de liquidez que en la actualidad se calcula en unos doscientos mil millones de pesos.

La novedad es que en el escritorio de uno de los asesores de Mauricio Macri está para ser analizado el trabajo que explica cómo sacar esos pesos del mercado financiero sin que se produzca una corrida cambiaria luego de abrir el cepo. El trabajo fue realizado por el economista Javier Milei, que fue el primero en advertir sobre este tema del sobrante de pesos en la economía.

Y en este aspecto hay que hacer una salvedad importante que algunos economistas no advierten. La estabilización del 2002 se pudo hacerse porque en la economía faltaban pesos y, luego de la devaluación, sobraban dólares, mientras que ahora sobran pesos y faltan dólares. Los puntos más importantes de la propuesta para sacar el sobrante de pesos en el mercado son:

 

1) Se debería colocar un bono donde se pagan intereses anuales y capital al final (eso bajaría el monto de la garantía contingente) en dólares, con un cupón que podría ser del 4% anual.

 

2) El bono tendría una garantía contingente de un organismo multilateral, esto es, si Argentina no paga, paga el multilateral. Luego, este le cobra al país (algo que se ha cumplido siempre).

 

3) El instrumento anterior hace que el acreedor vea el riesgo multilateral, lo cual implica un título de rating AAA y cuya tasa debería oscilar entre uno y dos por ciento.

 

4) En función de lo anterior, el bono tendría una demanda enorme (riesgo AAA y tasa del 4% es un excelente negocio).

 

5) Dicho bono se suscribiría localmente ofreciendo pesos por cada dólar del bono, de modo tal que cada suscriptor tenga su propio bono (aun si fuera un único instrumento), donde, dada la brecha y la tasa del bono, su cantidad de pesos ofrecida refleje sus preferencias en términos de riesgos.

 

6) Teniendo en cuenta la estructura detallada en el primer y el cuarto punto, el que no quisiera tener el bono se haría de los dólares de modo inmediato y el destino de dichos fondos quedaría librado a su voluntad.

 

7) Dada la estructura del bono, sólo consume crédito público por el valor de la opción de venta (put option), lo que difícilmente supere al monto de dos cupones.

 

8) Este tipo de instrumento es muy frecuente en organismos como el Banco Mundial, y en Chile se usa mucho para garantizar ingresos mínimos (IMG) que cubran costos operativos y carga financiera tal que se evite un episodio de default.

 

Al mismo tiempo, si el bono resultara un éxito, la tasa de interés en dólares de Argentina caería a niveles del 2% y la economía tomaría velocidad hasta crecer al 9% (apertura del cepo sin crisis aporta el 50% del efecto), lo que pondría casi en caja el desequilibrio fiscal.

La importancia de la medida en cuestión radica en que, sin levantarse el cepo, sería imposible que la economía volviera a crecer. Esto es, el cepo equivale a fijar el precio de la moneda extranjera debajo del equilibrio, lo cual no sólo arroja un exceso de demanda en dicho mercado, sino que su contrapartida es un exceso de oferta en el resto del sistema. Así, en el mercado de bonos se deprimen los precios y con ello suben las tasas de interés. En el mercado de dinero, incluso con un aumento artificial de la demanda por no poder drenar el sobrante de pesos contra reservas, las necesidades de financiamiento del fisco generan un exceso de oferta que deriva en una tasa de inflación elevada.

Por otra parte, en el mercado de bienes se retrae el nivel de actividad económica por habitante, cuya consecuencia en el mercado de trabajo es la destrucción del empleo privado, la caída en el salario real y el deterioro de las condiciones laborales. En este sentido, de levantarse el cepo, el tipo de cambio buscaría su equilibrio, eliminaría el exceso de demanda y con ello se cerrarían los excesos de oferta del resto de la economía, por lo que bajaría la tasa de interés, habría menor presión sobre los precios, aumentaría el PIB y con ello mejoraría el empleo y el salario real.

La economía argentina, acorde con la función de demanda de dinero que estima el trabajo de Milei, muestra un sobrante de pesos en torno al 3,7% del PIB (200 mil millones de pesos). Si a eso se le suma que los 26.700 millones de dólares de reservas informadas por el Banco Central se reducen a cerca de cinco mil millones de dólares cuando se depuran los encajes de los bancos y las distintas deudas que se han contraído para maquillar al relato monetario, debería resultar claro que, de producirse una brusca caída en la demanda de dinero, una crisis cambiaria sería inexorable. En este aspecto, la evidencia empírica entre 1955 y este año es contundente.

Esta situación de exceso de pesos en la economía ha tenido lugar en dos oportunidades. El primer caso se observa entre los años 1957 y 1958, cuando el exceso de cerca de cuatro puntos del PIB concluyó en un estallido inflacionario del 113,7% en el año 1959. En segundo lugar, tenemos el Rodrigazo: con un excedente similar durante los años 1973 y 1974, en 1975 la inflación escaló a niveles del 182,8% y a 440% durante 1976. Por lo tanto, si bien levantar el cepo es una medida correcta, la forma en que se instrumente no es trivial, ya que si bien nos podría llevar a una situación de auge, mal implementada nos hundiría en una megacrisis, no sólo económica, sino también social y política.